
Prohibido prestárselo a clientes
La historia de los equipos callejeros
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La mujer de William estaba enferma y él corrió hasta el negocio más cercano y pidió que le prestaran el teléfono para llamar a la ambulancia. Pero el comerciante se lo negó. Gracias a la indignación, William Gray se convirtió en el inventor del teléfono alcancía: un aparato que prestaba una comunicación a cambio de una moneda. Ocurrió en Connecticut, Estados Unidos, en 1889, cuando comenzó a funcionar el primer teléfono público del mundo, en un banco de Hartfort. Gray fundó una compañía y, en tres años, había instalado 80.000 aparatos.
A la Argentina llegó en la década del 40, pero no era el aparato callejero sino teléfonos instalados dentro de negocios. Casi nadie los usaba hasta que, en los 50, se prohibió por decreto a los comerciantes prestar el teléfono a los clientes, y así se popularizó el uso de los públicos, por entonces casi nada demandados. Las primeras cuatro cabinas callejeras llegaron a fines de 1963. Una en la Costanera Norte, otra en Leandro N. Alem y Rivadavia, la tercera en el autódromo de Ezeiza y la última en el Puerto.
En tres años llegaron a 8000 en todo el país. Inicialmente funcionaron con monedas, pero la inflación obligaba a actualizar el valor del pulso, por lo cual, muchos aparatos estaban fuera de servicio y en otros nunca se sabía cuánto iba a costar la llamada.
En 1966, el costo de la llamada mínima alcanzó los cinco pesos, una moneda de níquel. Como tenía un peso similar al de la de 20 centavos, se hizo vox populi que, en ciertos aparatos, se podía hablar 25 pulsos al precio de lo que costaba uno.
Así, se decidió pasar al sistema de cospeles y despreocuparse por la actualización y la viveza criolla. Pero la inflación siguió empujando el alza del precio del cospel. Entre 1978 y 1982 pasó de costar 30 pesos a 2800 pesos.
En los años de Entel, lograr una comunicación podía ser una odisea. En marzo de 1982, en plena rabieta, un cordobés arrancó 33 teléfonos públicos de sus cabinas y se los llevó. Después, escribió una carta al diario La Voz del Interior, identificándose como "un argentino indignado" y explicó que realizó ese boicot "en forma personal y con plena conciencia; mi intención -dijo- fue protestar enérgicamente por el pésimo servicio de Entel".
Se ve que no fue el único. En Mercado Libre, un portal de compra y venta de productos por Internet, se ofrece un teléfono público Entel naranja a 380 pesos. Los nostálgicos pueden conseguir cospeles a tres pesos.




