
Para ahorrar tiempo y dinero, las novias eligen vestidos usados
Proliferan negocios que los venden; son diseños actuales, de una sola postura y buen estado
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La tradición manda que la novia debe llevar algo usado. La actualidad, que lo usado sea el vestido.
La búsqueda de calidad y precio, sumada al menor tiempo para elegir modelos y asistir a las pruebas de vestuario y un mayor desapego hacia un símbolo como el traje de novia son las razones que hacen que las mujeres elijan llevar vestidos usados el día de su casamiento.
Un vestido nuevo hecho a medida cuesta entre $ 4000 y 12.000 pesos, según el modelo y el diseñador que lo creó. Obviamente, los hay muchísimo más caros, pero aquel rango es el de la tendencia que crece por estas horas.
Usados, con una sola postura y con servicio de tintorería, cuestan casi tres veces menos: entre 1500 y 4000 pesos.
La mayoría de los vestidos se toman en consignación, por un máximo de tres meses. Si en ese lapso la prenda sigue en el perchero, se devuelve a su dueña porque la idea es que haya rotación.
Las mujeres que buscan esta opción no lo hacen por el precio, sino por practicidad.
Son, en su mayoría, profesionales que no tienen tiempo de asistir a las pruebas de modista y que quieren resolver fácilmente el tema del vestido en una o dos visitas como máximo.
Según Yanil López Figueroa, de Vestidos con Historia, todo comenzó cuando decidió vender su traje de novia después de pasar por el altar.
Entonces se dio cuenta de que existía un mercado de vestidos usados y creó su propio emprendimiento, que nació a principios de 2007.
"Con unas amigas, empezamos a vender nuestros vestidos, no con la idea de hacer un emprendimiento, sino porque no podíamos guardarlos. Pero ahí nos dimos cuenta de que había muchas chicas que estaban interesadas en comprar vestidos usados que estaban como nuevos", contó López Figueroa.
Una prenda, una historia
"El vestido ya no se conserva como lo hacían nuestras madres o abuelas. Hoy las mujeres prefieren venderlo y recuperar una parte de lo que invirtieron. Las mudanzas y la llegada de un hijo son momentos clave para decidirse a vender el vestido", dice López Figueroa, que acepta en su atelier de Recoleta prendas en buen estado, con diseño actual y limpias de tintorería.
Pueden ser de diseñadores conocidos o no. Hay unos 300 vestidos que van rotando.
Cada uno encierra una historia y va en busca de otra. "Realizamos un reciclado y le damos un toque personal, aunque algunas lo quieren tal cual está", dice López Figueroa.
Los preferidos son los de estilo romántico, onda vintage . El estilo princesa tiene sus seguidores, pero quedó un poco relegado. Igual, hay público para todo.
Novias al Garage es un emprendimiento creado por Josefina Obarrio, una diseñadora que ofrece vestidos usados de diseñadores actuales, o nuevos de diseño propio pero a precio de un usado.
"Apuntamos a vestidos de calidad, actuales en muy buenas condiciones y personalizados, convertimos el vestido usado en uno nuevo, pensado para la novia", comentó Obarrio.
La condición para que un vestido llegue al perchero de Novias al Garage es que sea un diseño actual, vigente y que siga la tendencia de lo que se usa.
"Recibimos vestidos de un año de antigüedad como máximo", comentó Obarrio, que recicla y adapta el modelo a medida de la nueva novia.
"El vestido empieza un nuevo recorrido, se le cambia el escote, se le pone una faja o se le modifica la pollera. La idea es que tenga un toque personal."
Aunque hay variedad de talles, muchas veces cuesta encontrar opciones para mujeres altas.
También para madrinas
"En ese caso les damos la opción de diseñar un vestido para ellas al precio de uno usado. Y, si no encuentran con nosotras, al menos se van con una idea del estilo que mejor les queda porque las asesoramos", aseguró Obarrio.
Pero no sólo las novias se vuelcan al usado. Las madrinas también se sumaron a esta tendencia y, cuando acompañan a sus hijas a la entrevista, buscan un vestido para ellas.
Adriana Villanueva y Adriana Longinotti comenzaron su emprendimiento luego del casamiento de sus hijas. Vendieron sus vestidos de madrina y empezaron con Novias en el Ropero, hace dos años.
"Tomamos en consignación preferentemente vestidos de diseñadores conocidos, aunque también pueden ser no tan conocidos, pero deben ser diseños actuales, y pactamos el precio con la novia", contó Villanueva.
Hay unos 60 vestidos de novia y madrina que se consiguen entre 2500 y 4000 pesos, las prendas rotan permanentemente.
"Nos compran mujeres de nivel medio para arriba que no quieren complicarse: vienen, se prueban distintos modelos, ven el estilo que les queda mejor y se lo llevan, aunque muchas salen de acá con una idea clara del vestido que quieren y se lo hacen con su modista", reconoció Villanueva.
En la percha
Si bien la mayoría de las consultadas coincide en que ninguna novia pregunta por la historia del vestido (quién lo usó o si sigue casada o no), Villanueva comentó que una vez tuvo un diseño de una novia que nunca llegó al altar.
"Era un vestido precioso, pero nadie se lo probó. Quedó en el perchero y se lo devolvimos a la dueña. Era una buena oportunidad, porque estaba flamante, sin uso."
No se sabe por qué, pero nadie lo quiso.




