
Ninguno de los custodios reconoció a los acusados
Los vigiladores pusieron un manto de sospecha sobre la investigación policial
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Las declaraciones de los cinco custodios del camión blindado de Tab Torres, cuyo frustrado asalto se adjudicó a la banda encabezada por Luis "El Gordo" Valor pusieron al descubierto una cadena de irregularidades cometidas por los policías que repelieron el ataque contra el transporte de caudales, ocurrido el 19 de septiembre de 1994, en la localidad de La Reja.
Ayer, durante la tercera audiencia del juicio oral y público que se sigue en los Tribunales de San Martín contra Valor y sus siete cómplices, a raíz de la muerte del sargento Claudio Calabrese, asesinado durante el enfrentamiento con los policías vestidos de civil que seguían el blindado a bordo de un colectivo particular, ninguno de los cinco vigiladores logró reconocer a los ocho imputados.
Los custodios Horacio Acosta, Ceferino Aguirre, Carlos Gómez, Carlos Carbajal y Oscar Flores no pudieron identificar a ninguno de los miembros de la superbanda de Valor como alguno de los delincuentes que disparó indiscriminadamente contra el blindado y contra la cupé Torino blanca que lo seguía de cerca.
Además, los vigiladores echaron un manto de sospecha sobre la investigación policial encarada por los efectivos de la Brigada de Investigaciones de La Matanza, que comandaba el comisario mayor retirado Mario Rodríguez, cuando no reconocieron sus firmas al pie de las actas realizadas durante las ruedas de detenidos, donde fueron identificados los acusados.
Ahora, el tribunal integrado por los camaristas María Susana Petriz, Martín Moreno y Juan Alberto Iacaruso, tendrá la última palabra sobre cuál de las pruebas -los reconocimientos que se realizaron en la instrucción con vicios de nulidad o los testimonios de ayer- serán tomadas como válidas al dictar sentencia.
El primer testigo del día, Acosta, se levantó de su silla, se cruzó con las miradas fijas e irónicas de Valor, de Hugo Sosa Aguirre, alias Cacho La Garza y de los otros seis acusados y, tras tres minutos de un tenso silencio, no reconoció a ninguno.
El defensor de Sosa, Ernesto Vissio, insistió en acusar a la policía del tiroteo ocurrido en la avenida Gaona, a la altura de la localidad de La Reja.
"Ninguno de los custodios de la empresa privada demostró estar en condiciones de identificar a los imputados y los reconocimientos previos fueron armados por la Brigada de Investigaciones de La Matanza", señaló Roberto Babington codefensor de Valor.
Ninguno de los cinco custodios supo que durante 40 días un colectivo particular en el que viajaban efectivos de la policía bonaerense siguió a los blindados, para prevenir un posible asalto que había sido alertado a través de una llamada anónima, como anteayer dijo Rodríguez.
Con las preguntas formuladas a los vigiladores, el fiscal Luis Chichizola pareció desconfiar de la investigación realizada por los hombres al mando del comisario Rodríguez.
Los defensores de Valor no pudieron refutar las declaraciones de los policías que participaron de su detención, quien aseguró que Rodríguez simuló un procedimiento cerca de la sede de la Universidad de Morón para capturarlo, cuando en realidad se entregó en jurisdicción de la Policía Federal, a cambio de que dejaran en libertad a su mujer.
Hasta el momento, los reconocimientos de los policías que participaron del tiroteo, a quienes comprenderían las generales de la ley debido que eran amigos del sargento asesinado, constituyen las únicas pruebas que incriminan a los acusados.
Ninguno de los testigos civiles que en ese momento circulaban por Gaona ni los custodios, los identificaron en el lugar del hecho.
El otro punto oscuro de la causa radica en el arma homicida, una pistola calibre 9 mm que estaba en poder de uno de los delincuentes muertos.



