
Otra vez toman rehenes para robar
Angustiante: tres ladrones retuvieron durante dos horas a varios moradores de un edificio, entre ellos, dos pequeñas niñas, y pudieron zafar ante la maniobra de una mucama que avisó a la policía; fue en Flores.
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Tres delincuentes retuvieron como rehenes, incluidas dos niñas de corta edad, a ocho moradores de un edificio de San Pedrito 238, en Flores, con el frustrado propósito de robar en los departamentos.
La angustia se prolongó durante dos horas hasta que una mucama, también retenida por los maleantes, pudo escabullirse y correr hasta un teléfono público desde el que alertó a la policía.
"La sacamos muy barata", dijo uno de los moradores luego de que los efectivos policiales detuvieran a los asaltantes que, para variar, habían recurrido a la conocida artimañana de usar al portero como escudo para sus propósito.
El resto de la historia resulta conocida ante la peligrosa repetición de episodios como éste. Los ladrones amenazaron al encargado y le exigieron las llaves de los departamentos.
Luego descendieron al garage donde atraparon a un propietario que se disponía a subir tranquilamente a su automóvil. Y con el portero, con el hombre asaltado y su esposa a cuestas se fueron a otro departamento, ocupado por un matrimonio, sus dos pequeñas hijas y una empleada doméstica.
Entusiasmados con la carga robada que depositaban en una valija, no advirtieron que la empleada doméstica se escapaba por la escalera en una veloz carrera para dar aviso a la policía.
"Ahora nosotros tenemos miedo", dijeron vecinos de Flores, temerosos ante la recurrente utilización de los encargados como llaves para robar en departamentos.
En octubre último, un portero de Belgrano fue asesinado por sus captores cuando resistió el robo.
Otra vez toman como rehén al portero para robar en un edificio
Los salvó una mucama: los ladrones ya habían atrapado a los ocupantes de dos departamentos cuando una doméstica pudo escabullirse y avisar por teléfono a la policía, que intervino a tiempo.
El insólito descuido en que incurrieron unos delincuentes permitió que fueran detenidos cuando se aprestaban a desvalijar departamentos de un edificio situado en San Pedrito 230, en el barrio porteño de Flores, para lo cual habían tomado como rehenes a varios de sus moradores.
Esta modalidad delictiva, que se ha reiterado últimamente con llamativa frecuencia, registró su episodio más grave el 16 de octubre último, cuando Eulogio Pavón, encargado de una torre del barrio de Belgrano, fue asesinado a mansalva por un grupo de individuos que tampoco concretaron su propósito de robo.
Alrededor de las 8 de ayer, los tres asaltantes -identificados luego como José Jadur, Leonardo Bachardi y Alfredo Dorao, de 32, 23 y 36 años, respectivamente- arribaron al lugar en un Volkswagen Gol, patente SER 088.
Cae el portero
Raúl Mendoza (42) se desempeña allí como portero desde hace dos años, la misma antigüedad del edificio de 11 semipisos y por cuyo aspecto algo suntuoso sobresale del resto de esa cuadra.
Mendoza realizaba en ese momento las habituales tareas de limpieza en el hall sin haber tomado la precaución de trabar el pestillo de la puerta, lo que fue aprovechado por el trío de malhechores para ingresar amenazándolo con armas de puño al tiempo que anunciaban su propósito de robar los departamentos.
Obligaron al portero a bajar al sótano, en donde inutilizaron una caja de terminales telefónicas y se apoderaron de llaves auxiliares de los departamentos.
Posteriormente, ocuparon el garaje en el momento en que ingresaba el propietario de la unidad B del sexto piso, a quien obligaron a subir hasta allí y a entregarles joyas, dinero, ropa y otros objetos, valuados en unos 5000 pesos, todo lo cual fue introducido en una valija.
