
Problemas inventados
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"Es fácil inventar problemas, solucionarlos y cobrar por eso." Esa sensación le quedó a Héctor Rossini, de 44 años, después de pasar dos horas y media en la Unidad de Control de Faltas porteña. Pese a que salió favorecido por el dictamen, este contador no dejó de advertir las fallas en el cobro de multas. A él le reclamaban una infracción impaga de 1995.
"Entré a las 13.50 y esperé 40 minutos hasta que me recibió el orientador, muy cordialmente. Llegué al controlador y salió a decirme que en realidad mi expediente corresponde a una empresa de transporte de carga. Es obvio que no es mi auto. ¿Por qué no me quita la multa y deja que me vaya? Llevo dos horas. El sistema no da soluciones rápidas", relató mientras mostraba las pastillas que, a los 44 años, debe tomar para los nervios.
Lo peor en esta historia es que Rossini no necesita el libre deuda para seguir circulando tranquilo: el 23 de diciembre le robaron el segundo auto en un año, y sin el documento la empresa aseguradora no da de baja el ve- hículo. Al fin, a las 16.30, salió con su papel en la mano, pero le costó 14 pesos.
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