Oficinas de día, bares de noche
Una decena de pubs, discotecas y restaurantes de moda abrió el año último en la zona de Retiro.
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Los bares, restaurantes y pubs que se concentran en unas pocas cuadras del barrio de Retiro, camuflados de día entre los bancos y las torres de oficinas, se convirtieron en un imán que atrae multitudes desde el atardecer hasta la madrugada.
La zona se ha convertido en uno de los nuevos polos de diversión joven en la ciudad. Durante el último año se abrió al menos una decena de locales en el área comprendida entre Córdoba, Marcelo T. de Alvear, Reconquista y San Martín.
Famosas durante las primeras décadas del siglo por sus burdeles y bares sórdidos, esas calles habían pasado décadas alejadas de la vida nocturna: hoy fueron recuperadas, pero con otro perfil.
Oficinistas que salen de trabajar, bohemios, extranjeros, amantes de la música electrónica y de los buenos tragos se cruzan en las barras y mesas de los salones del "nuevo Retiro".
Uno de los más recientes es The Kilkenny, que abrió sus puertas en noviembre último. Situado en Marcelo T. de Alvear al 400, fue concebido como una fiel reproducción del pub homónimo que funcionó en Irlanda a principios de siglo.
Los fines de semana, el lugar se llena. Los dueños calculan que en una noche de viernes o de sábado la cantidad de clientes puede llegar a 700, y como no hay suficiente lugar adentro la gente se agrupa en la vereda y hasta en la calzada.
En su amplia barra circular se sirven 19 tipos de cervezas (un porrón cuesta entre 4 y 9 pesos) y 68 de whiskies (la medida oscila entre los 5 y los 40 pesos).
Más o menos la misma variedad que ofrece Druid In, un rincón celta donde se puede cenar al son de las gaitas.
En San Martín 979, Downtown Mathias también hace honor a la moda anglosajona. Paredes tapizadas con papel escocés, mucha madera, jazz y blues que suenan hasta el amanecer y mozos vestidos con kilts entre juegos electrónicos y blancos de dardos, en el subsuelo.
"Se fue generando un circuito que le dio vida a una zona que antes moría a las seis de la tarde", señaló Sebastián Giménez Melo, uno de los socios de La Cigale, bar ambientado al estilo francés, inaugurado hace pocos meses, en 25 de Mayo 722.
Uno de los flamantes locales de la zona es Dünn, bar temático especializado en música electrónica, situado enSan Martín 986.
"Abrimos aquí porque es una región de la ciudad que está en pleno movimiento", indicó Ignacio Ricci, uno de los dueños de Dünn, que desde mayo último se distingue por su decoración futurista y sus cócteles exóticos, como la gelatina con vodka que se come con cucharita y cuesta tres pesos.
Con el auge de los bares y restaurantes se beneficiaron los quioscos y estacionamientos, cuyos dueños aseguran que las ventas van en aumento.
Jornada completa
Algunos de los recintos combinan los tragos con variados menús que se pueden degustar más allá de la hora de la cena.
"Nos caracterizamos por ofrecer platos elaborados para un público joven. Acá hay mucha gente que prefiere comer en la barra", explicó Francisco Méndez Casariego, gerente del restaurante Dada, que parece decorado por el mismísimo Almodóvar.
Allí al lado, en San Martín 975, Filo se perfila como un clásico. Inaugurado hace cinco años, ganó fama por la pizza y las pastas de la casa, servidas al ritmo de la música seleccionada por el disc jockey. Españoles, italianos y norteamericanos frecuentan el colorido local por las noches. Al mediodía lo hace la gente de negocios, con escaso tiempo para echar un vistazo a la galería de arte que funciona en el lugar.
Las comidas étnicas tienen su espacio en Morizono, el restaurante japonés de Paraguay 390, o Lotus, que transporta al comensal a las exóticas tierras tailandesas.
Los primeros
No todos los locales del nuevo Retiro son recientes. El pionero fue Barbaro, que se instaló en la zona hace tres décadas. Hoy está en Tres Sargentos 415.
Claudio Fernández, uno de los dueños, recordó: "Pablo Neruda venía por las tardes y se sentaba en la mesa próxima al reloj. Se dejaba la gorra vasca puesta, pedía un té con leche y dos paquetes de baybiscuits y al rato se iba. Otro que venía todas las tardes era Jorge Luis Borges, con su secretaria. Hacían traducciones".
Todo el mobiliario huele a historia: la puerta del local perteneció a la penitenciaría que funcionaba en Las Heras y Coronel Díaz, la boiserie formaba parte de la biblioteca del presidente Roca y los muebles del mostrador y de la vajilla eran de la tradicional confitería Copper Kettel, donde las señoras tomaban té con masas mientras disfrutaban de las piezas de la orquesta. "Los platos se fueron rompiendo", lamentó Fernández.
Seddon, en 25 de Mayo 774, es otro clásico: está desde hace 20 años. "En el local funcionaba una librería y una tabaquería. Con mi ex mujer y mi hijo ambientamos el local con muebles de nuestro anticuario. Hicimos todo a pulmón", relató John Seddon, el dueño, antes de levantarse de la mesa e improvisar unos pasos de tango con la camarera.
La especialidad es el pollo al verdeo, que acompañado con vino de la casa cuesta 13 pesos. Por allí pasaron, entre otros músicos, los irlandeses de U2, Miguel Abuelo, Charly García y León Gieco.
Conviven lo viejo y lo moderno. Los dueños de los locales coinciden en que el auge de la zona consiste en que la gente encuentra opciones diferentes para pasar de un bar a otro. Y la expansión continúa: ya existen al menos dos proyectos aprobados para abrir en los próximos meses.
Toque timbre
El clásico dicho "vi luz y subí" se cumple en Qubic, situado en Viamonte 845, 4º piso. Sus dueños lo califican como un "centro de energía" para combatir la depresión del domingo por la tarde.
Natalie, la recepcionista, recibe a los invitados vestida de plateado (maquillaje incluido). En Qubic se pueden comer panqueques y comida china, bailar en una pista completamente blanca e iluminada con lamparitas violetas y hasta meterse en una pileta.
El lugar se inauguró hace un año, y durante la semana funciona allí un gimnasio.
Qubic abre los domingos, de 18 a 24. Durante el mes de agosto permanecerá cerrado y a partir de septiembre abrirá los sábados, de 20 a 2, y los domingos, en su horario habitual. La entrada cuesta ocho pesos.



