
Noche de Brujas con acento porteño
Se trata de una celebración druida que aquí tiene una finalidad más comercial que conmemorativa.
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"¿Por qué a ese señor le sale sangre por la boca?", preguntó el nene a su hermano mayor, señalando al protagonista del afiche publicitario de una cadena de fastfood .
"Por Halloween", respondió el mayor. Y cerró la conversación llevándose a la boca un puñado de papas fritas embadurnadas con ketchup.
Calabazas sonrientes. Películas de terror. Telarañas de tanza y algodón. Guirnaldas de calaveras... La globalización quiso que Halloween abriera una sucursal en la Argentina.
Se trata de un rito de humor macabro que lleva el exitoso sello del marketing norteamericano. Aunque, en realidad, es una tradición de origen celta.
En nuestro país, la Noche de Brujas se comenzó a festejar hace cuatro años y se resuelve con calabazas, telarañas y ojeras maquilladas.
Brujas hermosas
Anoche fue Noche de Brujas y la mayoría de los bares irlandeses de la ciudad se empolvó con telarañas, mientras las mozas paseaban sus ojeras, sombreros y túnicas oscuras. No se parecían en nada a las brujas que imaginaron el cine y la literatura, siempre desgreñadas y con pelos en los lunares. Jugaban a ser hermosamente feas.
En los cines, los mostradores donde se vende pochoclo y gaseosas también ofrecían sets de maquillaje alusivo: sombras negras o violeta y colmillos de plástico.
Los empleados cortaban las entradas escoltados por esqueletos y arañas de plástico, como en un tren fantasma. Y la industria cinematográfica también aportó lo suyo con dos películas muy oportunas: "Scary Movie" y "Revelaciones" (de terror la primera y de suspenso la segunda).
Los negocios de cotillón, sin mayores cuestionamientos sobre el origen de la celebración, se preocuparon por adornar sus vidrieras con escobas, vinchas con apliques de calabazas, títeres con cuernos rojos, guirnaldas y sombreros de brujas.
Patricio Rodríguez, de Cotillón Paz, dijo que a pesar de la crisis no quedó un solo disfraz de bruja en las estanterías de su negocio de la calle Lavalle.
"Vinieron muchos hombres a comprar los clásicos sombreros y las capas de bruja. Yo creo que no hay ningún marido que desaproveche la oportunidad para llevárselo a su mujer", dijo.
Los programas femeninos de radio y TV también adhirieron al famoso Halloween, con recetas de calabazas gratinadas, calabazas a la parrilla o tiernizadas en leche.
En algunos countries del conurbano, los chicos salieron a tocar timbres reclamando sus dulces, como en América del Norte. En la ciudad, no.
Halloween también se empezó a festejar el fin de semana último, con el Fest Celt 2000, un recital en el teatro Gran Rex y con un encuentro de agrupaciones locales de música celta en el Auditorio de Belgrano.
Y será la excusa para los festejos de l próximo fin de semana, en el que los cumpleaños tendrán un motivo para convertirse en fiestas de disfraces.
La versión local
Halloween se ofició anoche en versión porteña. Que no consiste en otra cosa que cortejar a las brujas en los templos modernos, que son los boliches o los bares que están de moda.
En The Kilkenny, un bar irlandés en Marcelo T. de Alvear y Reconquista, algunos habitués aprovecharon el festejo para esconder sus pudores detrás de caretas.
Las mozas del bar, más parecidas a top models que a la bruja del cuento de Hansel y Gretel, cometían la única maldad de tentar a los clientes con una lista de tragos especialmente preparada para la ocasión.
Bloody Mary, Zombie, Scorpion, Blood Shot, 666 y Killer Koolaid, eran algunas de las pócimas que preparaban las brujas anoche.
Dicen que sólo es posible espantarlas si se ahuecan calabazas, se les tallan ojos, nariz y boca y se las ilumina por dentro, con una vela. Será cuestión de hacer la prueba.