En busca de otra víctima
A continuación, todos -incluidos el portero, el recién asaltado y su esposa- se trasladaron al quinto piso, en donde se hallaban un matrimonio, sus dos pequeños hijos y una mucama.
Pero allí la banda cometió un error fatal. Entusiasmados con el progresivo éxito de su "gestión", los delincuentes llenaban otra valija sin advertir que uno de los rehenes, la mucama, se había escapado por la escalera y daba aviso a la policía desde un teléfono público.
En segundos aparecieron cuatro patrulleros. Una decena de efectivos redujeron rápidamente a los individuos, que sin oponer la menor resistencia desistieron de seguir bajando y subiendfo en su raid delictivo-social.
"La sacamos barata", comentó una señora del 3° A. Más flemático, otro vecino sólo atinó a quejarse porque "tuve que dejar de ver el partido. ¿Cómo terminó River?"
Una modalidad que se extiende
Tendencia: se siguen sucediendo este tipo asaltos en Flores; la policía insiste en que la gente tiene denunciar los delitos.
La artimaña de utilizar a los porteros como llave para asaltar a los propietarios de departamentos de lujosos edificios porteños se ha transformado, en lo que va del año, en una de las modalidades delictivas que se reitera con mayor frecuencia.
La Nación reflejó en su edición del 7 de octubre último la preocupación de los encargados de edificios, quienes deben agudizar sus sentidos a la hora de baldear la vereda, momento en el cual son presa fácil de los criminales.
Una semana después, estos delitos alcanzaron su punto más trágico: Eulogio Pavón, un portero del barrio de Belgrano, fue asesinado por dos delincuentes al resistirse a cortar el gas de los departamentos para que los propietarios salgan de sus viviendas.
El frustrado asalto de ayer en Flores es un nuevo ejemplo de esta moda. Precisamente en una zona residencial, situada a diez cuadras de donde ocurrió el episodio de ayer, se desató una ola de asaltos similares, de la que dio cuenta La Nación hace dos semanas.
A medida que se renuevan las noticias de estos golpes, los consorcistas optaron por la contratación de personal de seguridad, que cuida las espaldas de los desamparados porteros.
Las bandas que se especializan en este método parecen seguir una serie de reglas comunes, como si fueran alumnos de una misma escuela.
Visten trajes de buen corte, se presentan en grupos de dos o de tres y enfrentan a los encargados con buenos modales. Actúan entre las 7 y las 8, horario en el que lavan las veredas y en el que el patrullaje policial es menor.
Generalmente, luego del "buenos días" de rigor, se acercan al portero, lo encañonan y le solicitan que los acompañe al interior del edificio.
Una vez adentro, esperan en el hall de entrada o en la cochera la llegada de un propietario. Suben al departamento con él y con el portero, desvalijan la vivienda y, mientras uno de los asaltantes se queda con los rehenes, los otros vuelven a la planta baja en búsqueda de otra víctima. Cuando deciden que es suficiente, dejan a los asaltados encerrados y atados en uno de los pisos y escapan.
Algunas variantes incluyen subir piso por piso con el portero como escudo o bien obligar al empleado a cortar la luz o el gas para que los propietarios salgan de sus hogares. Muchas veces anotan los nombres de sus víctimas y los amenazan con tomar represalias si los denuncian.
Un veterano jefe de investigaciones de la policía explicó a La Nación que "la única arma que tenemos para combatir estos delitos es que la gente los denuncie. Cuanto más se nos informe, más delincuentes quedarán tras las rejas".
A pesar de la sucesión de hechos similares, la fuente remarcó: "No puede aún hablarse de modalidad delictiva. Para eso, hace falta que se reiteren los casos en el tiempo y que pueda comprobarse que son perpetrados por distintas bandas".
Aseguró además que no hay un crecimiento de estos golpes, como tampoco de delitos graves: "Los que no declinan son los casos de delitos menores, como el arrebato o el punguismo, que son los que causan la sensación térmica de inseguridad en la gente".



