Niega el dueño de Kosiuko que explote a indocumentados
Federico Bonomi rechaza acusaciones
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"Temo que si sigue esta cacería de brujas en la industria de la moda van a lograr que desaparezca la confección nacional que logramos recuperar y el sector empiece a importar otra vez todo de China. Las autoridades no se dan cuenta hacia dónde nos llevan", reflexiona Federico Bonomi, dueño de la firma Kowsef SA, responsable de la marca Kosiuko, que fue acusada en los últimos días por el gobierno porteño de declarar información falsa sobre el funcionamiento de sus talleres.
Concretamente, el Ministerio de la Producción porteño había informado sobre talleres declarados por el propio Bonomi que no existen. Y otros en los que se trabaja en condiciones muy precarias.
Bonomi esperó varios días antes de aclarar algunas situaciones que -dijo- dejan en evidencia la poca seriedad de las sospechas vertidas. "Yo estoy a disposición del gobierno para aclarar las cosas y diseñar juntos estrategias contra el trabajo esclavo. No me quiero poner en la situación de víctima, pero tampoco soy victimario: no exploto a bolivianos indocumentados."
Bonomi recuerda que él nunca fue inspeccionado por el gobierno de la ciudad, sino por el Ministerio de Trabajo de la Nación. "En abril de este año, Trabajo nos intimó a informar la procedencia de la mano de obra de una serie de prendas: jeans, camperas, camisas, blusas, blazers, pantalones, sweaters, musculosas, vestidos, carteras, botas, etcétera. En mayo entregamos el listado de proveedores perfectamente identificados con nombre, domicilio y CUIT, junto con las correspondientes facturas de compra."
Eran 26 firmas, de las cuales -según surge de la documentación exhibida- 10 tienen domicilio fuera de la Capital. "Desde entonces, no tuve más noticias, hasta que, de repente, veo un escrache y placas rojas en la televisión por allanamientos en mis talleres. Yo no tengo talleres, sólo una planta. Encima, van con una cámara a Lavalle al 900, una de las fábricas supuestamente declaradas por mí, y dicen que allí no funciona un taller, sino una librería. Lógico: el proveedor que tengo en Lavalle al 900, ¡es en Rosario! Es una desprolijidad."
Según el empresario, "lo único" que constató el gobierno porteño fueron cuatro irregularidades en la inscripción de igual número de empleados, tras inspeccionar 16 talleres. Y se pone a disposición de las autoridades: "Si quieren armo una mesa con las marcas dominantes del mercado para realizar políticas de control y seguimiento de la cadena de producción. Pero debemos combatir el verdadero flagelo que existe, que es la falsificación. Esa gente sí trabaja en la marginalidad".
Por último, Bonomi redobla la apuesta: "Kosiuko es una marca que lleva 14 años trabajando en el país. Tenemos 20 locales propios, más de 200 puntos de venta y exportamos a más de 30 países. Siempre apostamos a lo nacional, y lo acabamos de ratificar con la adquisición de Flecha".
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