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NUEVA YORK—. Mandy Rosenberg, de 35 años, de Brookfield, Wisconsin, siempre ha llamado la atención por su aspecto. Con su largo cabello rubio, su contextura atlética y sus grandes ojos azules, algunos de sus compañeros de secundaria la llamaban Barbie.
Pero aunque la gente a menudo le decía que era bonita, ella no se veía a sí misma de la misma manera. Pasaba horas mirando una pequeña imperfección en su frente que apenas era visible para los demás. En su mente, era una cicatriz grande y desagradable, y se subía al vanitory del baño para acercarse lo más posible al espejo mientras la examinaba.
“Si no podía hacer que eso desapareciera, ya no quería vivir”, dijo.
No lo sabía en ese momento, pero tenía tanto trastorno obsesivo-compulsivo como trastorno dismórfico corporal (TDC), una condición de salud mental que hace que las personas pasen una cantidad excesiva de tiempo preocupándose por su apariencia, hasta el punto en que pueden aislarse de los demás y sentirse prisioneras en sus propios cuerpos.

Las personas con TDC no solo piensan que se ven poco atractivas, sino que pueden llegar a convencerse de que los demás las rechazarán debido a sus defectos.
“A menudo sienten que no son dignas de ser amadas”, dijo la doctora Katharine Phillips, experta en TDC y psiquiatra en Weill Cornell Medicine y NewYork-Presbyterian.
Aquellos con TDC se fijan en problemas cosméticos que para otros parecen imperceptibles o menores. Pero no se trata de vanidad: en cambio, las personas con TDC sienten una angustia extrema que afecta su funcionamiento.
El trastorno suele aparecer durante la adolescencia y se estima que afecta entre el 2% y el 3% de la población general, pero estas cifras pueden ser conservadoras porque el trastorno está subdiagnosticado.
Los estudios han mostrado diferencias en los cerebros de las personas con TDC, dijo Jamie Feusner, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina Temerty de la Universidad de Toronto. Algunas de sus investigaciones han encontrado que, entre las personas que tienen la condición, las áreas del cerebro que nos ayudan a ver las cosas de manera holística están poco activas.

Esto podría ser parte de la razón por la que las personas con TDC tienen problemas para ver sus imperfecciones como pequeñas en relación con todo su rostro o cuerpo. Es similar a mirar una ventana con una mancha y luego “pensar que toda la ventana está arruinada”, dijo Feusner.
Los pacientes con TDC no siempre son conscientes de que sus preocupaciones provienen de un problema de salud mental. En cambio, a menudo creen de todo corazón que tienen defectos físicos. Debido a esto, alguien podría sufrir durante una década o más antes de buscar ayuda de un profesional de la salud mental, dijo Hilary Weingarden, psicóloga en Massachusetts que estudia el TOC y condiciones relacionadas.
En cambio, “van a su dermatólogo, a un cirujano plástico, al dentista y al esteticista”, dijo el especialista. Pero intentar “arreglar” su apariencia solo sirve para mantener y exacerbar su ansiedad a largo plazo.
Las personas con TDC pueden retirarse de las relaciones, evitar asistir al trabajo o a la escuela y pasar una cantidad excesiva de tiempo en comportamientos repetitivos como examinarse en el espejo, intentar camuflar su apariencia o buscar la aprobación de los demás.
Chris Trondsen, un terapeuta en Costa Mesa, California, quien diagnosticó a Rosenberg con TDC, dijo que sus pacientes admiten pasar horas charlando con bots de inteligencia artificial, buscando afirmación y preguntando qué deberían arreglar.
“Si le preguntas a un humano, la gente se va a hartar de responder las preguntas”, dijo Trondsen. El especialista quiso estudiar psicoterapia a raíz de su propia lucha con el TDC. Él también solía fijarse en su cutis y en otras partes de su cuerpo. Le preocupaba que su nariz fuera demasiado grande para su cara y que su cuerpo no fuera lo suficientemente musculoso, una forma de TDC llamada dismorfia muscular.
“Seguía pensando que me estaba volviendo más feo”, dijo Trondsen. Como muchos pacientes con TDC, también pasaba horas revisando su cuerpo en espejos y rara vez salía de su departamento. A los 21 años, Trondsen intentó suicidarse. Podría haber muerto si su compañero de cuarto no lo hubiera descubierto. Después de eso, buscó ayuda y fue diagnosticado con TOC y TDC.
Es común que aquellos con TDC también tengan condiciones como TOC, trastorno depresivo mayor, fobia social y trastorno por consumo de sustancias. Los estudios indican que las personas con TDC también tienen altas tasas de ideación y comportamiento suicida. Un metaanálisis encontró que, a lo largo de la vida de un paciente, alrededor del 66% de aquellos con TDC tendrá pensamientos de suicidio y alrededor del 35 por ciento lo intentará.
Se ha demostrado que la terapia cognitivo-conductual para el TDC conduce a la remisión en más de la mitad de los pacientes. Incluye la exposición y prevención de respuesta, que está destinada a ayudar a los pacientes a enfrentar gradualmente las cosas que han estado evitando o los rituales de los que se han vuelto dependientes, como ocultar partes de su cuerpo con ropa o maquillaje.
Los terapeutas intentan ayudar a los pacientes a verse a sí mismos de manera más holística, enfatizando que hay más en ellos que las partes específicas de sus cuerpos que escudriñan.
El trastorno también puede tratarse con inhibidores de la recaptación de serotonina, o IRS, a menudo en dosis altas. Para aquellos con TDC severo, se recomiendan tanto la medicación como la TCC, dijo la Dra. Phillips.
Para Rosenberg, la terapia cognitivo-conductual con su antiguo terapeuta ayudó gradualmente a su condición. Más tarde, como parte de su tratamiento, creó un diagrama que mostraba todas las cosas que contribuyen a su identidad: es hija y cristiana fiel, ama a los perros y gatos, es maestra, es cariñosa; es más que solo su apariencia. Mi cuerpo, dijo, “no llega a determinar cómo paso mi día”.
Por Christina Caron




