
Panic rooms, la nueva alternativa para luchar contra la inseguridad
Ya se habrían instalado unos 450
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Primero fueron las rejas. Después, los sistemas de alarma. Y ahora parece ser una habitación completamente blindada y hermética, secreta o perfectamente visible, el arma con la que los argentinos buscan protegerse de un eventual robo o ataque externo.
Suena casi cinematográfico. Y de hecho lo es. Porque en 2002 la película Panic Room (La habitación del pánico), protagonizada por Jodie Foster, se encargó de mostrar cómo funcionan estos espacios de seguridad que son muy populares en los Estados Unidos y Europa, y que hoy empiezan a surgir lentamente en los hogares y las empresas de la Argentina.
El miedo es lo que lleva a las personas a instalar un panic room en su hogar. Un ejecutivo de 40 años, que vive en la zona norte del conurbano bonaerense, optó por blindar un ambiente de su casa después de que un vecino fue víctima de un asalto en su hogar.
“Fue realmente una situación espantosa y traumática para él y su familia. Si bien salieron ilesos, los maltrataron y pasaron un mal momento. Después de ese episodio empecé a averiguar alternativas para protegerme, porque si bien tengo un sistema de alarmas sentía que eso no era suficiente. Y así llegué a esta alternativa”, cuenta el ejecutivo, que pidió permanecer en el anonimato. Hasta ahora, según dice, no tuvo que utilizar “la fortaleza”, como llama a ese cuarto. "Ya hay unas 450 habitaciones en el país. Y cada semana instalamos dos, con picos de tres o cuatro", cuenta Rodrigo Olmos, gerente general de Panic Room Espacios de Seguridad, empresa que dice ser la única que realiza este tipo de trabajo en el país. LA NACION consultó a las principales firmas de seguridad y ninguna dijo hacer blindajes de casas.
Según Olmos, el 60% de las solicitudes corresponden a particulares y el 40% restante a compañías. La mayoría -el 80 por ciento- proviene del gran Buenos Aires, especialmente de la zona Norte. El resto se reparte entre la Capital Federal y algunas ciudades del interior.
Los panic rooms son ambientes blindados en los que las personas se refugian ante una amenaza externa, como puede ser un ladrón, un ataque químico o un desastre natural. En el mundo, este tipo de ambientes surgieron a fines de los ochenta, especialmente entre los sectores ABC1. "Pero esta tendencia está cambiando. La gente de clase media también lo pide porque se puede blindar cualquier tipo de ambiente, incluso un pequeño baño de tres metros cuadrados", aclara Olmos.
Los costos se calculan sobre la base del metro cuadrado de pared y varían de acuerdo con el grosor de la placa de acero que se elija, que puede ir desde los cinco hasta los 16 milímetros de espesor. La más económica parte de los 2800 pesos. Las habitaciones tienen aislación acústica, un equipo energético propio y un botón -llamado pulsador de pánico-, que activa una alarma dentro de la casa para asustar al intruso o que conecta directamente con la policía. La instalación básica demanda un par de días.
Pero el blindaje de paredes, puertas y ventanas es sólo el comienzo. También pueden sumarse accesorios sofisticados como comandos inteligentes desde los que se manejan las cámaras en los ambientes, las luces de la casa y las puertas y ventanas. Un equipamiento básico cuesta unos 2000 dólares.
"Nosotros asesoramos de acuerdo a la amenaza a la que se enfrenta el cliente. Le sugerimos qué tipo de blindaje y de accesorios necesita. Por ejemplo, hay panic rooms para proteger objetos, no personas, con lo cual no haría falta un sistema de monitoreo", comenta Olmos, que fue estricto en cuanto a no revelar detalles de sus clientes. Sin embargo, contó que uno de ellos que comenzó blindando una habitación, terminó por blindar casi toda la casa.
"Algunos han tenido experiencias traumáticas como asaltos y otros no han pasado por eso, pero prefieren cubrirse para sentirse seguros. La gente accede a esto simplemente para protegerse y sentirse segura. Hoy en día una alarma se puede desconectar fácilmente, en cambio, esta habitación es inviolable. No hay forma de que ingrese alguien", asegura Olmos.
Los panic rooms también pueden estar ocultos, por ejemplo, detrás de un espejo. Son ambientes que nadie en la casa sabe que están. Algunos están equipados con camas, baños, televisión y hasta una reserva de comida para pasar allí varios días.
¿Excéntricos o precavidos?
Hay quienes piensan que los panic rooms son una excentricidad propia de gente de dinero. Otros sostienen que desnuda una psiquis enferma, y algunos, en cambio, creen que se trata de una protección válida contra la inseguridad que golpea a los argentinos todos los días.
"Tal vez se trate de un exceso de precaución, pero no se puede hablar de una conducta patológica de la persona que decide instalar una habitación de este tipo. "Claramente, es una respuesta al contexto, a la situación de inseguridad y a la falta de confianza en los sistemas de seguridad oficiales", opinó el médico psicoanalista Federico Aberastury, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
"La persona que se mete en un panic room -continúa-lo hace para que no la maten. Intenta defender lo más primario, que es la vida", agregó el terapeuta.
Según el psicoanalista Ricardo Rubinstein, director de la consultora Sprotmind, el panic room no sería una solución para la persona que sufre de trastornos de pánico, ya que esos son problemas que sólo se resuelven con terapia. En cambio, sí podría resultar útil para alguien que sufre de estrés postraumático, producto de haber padecido un episodio delictivo.
"El panic room es útil en el imaginario, porque se compra un lugar que promete garantizar seguridad y resguardo. Quienes lo adquieren no necesariamente son fóbicos, aunque puede haber en ellos rasgos paranoides. Muchas veces la vivencia paranoide se basa en situaciones reales.
"Como son personas con un alto perfil, se sienten más vulnerables y expuestas, ya sea por haber recibido amenazas, padecido en carne propia una mala experiencia o haberlo escuchado a familiares, colegas o personas de su círculo próximo."
Rubinstein describe que las personas que sufrieron en carne propia un hecho delictivo, "viven en un estado de alerta y prevención, están tensas, irritables y asustadas, lo que hace que busquen en estas habitaciones un lugar donde sentirse a salvo, tranquilas".
Sin duda, una de las cosas que más llaman la atención es el nombre con el que se bautizó a estos espacios. Según Aberastury, "el nombre de este cuarto se refiere al síntoma. Podría llamarse habitación de seguridad, pero el nombre responde a una situación de pánico generalizada porque ya no hay garantía alguna de que se cumpla la ley. Cuando no hay leyes, la única que se impone es la que establece la supervivencia del más fuerte".
Y, según Rubinstein, el nombre panic room alude a la situación temida y no a la función de la habitación que es la de dar seguridad a quien se mete dentro de ella. "Pero seguramente es una cuestión marquetinera . Con ese nombre daría la impresión de que en esa habitación se deja encerrado el miedo. Pasa como en los manicomios, donde se aloja y se delimita la locura."
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