Polémica por la siembra de pasto con drones en zonas afectadas por incendios en la Patagonia
Vecinos y científicos cuestionan la medida y advierten que puede agravar los incendios y dificultar la regeneración del bosque nativo
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- La decisión del municipio de El Hoyo, en Chubut, de sembrar pasturas en la zona incendiada durante el último verano en Puerto Patriada generó la indignación de vecinos y miembros de la comunidad científica, que advierten que esa acción podría provocar efectos ecológicos contraproducentes a corto y mediano plazo.
A fines de abril, la Municipalidad de El Hoyo informó sobre una prueba piloto de siembra de forrajes con drone en Puerto Patriada. Entre los objetivos, indicaron que la intención es “fomentar la plantación de nativas, inhibir la germinación del pino, dar alimento a los animales de la zona y evitar deslizamientos de suelo por la época de lluvias”.
Según señalaron desde el municipio, se trabajó en 200 hectáreas de chacras, alrededor de las viviendas afectadas por el incendio iniciado el 5 de enero, mediante un drone con capacidad para transportar 100 kilos de semillas. “La implementación del agropiro y la festuca permitirá evitar la naciente y diseminación de nuevos ejemplares de pino”, agregaron.
Entre 2013 y 2021, Puerto Patriada fue elegido como sitio piloto del Observatorio Nacional de Degradación y Desertificación de Tierras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El lugar había sufrido un incendio en 1987, otro en 2012 y volvió a quemarse en 2015.

Quienes estudian la retroalimentación entre fuego e invasión de pinos señalaban que en la zona crecía cada vez más la presencia de esas especies —sobre todo radiata y ponderosa, altamente inflamables— después de los incendios: se calcula que en una hectárea donde había 1000 pinos plantados aparecen unos 450.000 tras el fuego.
Aunque la decisión del municipio busca evitar que vuelvan a crecer pinos en Puerto Patriada, la medida generó polémica. Vecinos de El Bolsón, El Hoyo y Epuyén se concentraron hace unos días en el Concejo Deliberante de El Hoyo y pidieron la suspensión inmediata de la siembra con pasturas exóticas. “El gobernador Ignacio Torres y el intendente César Salamín, en contra de todo consejo científico y vulnerando la Reserva de Usos Múltiples del Lago Epuyén, contrataron drones para sembrar agropiro y festuca en lugar de apoyar las acciones comunitarias de regeneración pasiva y activa del bosque. No permitiremos este atentado ecológico”, señalaron.
La ecóloga y doctora en Ciencias Naturales Estela Raffaele explicó a LA NACION que, si bien las gramíneas exóticas como el agropiro y la festuca permiten cubrir rápidamente las áreas quemadas, “también pueden aumentar la cantidad y continuidad del combustible fino, favoreciendo incendios más frecuentes y extensos”.

La especialista advirtió que la recurrencia del fuego puede beneficiar a las gramíneas introducidas, facilitando su expansión e invasión, al tiempo que dificulta la regeneración de la vegetación nativa. En ese sentido, las prácticas de restauración basadas en especies exóticas podrían promover un ciclo pasto-fuego que altere la dinámica natural del ecosistema y favorezca el predominio de especies introducidas.
“Si a esto se suma que la siembra de agropiro y festuca tiene como objetivo favorecer la alimentación del ganado vacuno, el problema podría agravarse aún más. En los bosques andino-patagónicos existen numerosos estudios y experiencias post incendio que muestran que el pastoreo y el ramoneo del ganado limitan la regeneración del bosque nativo. El consumo de plántulas y rebrotes, junto con el pisoteo y la compactación del suelo, reduce las posibilidades de recuperación de la vegetación. En este contexto, la introducción de gramíneas exóticas para uso ganadero podría no solo favorecer un ciclo pasto-fuego, sino también consolidar escenarios donde la regeneración del bosque nativo quede fuertemente restringida”, aseguró Raffaele.
Thomas Kitzberger, licenciado en Ciencias Biológicas y experto en ecología del fuego, también advirtió sobre tres aspectos de la siembra de gramíneas en Puerto Patriada: “En primer lugar, son especies con potencial invasor. En segundo lugar, pueden retroalimentar un régimen de fuegos frecuentes. Finalmente, su siembra implica un cambio de uso del suelo, que pasa de forestal a pastura ganadera”.

Y agregó: “Si bien el territorio ya estaba impactado por la plantación de exóticas y la alteración del régimen de fuego, estas siembras no contribuyen a recuperar su estructura y composición original. Más bien responden al interés de cambiar la actividad. Este antecedente es peligroso porque incentiva a otros a quemar para convertir a pastura”.
Kitzberger y otros especialistas advierten sobre “una especie de expansión de la frontera agropecuaria”. Si bien la cría extensiva de animales es una actividad habitual en esa región chubutense, no se basa en pasturas implantadas, sino en la vegetación nativa. “La pastura es un componente nuevo que difícilmente permita el establecimiento de plantas nativas”, afirmó.
En la misma línea, Raffaele concluyó: “Es evidente que la invasión de pino radiata después del incendio representa un problema real y que es necesario implementar medidas de control, especialmente en las áreas más afectadas y cercanas a las viviendas. Sin embargo, reemplazar ese problema por otro, mediante la siembra de pastos exóticos y la incorporación de ganado, probablemente sea un error con consecuencias ecológicas también muy graves”.
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