
Odisea de un velerista en el océano Artico
Navegante solitario: un médico platense zarpó de La Plata en una pequeña embarcación y logró anclar en el techo del mundo.
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USHUAIA.- Un médico clínico que había zarpado de La Plata en febrero de 1991 en un pequeño velero navegó en soledad durante nueve años por el océano Atlántico y estableció un nuevo récord al llegar al punto más alto del Artico en su pequeña embarcación.
Gerónimo Saint Martin, con un velero HP20 de 6 metros de eslora por 2 de manga -lo que un Fiat 600 puede ser a los automóviles-, dijo que su derrotero fue considerado por el "Guinness Book" de los récords.
De todas maneras, él no se conformó con amarrar en la ciudad más nórdica del mundo, Longyearbyen, en Noruega, sino que se le ocurrió enlazarla con la más austral, Ushuaia, donde tiene previsto entregar a la Escuela Nº 1 Domingo Sarmiento 25 dibujos hechos por escolares noruegos.
Sin proponérselo, este intrépido navegante de 47 años vivió la era menemista en altamar, y aunque se mantuvo informado sobre el país por medio de radio en onda corta y leyendo los diarios a través de Internet, admitió que no reconoce al país. "Cambió mucho", dijo.
Después de haber sido socorrido por un buque factoría ruso lejos de todo, entre Islandia y Noruega, de tocar con una mano la calota polar ártica y de convivir con caribeños, colonos franceses en América, celtas, escandinavos, españoles y brasileños, la vida de Saint Martin dio un vuelco en el que el ejercicio de la medicina parece haber quedado atrás. "Tengo muchos proyectos nuevos", dijo.
"Vagabundear por el mar"
Todo empezó casi por casualidad. Cuando zarpó, lo hizo sólo con la intención inicial de descansar unos meses en Florianópolis. Pronto empezó la aventura.
Su barco, La India, bordeó la costa brasileña con escalas en Porto Belo, Recife y Natal hasta llegar a la Guyana Francesa, donde permaneció seis meses, y luego recaló en la isla caribeña de Martinica. Allí nació el proyecto de conquistar el ártico en lugar de "vagabundear por el mar".
"En realidad, quería ir a Terranova, pero luego cambié de idea y tras estudiar las condiciones de navegabilidad, enfilé a la isla Spitsbergen", contó Saint Martin a La Nación .
¿Cómo se mantuvo? En Martinica trabajó para una compañía naviera hasta que reunió el dinero con el que acondicionó su velero.
Con La India en condiciones, Saint Martin cruzó el Atlántico en 16 días. Llegó a Islandia con principio de congelamiento, que tardó un mes en superar.
"Tuve suerte. Varias veces, en medio de una tormenta, me pregunté qué estaba haciendo. Pero no me arrepiento de nada. En el mar, hasta te olvidás de la necesidad de pisar tierra", dijo Saint Martin.
Un beduino en la Antártida
El marino se entusiasma cuando habla de su aventura. Contó que el acceso a Spitsbergen está habilitado sólo dos meses al año. Fuera de temporada, los hielos avanzan 200 millas al sur de la isla rodeándola y dejando aislados a los 2500 habitantes de Longyearbyen.
El cruce de Islandia al pueblo más nórdico del globo fue por etapas, y Saint Martin las evoca todas con una sonrisa. Su barco, reparado y en condiciones, navegó hasta amarrar en el puerto de Bodo, en Noruega, donde el marino trabajó para mantenerse. Una vez más hizo de todo: enseñó idiomas, procesó pescados, escribió notas en revistas, instaló sistemas de aire en edificios, atendió un bar y vendió globos en el día patrio para reparar el barco.
El récordman argentino llegó a Longyearbyen en pleno verano, recorrió el archipiélago y emprendió el regreso tocando Francia, España, Portugal, Islas Canarias, Brasil, Uruguay y la Argentina.
Fotos y filmaciones le servirán para hacer un documental del viaje que lo mantuvo lejos del país durante una década. Y una última confesión de Saint Martin: "Lo que más extrañé fue el dulce de leche".





