Por qué los brotes de ébola y hantavirus han desconcertado a los científicos
Los tipos de ébola y hantavirus que preocupan a las autoridades son muy diferentes de las especies identificadas hace décadas, lo que plantea nuevas preguntas sobre cómo responder
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NUEVA YORK.- Este mes, un par de virus acapararon los titulares. Primero llegó un brote de hantavirus a bordo de un crucero, que causó 13 infecciones, tres de las cuales fueron mortales. Luego, un brote de ébola estalló en África y provocó hasta ahora más de 900 infecciones y 220 muertes.
En ambos casos, la noticia no solo fue aterradora sino también confusa, incluso para los científicos. Los hantavirus no parecían actuar como hantavirus y los virus del ébola no se comportaban como virus del ébola.
Los hantavirus son transmitidos por roedores y otros animales, y normalmente infectan a personas que inhalan restos secos de orina y saliva de animales. Pero a bordo del crucero M.V. Hondius, los hantavirus se transmitían de persona a persona.
En cuanto al brote africano, los científicos lograron grandes avances en la lucha contra el ébola en los últimos años. Crearon vacunas que pueden ralentizar la propagación de la enfermedad y medicamentos antivirales que pueden curar las infecciones. Pero estos tratamientos probablemente serán poco efectivos o inútiles. Este es un virus del ébola muy diferente.
¿Qué sucede? Existe una vasta diversidad de virus, pero empleamos un vocabulario limitado para hablar de ellos. Sería tan confuso como tratar a las ballenas azules como si fueran murciélagos fruteros y tigres siberianos, simplemente bajo el argumento de que todos son mamíferos.
Jens Kuhn, un virólogo que forma parte del Comité Internacional de Taxonomía de Virus, dijo que los brotes recientes señalan brechas enormes en nuestra comprensión de la llamada virosfera, los millones —quizá incluso billones— de especies de virus que prosperan a nuestro alrededor.

“Estos son ejemplos claros de por qué la taxonomía es importante”, dijo. “¿Es algo lo mismo o es diferente? Bueno, si es diferente, entonces las cosas que sabemos sobre la otra cosa no funcionarán en ella”.
Los virus del Ébola obtuvieron sus nombres del lugar de uno de los primeros brotes documentados en 1976: el río Ébola, en lo que entonces era Zaire, ahora la República Democrática del Congo. Cuando los científicos examinaron la sangre de las víctimas, aislaron virus largos y con forma de serpiente, distintos de cualquier otro conocido anteriormente.
Pero en 1976 hubo otro brote que también causó fiebres hemorrágicas mortales; este ocurrió a cientos de kilómetros al este, en lo que entonces era Sudán, ahora Sudán del Sur. Los infectados también portaban virus con forma de serpiente.
Sin embargo, cuando los científicos compararon los genes virales, encontraron una cantidad sorprendente de diferencias. En años posteriores, los brotes de ébola ocurrieron docenas de veces y, en la mayoría de los casos, los virus se parecían al tipo visto por primera vez en Zaire o al tipo visto en Sudán.
Eventualmente, Kuhn y sus colegas reconocieron formalmente los dos tipos de virus como dos especies distintas. Y, como hacen los taxónomos en estos casos, le dieron a cada especie un nombre en latín: Orthoebolavirus zairense y Orthoebolavirus sudanense.
Pero en los 50 años transcurridos desde el primer brote de ébola, los científicos encontraron otros parientes de estos virus. En 2007, por ejemplo, 149 personas en el distrito de Bundibugyo, en Uganda, contrajeron fiebres hemorrágicas y 37 murieron. El virus que portaban era, genéticamente, más de un 30% diferente de los virus aislados en Zaire y Sudán: una nueva especie, conocida ahora como Orthoebolavirus bundibugyoense.

El virus Bundibugyo causó un segundo brote pequeño en 2012 antes de reaparecer este mes. Las vacunas y los medicamentos que se desarrollaron para la especie Zaire no funcionan contra el virus Bundibugyo, que pertenece a un linaje evolutivo diferente. Esa es una de las razones por las que el nuevo brote tiene tan preocupados a los expertos en salud pública.
Los hantavirus también obtuvieron sus nombres de un río: el río Hantan, que fluye a través de Corea del Norte y del Sur. Es una región donde una misteriosa enfermedad renal afectaba a las personas cada año. En 1978, los investigadores aislaron la causa: un virus transmitido por ratones de campo rayados. Desde entonces, los científicos descubrieron hantavirus en roedores y otros mamíferos alrededor del mundo. Algunos de ellos también causan daño renal, mientras que otros atacan el corazón y los pulmones.
La esposa del actor Gene Hackman, Betsy Arakawa, murió en su casa de Nuevo México el año pasado tras infectarse con un tipo de hantavirus llamado Sin Nombre. Hackman, que tenía Alzheimer, murió días después.
A medida que los hantavirus se adaptaron a roedores y otros mamíferos en gran parte del mundo, desarrollaron una enorme diversidad: Kuhn y sus colegas reconocen 38 especies en el género Orthohantavirus. (El género del ébola, por el contrario, incluye solo seis especies).
Cada especie a su vez puede albergar mucha diversidad. A medida que los virus se replican, las cepas pueden adquirir nuevas mutaciones que pueden cambiar drásticamente su biología.
El brote en el M.V. Hondius esta primavera fue causado por una especie llamada Orthohantavirus andesense, transmitida por varios roedores en América del Sur. Pero hay cuatro cepas de esta especie; el brote fue causado por una llamada virus Andes.
A diferencia de las otras tres cepas —y a diferencia de las otras 37 especies de hantavirus— el virus Andes puede propagarse directamente de una persona a otra.
“Parece que hay algunas mutaciones que, bajo ciertas circunstancias, pueden hacer que el virus Andes sea transmisible de persona a persona”, dijo Kuhn. Nadie sabe cuáles son esas mutaciones.
Kuhn sospecha que las otras cepas relacionadas con el virus Andes están presentes en roedores y comparten esta capacidad de propagarse entre personas. Después del brote en el M.V. Hondius, predice, los científicos en Argentina y Chile “irán a sus congeladores con todas las muestras y secuenciarán exhaustivamente todo para descubrir: ¿qué son todas estas cosas?”.
En cuanto al ébola, Kuhn espera más sorpresas desagradables. Señala al Orthoebolavirus taiense, también conocido como virus del Bosque de Taï.
La primera y última vez que alguien vio esta especie fue en 1994, cuando infectó a una científica que diseccionaba un chimpancé muerto. Ella desarrolló síntomas de ébola pero finalmente se recuperó.
“Estoy seguro de que todavía está ahí fuera, pero nadie se enfoca en él porque solo causó un caso”, dijo Kuhn. “Creo que eso es un gran error”.
Otras especies similares al ébola que aún no han sido descubiertas y nombradas pueden estar presentes en animales africanos. El sistema de clasificación que Kuhn ayudó a crear, con suerte, hará que sea un proceso más fácil.
Él no espera que la gente aprenda a recitar Orthohantavirus andesense y otros nombres en latín en una conversación informal. Pero, en lugar de referirse a la causa del brote en África como el virus del ébola, sugiere llamarlo virus Bundibugyo.
“En el momento en que confundís el virus Bundibugyo con el virus del ébola, la impresión será: ‘Tenemos algo para eso’”, dijo Kuhn. “Pero no lo tenemos”.

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