
Procuran sacar a flote el Museo Quinquela Martín
Recuperar: la casa en la que vivió el recordado artista, en el barrio de La Boca, será renovar las salas de exposiciones.
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El puerto de La Boca no es lo que fue en vida de Benito Quinquela Martín, quien se inspiró como nadie en los movimientos de los hombres y en los vivos colores del paisaje del Riachuelo.
Las oscuras siluetas que trajinaban sin descanso del muelle a las cubiertas, la firmeza del puerto al contoneo vacilante de las embarcaciones integran el recuerdo del Buenos Aires de principios de siglo.
También el Museo Benito Quinquela Martín, emplazado sobre la agitada ribera de otros tiempos, a la vuelta de Caminito, forma parte del pasado de La Boca. Sólo que su vida se prolonga hasta el presente gracias al atractivo que representan las obras del artista sobre los turistas que visitan diariamente esta parte de la ciudad, la antigua puerta del país.
Son 32 óleos y 50 grabados de Quinquela en exposición, además de otras 1200 obras de artistas argentinos de la primera mitad del siglo XX (Berni, Soldi y Sívori, entre otros). Hay una sala enteramente dedicada a una colección de mascarones de proa del siglo XIX, reunidos en vida del artista.
Una pena que la infraestructura del museo no esté a la altura de la obra que custodia y exhibe, según confiesan sus autoridades.
Se precisa reparar los techos y arreglar los baños. No tiene ascensor, un invento largamente conocido para la época de la fundación en 1936 del museo, que fue también la casa de Quinquela Martín.
Estancado como el agua
Los tubos fluorescentes que iluminan las salas serán buenos para trabajar en una oficina, pero insuficientes cuando se trata de exhibir obras de arte.
Los colores no se distinguen unos de otros, sin relieves ni matices; los paisajes se ven ligeramente apagados, cuando no decididamente oscuros, sobre todo al caer el sol. En pocas palabras, el museo parece tan estancado como las aguas del río que tiene sobre su frente. Sin embargo, la directora María Sabato, en funciones desde mayo último, se propone salir del trance avanzando hacia la renovación del edificio.
"Ya pintamos la fachada, que hace veinte años que no se pintaba, e instalamos un sistema de iluminación en ella gracias a la empresa Edesur, que donó e instaló los equipos", dijo Sabato a La Nación .
Luces externas y pintura exterior. Si eso fuera todo, los cambios serían poco más que un simple lavado de cara, sin ánimo de transformar la raíz de los problemas. Pero Sabato quiere avanzar adentro y adelante.
Relevamiento
"Hasta ahora estuvimos haciendo un relevamiento del funcionamiento del museo. Durante 1999 queremos renovar la infraestructura. Además, aspiramos a ser una institución dinámica, donde se puedan admirar las obras en su plenitud, pero donde también haya acontecimientos culturales que nos integran con la sociedad. Este año organizamos una feria de inventos a la que asistieron 20.000 personas", dijo Sabato.
La sola presencia de los inventos de Quinquela Martín -las aguas, los muelles, el puente, las chimeneas echando humo desde el fondo del paisaje, los barcos en la gloria de su construcción o el dolor del incendio y las cenizas, los hombres luciendo su infatigable dignidad- vale la recuperación de su hogar.
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