Odisea para sobrevivir en la nieve
Para salvar su vida caminó 38 kilómetros hundido hasta la cintura, luego de estar casi un mes aislado
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COMODORO RIVADAVIA.- En Río Pico, una pequeña localidad situada en la cordillera chubutense, a Segundo Sáez -de ocupación leñador- todos lo conocen como El Loco. A los 44 años y en medio de un temporal de nieve que cuenta con pocos antecedentes en la región patagónica, Sáez desafió a la naturaleza y en una muestra de fortaleza sobrehumana, logró volver a su casa luego de caminar 38 kilómetros con la nieve hasta la cintura y de permanecer aislado durante casi un mes, en un puesto situado en pleno bosque, a cinco kilómetros del lago Vintter.
El regreso del hombre oriundo de un paraje chileno llamado Palena conmocionó a Río Pico, donde por estas horas cuentan la hazaña del sujeto que desafió al frío y a la muerte.
Había una vez...
Un sol radiante y el cielo despejado del 8 de julio último engañaron a Segundo Sáez, que decidió abandonar el pueblo y partir en el tractor de un amigo rumbo al lago Vintter, en dirección hacia la Cordillera.
Ese día, las cuestiones económicas fueron más fuertes que los pronósticos de temporal. "Me dijeron que no me largara a trabajar al lago porque se venía una tormenta. Pero yo necesitaba juntar un poco de leña para vender en Pico y en otros lugares de la zona. Un amigo se ofreció a llevarme hasta el Vintter en un tractor y decidí partir. ¿Sabe qué pasa? Que si no trabajo, no cobro", le dijo Sáez a LA NACION.
El tractor volvió al pueblo y Sáez se quedó en un puesto en el Vintter con su motosierra, algunas provisiones de alimentos, unas botas de goma, dos jeans para frenar el frío, una camisa, una remera y una campera.
Acumuló leña hasta que, tres días después de su llegada, las primeras nevadas confirmaron los pronósticos.
Infierno blanco
"Para el 19 de julio, el campamento estaba totalmente cubierto de nieve. Pero me quedé tranquilo porque pensé que alguien pasaría a buscarme para devolverme al pueblo", relató el leñador.
Una pequeña radio a pila fue la única compañía del hombre que, por entonces, mantenía una reserva de fideos, carne, papa y cebolla que le aseguraba la supervivencia por unos cuantos días.
"Escuchaba en las noticias que la provincia estaba en emergencia y que había aviones sobrevolando las diferentes zonas. Por eso, todos los días sacaba por la ventana de la casucha mi mantita roja y celeste, para que me vieran y me rescataran", dijo.
Cansado de esperar y con sólo una reserva mínima de alimentos, Sáez decidió caminar 5 kilómetros hasta llegar al lago y "pedirle a un puestero de apellido Peña un poco de comida. Eso fue el 30 de julio y me encontré con que él también estaba aislado. Me dio un poco de comida y me volví a mi campamento, en donde tenía la leña", relató.
Dos kilos de espinazo y un kilo de harina le alcanzaron para dos días más, pero ya había comenzado agosto y llevaba casi un mes en el lugar.
El 4 del actual, bajo un cielo nublado que no mostraba aviones ni equipos de rescate, Sáez decidió iniciar el camino de casi 40 kilómetros que lo llevaría de regreso hasta Río Pico.
"Me puse el despertador a las 4 de la mañana, pero no pude salir porque no se veía nada. Apenas cerca de las 8 pude empezar a caminar, aprovechando que la nieve estaba helada y que no me hundía tanto", relató. Sin embargo, el viento y la nieve complicaron la marcha del leñador, que trataba de seguir el camino a su casa, utilizando como referencia la línea de alambre de púa al costado de la ruta.
"Nunca fui muy creyente. Ni siquiera sé rezar. Pero creí que me iba a morir en el medio del viento blanco. Les pedí a Dios y a todos los santos que me salvaran. Seguí con la nieve, me enterraba hasta la cintura, pero logré llegar hasta el denominado lote 20, un lugar situado a mitad de camino, donde hay una virgencita", contó.
Veinte centavos
Sáez relató: "Metí las manos en el vaquero empapado y encontré 20 centavos en moneditas. Se las tiré desde lejos y le pedí que me salvara. Me arrodillé ahí y le pedí que me diera una esperanza". Luego siguió caminando, para parar en un improvisado refugio sin techo, al costado del camino.
Allí hizo fuego con algo de madera, que encendió con la nafta que llevaba de reserva en un pequeño frasquito para asegurarse una combustión rápida.
Caminó 17 horas seguidas con nieve que superaba el metro y medio en algunos tramos. Con la guía de los alambrados, logró unir los 38 kilómetros que separan el puesto del lago Vintter con Río Pico.
"Me encontró uno de los muchachos de la comisaría que estaba paseando con la esposa en la camioneta. "¡Te tiraste caminando, loco! Acá muchos te daban por muerto", fue una de las primeras cosas que me dijo. Y me llevó a mi casa", comentó.
Sáez, un hombre soltero y sin hijos, festejó el domingo sus 44 años. Compartió el día con sus hermanos. "Y los que se acercaron para saludarme y verme vivo. A todos les digo que me salvó la fe. Por eso no me morí congelado en el campamento", contó el leñador. Y se sonrió.





