
Prevén restaurar iglesias históricas
San Miguel Arcángel (hoy cerrada), Monserrat, San Telmo y La Merced esperan turno en una lista oficial
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Cuatro iglesias históricas de Buenos Aires esperan turno para ser objeto de una restauración integral por la Secretaría de Obras Públicas.
Una de ellas es la de San Miguel Arcángel, que fue cerrada el domingo 11 del actual por el Arzobispado de Buenos Aires porque su deterioro implicaba un peligro para los fieles: del techo y las paredes se desprendían trozos de mampostería.
A principios de 1999, la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, que preside Magdalena Faillace, había elevado un pedido de obra para San Miguel Arcángel, con 66 tareas por realizar. Empezando por la restauración de los techos, lo que implica sellar fisuras, impermeabilizarlos y colocar una nueva membrana.
La Comisión hace un diagnóstico y solicita las obras, como lo hizo para esos cuatro templos porteños. Corresponde luego a la Dirección Nacional de Arquitectura (DNA) de la Secretaría de Obras Públicas -según los fondos de que disponga- llamar a licitación, con pliegos que la Comisión aprueba o rectifica.
Monserrat, preadjudicada
De las cuatro iglesias en cuestión, ya está preadjudicada por la DNA la licitación para la de Monserrat, en avenida Belgrano 1151. La restauración incluye la nave central, el crucero, los altares laterales, reparación de molduras, esculturas y vitraux, e hidrolavado de la fachada.
Las otras tres son la ya mencionada San Miguel Arcángel, en Bartolomé Mitre y Suipacha (que en 1997 tuvo una limpieza del frente en una obra que debió rescindirse por fallas de la empresa adjudicataria); SanPedro González Telmo, en una obra que en 1998 se presupuestó en $ 839.806, y La Merced, Reconquista 207, donde deberán reconstruirse capas aisladoras, limpiar y reparar las fachadas.
La Merced ha ido teniendo arreglos de modo habitual. Su párroco, monseñor Eugenio Guasta, encargado de Cultura del Arzobispado porteño, tiene sensibilidad para los temas artísticos y de conservación y les brinda dedicación.
En su órbita actúa un comité de supervisión de los bienes artísticos, culturales e históricos de la Curia porteña. Funciona según las consultas que recibe de los párrocos y sus comunidades. Pero el padre José Luis Duhourq, de ese organismo, reconoció que no está arraigada una mentalidad de cuidado del patrimonio.
"De qué sirve hacer un arreglo o restauración si después no hay mantenimiento", observó el arquitecto José María Peña, que asesora a ese comité e integra la Comisión de Museos y de Monumentos Históricos. "Muchas veces las iglesias tienen canaletas que nadie limpia", señaló. En el caso concreto de San Miguel, apuntó que "le ha tocado la desgracia de estar en un barrio en el cual ahora casi no vive gente".
Peña notó que en la casa parroquial hay vigas ennegrecidas que muestran que no fueron reparadas o cambiadas tras el incendio de ese templo en 1955. Como se recordará, la iglesia de San Miguel Arcángel, que estuvo a cargo durante décadas a cargo de monseñor Miguel de Andrea -que unía en su prédica el cristianismo con la sensibilidad social y el valor de los principios democráticos-, fue incendiada por adictos al régimen de Perón, la misma noche en que ardieron la Curia metropolitana, San Nicolás de Bari (hoy en espléndido estado), San Francisco y otras iglesias. A su vez, el arquitecto Marcelo Magadan, también asesor, dijo que hay que reconocer que "los curas, cuando intervienen, muchas veces se terminan convirtiendo en causa de destrucción del patrimonio religioso a su cargo". Aunque admite que eso no es muy distinto de lo que hacen los administradores públicos, las empresas y los consorcios.
No pintar el símil piedra
Un ejemplo, agregó, son los revoques símil piedra, mármoles y granitos que han sido pintados en los últimos años, en parroquias como la Piedad, Bartolomé Mitre 1524; la Inmaculada Concepción, de Independencia y Tacuarí, o Nuestra Señora de las Mercedes, Echeverría 1395. Materiales que tratados correctamente conservarían su aspecto original y tendrían mínimos requisitos de mantenimiento.
Esos casos mencionados no son de monumentos históricos. Al respecto, Faillace puntualizó que la comisión que preside "nunca ha aprobado un pliego donde el símil piedra se pinte". Esa comisión sólo tiene injerencia en las iglesias declaradas monumentos históricos (San Miguel lo fue en 1983 y la basílica de Luján hace muy poco, en 1998).
En los últimos tiempos, ha impulsado trabajos en la catedral porteña, la muy antigua iglesia capitalina de San Ignacio (inaugurada en 1722); la cúpula de la catedral de Santiago del Estero, la iglesia colonial de Alta Gracia, levantada por los jesuitas; la capilla de San José del Morro, en San Luis, o la capilla de San Roque, en Alsina y Defensa, de Buenos Aires.
La Dirección Nacional de Arquitectura está por iniciar la restauración global de la catedral de Cordoba, en un proyecto consensuado con el arzobispado cordobés. Esa obra permitirá volver a exponer la colección de platería religiosa de esa arquidiócesis.
Menos recursos
Pero se da una situación paradójica: entre 1996 y 1999 se incorporaron 85 monumentos -el 22% de todos los declarados en 61 años- y, en sentido contrario, los recursos asignados han ido bajando desde 1997. "Tenemos pedidas obras nuevas en varias iglesias y no se licitan", indicó Faillace. Y con el ajuste dispuesto, el Estado no puede asignar más presupuesto, de por sí exiguo.
Los sacerdotes encargados de las iglesias hacen arreglos menores, pero admiten con pena que no pueden encarar grandes obras de restauración. En el arzobispado porteño hay un fondo común que ayuda a parroquias más pobres a encarar algunas obras. La realidad es que hay duras limitaciones económicas para la Iglesia, pero también para el Estado.
Faillace ve una salida en hacer un programa global con prioridades y gestionar un crédito blando de un organismo como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En su momento, la Comisión preparó un plan que suponía restaurar todas las capillas coloniales del norte argentino y las misiones jesuíticas, buscando del BID un crédito por 30 millones. La funcionaria aspira a que, ante las dificultades del ajuste, se contemple el patrimonio histórico en las inversiones prometidas para generar empleo en la obra pública y se advierta que el circuito de las iglesias antiguas puede ser aprovechado para fomentar el turismo.





