
Plaza Irlanda perdió el brillo que tuvo antaño
Choripanes, perros sueltos y graffiti son una postal cotidiana
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En 1992, una nota publicada en LA NACION señalaba el deplorable estado de la plaza Irlanda como consecuencia de la falta de mantenimiento por parte de la Municipalidad. Con escasos paliativos, la situación persiste 10 años después. Y un vecino, Horacio Risso, le otorga al problema una antigüedad mucho mayor: "Las últimas mejoras se hicieron durante la intendencia de (Osvaldo) Cacciatore, allá por 1977. ¿Algo rescatable? La buena iluminación, que alejó a los drogones ".
Este mes, la plaza -la tercera más grande de Buenos Aires, pese a lo cual nunca contó con padrinazgo- cumplió 75 años. Pero su historia se remonta a la última década del siglo XIX, cuando un grupo de inmigrantes irlandeses adquirió el terreno para edificar el Colegio Santa Brígida, con su capilla, y el predio delimitado por las calles Gaona, Donato Alvarez, Neuquén y Seguí, que se convirtió en un gran potrero donde se disputaban picados.
En 1927, la Municipalidad compró el terreno y el 12 de octubre de ese año inauguró el paseo, sobre una superficie de 53.000 m2 y con una inversión de 55 millones de pesos. Su denominación fue un homenaje a los inmigrantes llegados de Irlanda. Dos días después, The Southern Cross, el diario irlandés fundado aquí en 1875, dedicó casi una página al acontecimiento, destacando que el nuevo parque del barrio de Flores "sólo era comparable con los bosques de Palermo" o "con la iniciativa de don Torcuato de Alvear que se tradujo en la apertura de la Avenida de Mayo, hoy nuestra más importante arteria céntrica".
Todos los árboles
Las cuatro manzanas de la plaza Irlanda conforman un formidable reservorio ecológico, con más de 50 variedades botánicas, entre ellas, algarrobos, pinos, palos borrachos, plátanos, tipas, palmeras y fresnos.
A ese arbolado paisaje se agregó muchas veces la figura del autor de "Adán Buenosayres", Leopoldo Marechal, cuando se dirigía a la escuela Juan B. Peña, en Trelles 938, de la que fue maestro durante 20 años.
Desde hace un cuarto de siglo funciona en un sector de la plaza, frente al edificio del Instituto Monseñor Dillon, un club de vecinos y jubilados. Las bochas se alternan con el truco y el ajedrez.
Entre los boliches desaparecidos que ganaron fama en la zona, en Donato Alvarez y Gaona existieron hasta fines de los 40 el bar César y, a metros, otro llamado El Parque, con vitrola y una agraciada morocha que ponía temas de D´Arienzo, Troilo o Fresedo. Sentado frente a un café, cigarrillo en mano y mirando por la ventana, se recortaba ese caviloso clásico porteño: el hombre que está solo y espera.
Casi contra una pared del club hay un puesto de venta de choripanes. Al mediodía, el olor del vernáculo bocado se expande por todas partes. No despierta el apetito de Luz Barrientos, sino sus críticas: "Afea la plaza y, encima, después quedan los restos".
Además de sitios sin césped, sobre todo en la antigua cancha de arcos destartalados, en el centro de la plaza, lo peor es lo que queda del baño que se construyó en 1935, frente al Policlínico Bancario, al inaugurarse el mástil.
Con su baranda ornamentada y su escalera de mármol, fue un lujo del paseo. El sanitario se clausuró cuando empezó a ser usado como vivienda de linyeras y ahora los escalones, interrumpidos abruptamente por una tapia, están sepultados bajo la basura.
Hay tres monumentos que debieron ser enrejados para evitar el vandalismo. Pero no se lo evitó, porque sencillamente fueron robadas las puertas de hierro y, de paso, las placas de bronce de sus bases. El mejor es "El idilio", bellamente expresado por una pareja de amantes, obra de Pablo Tosto. Nadie se ha ocupado de limpiar sus graffiti.
Frente al Dillon está el busto del poeta y revolucionario irlandés Padraig Pearse. Lo fusilaron en 1917. Pearse volvió a "padecer" otro episodio funesto cuando el busto fue decapitado.
Dos carteles indican la prohibición de llevar perros a la plaza. Sus paseadores los ignoran. Más aún los perros sueltos. Suelen desplegar acercamientos tácticos para tomar por asalto la ristra de humeantes chorizos.
Festividad
- Hoy, en Pilar, se realizará el clásico Encuentro Nacional Argentino-Irlandés, que organiza desde hace 30 años la Asociación Argentino-Irlandesa de esa localidad.
Se calcula que otra vez el acto reunirá una importante cantidad de gente de la comunidad. Estará presente la embajadora de Irlanda, Paula Slattery, y el programa de actividades, por realizarse en la Villa Marista (ruta Panamericana, kilómetro 54,5), incluirá música, danzas, comidas y stands con productos típicos. El programa, que consta de una misa y un posterior almuerzo, tendrá además la actuación de Julia Elena Dávalos y el Ballet San Patricio de Lincoln. Las reservas pueden realizarse al : 4372-1041 o al 02322-498718.





