Omnibus sobre rieles, una idea para evitar que desaparezcan pueblos
El “coletrén” andaría sobre vías en desuso
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La historia argentina le asigna al ferrocarril buena parte de la responsabilidad por la fundación de pueblos. Durante décadas, el tren generó urbanizaciones: en cada viaje, allí se abastecía y desde allí nacía la comunicación y el comercio entre distintas localidades. Pero la decisión de reducir el cuantioso déficit de los ferrocarriles derivó en el cierre de ramales enteros. Así, las estaciones pueblerinas quedaron abandonadas y miles de poblaciones quedaron virtualmente aisladas. Sin vías de comunicación alternativas, cientos de pueblos empezaron a desaparecer. A morir.
Ahora, varias de las 423 localidades que, según un estudio de la Asociación Responde, estaban en vías de extinción, pretenden renacer. Y uno de los instrumentos que encontraron es el "coletrén" o "ferrobús". O sea: un colectivo de los viejos al que se le reestructuran los ejes y se le agregan ruedas para poder circular sobre las vías del tren que ya no se usan.
El proyecto fue ideado por los ingenieros Guillermo Puccini, Juan Carlos Iazzetta y Mario Fliguer. Ellos se comunicaron con la geógrafa Marcela Benítez, fundadora y presidenta de la Asociación Responde, y juntos llevaron la idea a varios pueblos y al gobierno nacional.
Responde es una asociación sin fines de lucro cuya sigla significa Recuperación Social de Poblados Nacionales que Desaparecen. Como su nombre lo indica, busca salvar de la desaparición a las localidades rurales en riesgo. En algunos casos, con proyectos turísticos, como uno rural que idearon para Irazusta, en Entre Ríos, donde los primeros datos indican que lograron detener el éxodo.
En esta oportunidad, de acuerdo con el cálculo de Benítez, el coletrén podría salvar de la desaparición a "por lo menos 200 pueblos que están ubicados a la vera del viejo ferrocarril".
Vale una aclaración: para que una localidad sea considerada al borde de la desaparición debe tener menos de 2000 habitantes y haber evidenciado, en las últimas estadísticas nacionales de población elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), un descenso claro de su población estable respecto de años anteriores.
Las vías en desuso
Según Hugo Vallone, asesor del subsecretario de Transporte Ferroviario de la Nación, Julio Montaña, la cantidad de kilómetros de vías en desuso involucra a casi un 40 por ciento de toda la red. En números: hay 9197 kilómetros de vías que actualmente no se utilizan, dentro de un sistema que cuenta con 23.036 kilómetros.
"Además, de las 1215 estaciones de trenes que existen en el país, más de 1000 están fuera de servicio. Y muchas de ellas, incluso, fueron usurpadas", agregó.
Esas "más de 1000 estaciones" a las que hizo referencia Vallone representan -con la excepción de los casos que corresponden a cascos urbanos- a cientos de pueblos que se quedaron sin conexión con el resto del país, salvo que alguna ruta los haya rescatado del olvido.
El costo de la máquina
Un coletrén cuesta, según Puccini, "alrededor de 20.000 pesos". Una mitad, para reacondicionar un colectivo destartalado. La otra, para dotar a la máquina de la estructura necesaria.
"Lleva las ruedas traseras grandes de los colectivos, que sirven para traccionar el aparato, y otras chiquitas, que se enganchan en las vías como lo hacen las ruedas del tren y sirven para guiar el colectivo", explicó uno de los creadores del proyecto.
Cuando Benítez les contó el proyecto al intendente de la ciudad bonaerense de Salto, Edgardo Burgos, y a Juan Carlos Boscoscuro, delegado municipal de Berdier, uno de los pueblos que integran el partido de Salto, la respuesta fue inmediata: "Es fantástica. Nos interesa".
En Berdier viven solamente 130 personas. Son menos que hace diez años, según Boscoscuro. Tienen un único teléfono, diez canales de televisión que toman de un cable de Salto y... miedo. Miedo de desaparecer del mapa.
"La gente se va a vivir a Salto porque acá no hay mucho para hacer. Antes pasaba el tren y podíamos comerciar con el resto el país, pero ahora no. No hay ni tren ni nada", explicó el delegado municipal.
Burgos, Boscoscuro y Benítez plantearon el proyecto en el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (Onabe). El Onabe es el que maneja el destino de los terrenos del ferrocarril, incluidas las vías.
Según la ley 24.146, el organismo puede ceder tanto los terrenos como las vías a municipios o provincias. También a asociaciones sin fines de lucro, cooperativas u organizaciones no gubernamentales (ONG).
La cuestión es que el tema quedó en estudio, de manera que, por ahora, el proyecto de darle un respiro a Berdier -y a decenas de pueblos moribundos más- se mantiene stand by.
La apuesta por el turismo
"Queremos armar un programa de turismo. Que la gente que vaya a Salto pueda tomarse el colectivo y venir a conocer Berdier. Pueden venir un día, dos días, para aprovechar el turismo de campo. Si avanzáramos, podríamos integrar a los pueblos del municipio y generar microemprendimientos que harían que la gente no emigre más", analizó Boscoscuro.
"Sí, esto detendría la emigración -ensayó Benítez-. Los chicos podrían ir al colegio a otros pueblos, los adultos podrían ir a trabajar. Además, se favorecería el turismo."
Está claro que cuesta encontrar empresas interesadas en pueblos con economía de subsistencia y mercado nulo. También, que suponer una reactivación ferroviaria en estas zonas parece una ilusión excesiva.
El coletrén es una idea. Un proyecto. Estudiarlo no parece una locura. Al menos, comparado con la desidia que supone dejar morir pueblos y no darles a sus habitantes una mínima esperanza de vida.
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