Oscuro y sucio, el hospital Rivadavia goza de poca salud
Cables expuestos y quirófanos cerrados; a fines de 2007 estaría en condiciones
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Con cara de resignación y en voz baja, la mujer le preguntó al fotógrafo: "¿Su cámara no puede registrar olores?". La respuesta sobraba. Sentada en el pasillo del servicio de Oncología del hospital Rivadavia, la mujer y todos los pacientes que la acompañaban debían soportar un penetrante olor a pis de gato.
El olfato no es el único sentido en problemas dentro del hospital. Los pasillos se encuentran casi a oscuras, en una penumbra que sólo logra entristecer más el lugar.
Y eso que se necesita buena iluminación para no caer en alguna de las "trampas" que el añejo edificio depara a las visitas: cajas de luz sin tapa, con los cables al aire, y carcasas de termotanque en desuso que se arrumban en los pasillos.
El Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia está situado en la avenida Las Heras al 2600, en Recoleta. Contrariamente a lo que podría pensarse, para transitar por el hospital hay que gozar de buena salud. Las escaleras merecen un cuidado especial: muchos escalones están rotos y la oscuridad hace que subirlos o bajarlos sea una tarea de riesgo.
Los pacientes alaban a los médicos, pero se quejan el estado del edificio. Y los doctores, a su vez, lamentan no poder darles un mejor servicio. "Hay unas esperas terribles porque sólo funcionan los dos quirófanos de ginecología y uno de obstetricia", protestó uno de los médicos, que se excusó de dar su nombre. Ante este panorama, operarse -de lo que sea- en el hospital Rivadavia resulta casi un parto.
Richard es uno de los cientos de pacientes que transitaron por esa bastante poco dulce espera. "Tardaron casi tres meses en operarme de los meniscos de la rodilla izquierda", contó. Aunque es de Glew, dice que se atiende desde siempre en el Rivadavia. "Les tengo fe a los médicos -aclaró-, aunque hay que soportar muchas cosas que no están bien."
Los turnos también tienen sus demoras. "Hay que esperar 20 días o un mes. Pero los médicos son buenos", dijo apenada Adriana, sentada en el pasillo de los consultorios externos.
"Salvaron al [Hospital] Francés mientras los hospitales municipales se caen a pedazos -se quejó un médico-. Con los diez millones que le dieron al Francés, ¿sabés todo lo que se hubiera hecho acá?"
Según el Ministerio de Salud porteño, "a fines de 2007 el hospital va a estar en condiciones más que saludables". Con diez obras en ejecución, más otras seis en licitación, confían en que estará como corresponde.
Voceros de ese ministerio informaron que este año se realizaron 5100 metros cuadrados de obra, con una inversión de 6.486.000 pesos. Para el año que viene hay proyectados 4200 metros de obra, con un presupuesto de 1.700.000 pesos. El arreglo de la cocina y las cornisas; la reparación del revoque de los consultorios externos y la creación de un espacio para residuos patogénicos están en ejecución.
Una breve recorrida por el hospital alcanza para comprobar las huellas del deterioro. Los techos de cirugía se caen o ya se cayeron. Detrás del área de oncología, una monumental montaña de basura apila partes de muebles y objetos en desuso. Las ventanas de la cocina, sin protección ni mosquiteros, dan a un patio donde abunda la basura. El mantenimiento depende de la empresa Ecolimp, según dijeron voceros del ministerio porteño.
Calamitoso
"El hospital está en un estado calamitoso", resumió el diputado de Frente Compromiso para el Cambio Roberto Destéfano. En mayo último, el legislador presentó en la Legislatura un pedido de informes para que el Ejecutivo diera respuesta a las irregularidades que encontró en el hospital.
"Había anomalías graves que pueden dividirse en tres grupos: no se podía operar porque sólo funcionaba uno de los 13 quirófanos; una antena de telefonía celular funcionaba en el patio y, en tercer lugar, el hospital está en un estado lamentable en materia de atención, de higiene hospitalaria, de seguridad edilicia y de prevención de accidentes", enumeró Destéfano.
El Ejecutivo no contestó a su pedido de informes, pero de la larga lista de problemas Destéfano reconoció que uno encontró respuesta: "La empresa Telecom retiró la antena".
"El Rivadavia no tiene un responsable técnico que se ocupe de las normas de seguridad e higiene. Hay cables expuestos por todos lados. Tampoco hay un sistema de evacuación ni cursos de capacitación para los empleados, y si se produce un incendio terminarían chocándose en los pasillos", agregó el diputado. Los matafuegos vencidos completan un panorama peligroso.
Destéfano redactó un proyecto para transformarlo en un hospital de adultos mayores. "Está mal gerenciado. Trabaja sólo hasta las 14; no dan turnos telefónicos ni por computadora", añadió el diputado.
Mientras el gobierno asegura que está enfrentando con obras un abandono de años, los gatos duermen sobre las camillas y la desidia se pasea sin prisa por los lúgubres pasillos.
Casi dos siglos de vida
- El hospital Rivadavia no siempre estuvo donde está. Creado en 1823, el Hospital General de Mujeres, predecesor del Rivadavia, funcionó en la manzana de Suipacha, Perón, Esmeralda y Rivadavia. En 1887, el hospital se trasladó a Recoleta y agregó a su nombre el de su laico patrono, Bernardino Rivadavia. Sólo en 1946 comenzaron a ingresar hombres. El enorme edificio que actualmente ocupa en la avenida Las Heras y Austria, construido en 1887, cuenta con varios pabellones que se comunican con jardines, estructura típica del estilo arquitectónico sanitario de aquella época.
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