Pronostica y acierta la mayor parte de las carreras de caballos
Es Roberto Moya, que anticipa para los lectores las probabilidades de ganar
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Como con las brujas, en las carreras de caballos se asegura que las fijas no existen, pero "que las hay, las hay". Dato preciso, informe seguro, pálpito bien orientado son maneras de bajarle un cambio a un término que, para la grey burrera, no admite medias tintas. Para ellos, la fija es o no es. Y gastan suelas en Palermo, San Isidro y La Plata tratando de encontrar el camino para llegar a una.
Saber de antemano cuál caballo será el ganador es el sueño de todo hombre de turf. Y, probablemente, hasta de cualquiera que se anime a subirse al carro de esa ilusión para alcanzar una ganancia que justifique un festejo, aunque no para volverse rico.
Salieron 10 de 17 favoritos
Para Roberto Hugo Moya, el pronosticador hípico de la sección Carreras de LA NACION para Palermo y San Isidro, acertar a las carreras es casi un accidente de su labor profesional. Moya es quien anticipó para los lectores del diario diez de los diecisiete caballos ganadores en la última reunión turfística en Palermo, con lo que se reforzó, desde los pronósticos turfísticos esta vez, la confiabilidad y seguridad de opinión características de LA NACION.
Estudioso, especialista, hombre de consulta obligada si se trata de saber qué chances asisten a tal o cuál caballo. Cronómetro en mano, prismáticos prestos, ojos despiertos, Moya tiene su atalaya sobre la pista de entrenamiento del hipódromo de San Isidro y desde allí, cada mañana, cuando despierta el sol, controla más de 700 aprontes sin perderse detalle.
Cantaba Carlos Gardel: "Preparate pa´l domingo/ si querés cambiar tu yeta;/ tengo una rumbiada papa/ que pagará gran sport./ Me asegura mi datero/ que lo corre una muñeca/ y que paga, por lo menos,/ treinta y siete a ganador..." Claro, por aquello de que en el turf uno más uno no siempre es dos, mil fijas han dejado de serlo tras un minuto y medio de carrera. A lo sumo dos, vencidas, probablemente, por otra fija mejor.
"Matemáticamente, la fija no existe. Sí caballos que reúnen requisitos para vencer a otros, desde lo teórico, porque en carrera empiezan a tallar un sinnúmero de imponderables que pueden ponerse en contra del candidato seleccionado y lo voltean", dice Moya, que difícilmente abandone su actitud cauta, discreta, alejada de todo orgullo por más que entre el 40 y el 45 por ciento de las veces sus anticipos den en el clavo.
Y sigue: "Hay casos de caballos que en condiciones normales debieran ganar y perdieron, y otros que sorprenden triunfando en una carrera donde no podían hacerlo en apariencia. La victoria de un favorito se entiende, pero cuando se da un batacazo es difícil encontrar una explicación. A veces, lo de esos caballos resulta sólo un chispazo y jamás vuelven a vencer", relata, seguro de que esa mezcla de aciertos medianamente previstos y sorpresas reales forman parte de la magia de las carreras.
Sabor agridulce
Acaso la confiabilidad de los pronósticos de LA NACION haya alcanzado su punto máximo cuando allá por los años 90 el diario recomendó los nombres de los caballos que completaron una apuesta "5 y 6" de Palermo, jugada que consiste en acertar los ganadores de seis carreras consecutivas.
Aquel día, la apuesta no tuvo ganadores y el pozo quedó vacante. "Fue un resultado con sabor agridulce", recuerda el cronometrista, mientras clava la vista en un tordillo a punto de comenzar su vareo. "Satisfacción por haber indicado los ganadores y cierta tristeza porque ningún jugador los aprovechó."
No sólo prismáticos, relojes y ojo clínico para detectar dónde esta el "crack" hacen al buen pronosticador. También asistencia casi perfecta a las tardes de hipódromos, videos para estudiar las características de cada caballo, conocimientos de pedigrees, jockeys, entrenadores, pistas y hasta cualquier sutil detalle capaz de inclinar la balanza.
"No se puede sostener un candidato por un pálpito o por una simple corazonada. Arriesgar un candidato es comprometerse, y hay que hacerlo de manera profesional", relata el hombre.
Con miles de carreras vistas en sus 72 años, Moya asegura además que jamás nadie lo "invitó" a esconder un candidato, con la intención de que el probable acierto fuera un secreto para pocos. Deporte con magia, donde no hay perdedores eternos, acaso uno de los principales milagros del turf sea lograr la resurrección permanente de sus apostadores. Porque cada vez que muere una fija, nace otra en la carrera siguiente.
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