¿Qué estudio? Por la pandemia, los chicos se angustian con el fin del secundario

La ausencia de perspectivas de futuro dificulta las decisiones
La ausencia de perspectivas de futuro dificulta las decisiones Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Coló / archivo
Silvina Vitale
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12 de noviembre de 2020  • 08:18

El ingreso a la universidad se vive de forma diferente para los alumnos delúltimo año del colegio secundario.La camada 2020 está entre las más afectadas por las consecuencias de la cuarentena para todo lo que conlleva el fin del secundario. La incertidumbre no sólo se manifiesta en cómo van a terminar su educación media sino también en su futuro próximo.

"Todavía no estoy segura qué quiero estudiar", dice María Florencia Guzmán del quinto año del Instituto Ceferino Namuncurá de Villa Urquiza. "Tengo dudas con respecto a la carrera ya que este año fue muy complicado a nivel escolar y emocional y se me dificulta ver hacia el futuro. Siento que me faltó una etapa del secundario y es algo que no voy a volver a recuperar. No pudimos vivir nuestro presente como lo esperábamos", agrega.

"En condiciones normales, la elección de una carrera es el momento de mayor incertidumbre en la vida de un joven, dado que en esta elección se pone en juego la construcción de un proyecto de vida. Es un proceso que genera mucha ansiedad, temor y estrés. Pero en las circunstancias que nos tocan atravesar, los jóvenes viven además un final atípico, cargado de emociones" explica Romina Cavalli, vicerrectora académica de la Universidad del Salvador (USAL). "La angustia es la principal protagonista en este escenario. Esto puede visibilizarse en el aumento considerable de consultas por procesos de orientación vocacional para encontrar un referente externo que acompañe esta decisión", añade.

Futuro anticipado

Según Paula Quattrocchi, secretaria de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), esto sucede porque el futuro que las personas anticipan o desean se imagina desde el tiempo presente y en el contexto actual, esto se transforma en un verdadero desafío porque el presente se percibe como incierto, lleno de restricciones, dificultoso y complejo. Desde la UBA se realizan regularmente relevamientos con la población que asiste a sus actividades y, por ejemplo, identificaron cómo la pandemia y el aislamiento están impactando en los proyectos futuros de quienes finalizan la escuela secundaria. El 92% reconoce que actualmente tiene preocupaciones que no tenía antes de la cuarentena. Las mismas se refieren tanto a las áreas educativas y laborales, como también a aquellas relacionadas con la salud, el tiempo libre, los vínculos con sus amigos, las tareas domésticas y de ayuda en la casa, la afectación de la rutina, entre otras. "Estas preocupaciones inciden en la manera de ver el mundo y proyectarse hacia el futuro", explica Quattrocchi.

El cambio de etapa genera incertidumbre
El cambio de etapa genera incertidumbre Crédito: shutterstock

Además, el 49% de los jóvenes manifiesta que la cuarentena obligatoria generó cambios en su manera de ver, pensar y considerar el mundo del estudio y del trabajo. Otro aspecto es que las figuras e instituciones que habitualmente funcionan como sostén y apoyo al momento de finalizar este ciclo, como los grupos de pares, las familias, docentes y otros adultos referentes también se ven afectados por este contexto inédito.

"Pensaba que con la orientación vocacional que iba a hacer en el colegio podía llegar a decidir qué voy a estudiar, pero pasó esto y no pude. No sé bien para qué lado enfocarme, puede ser hotelería o turismo en general. Al no tener el último año se me hace más difícil el cierre del secundario y el inicio de la universidad u otros estudios", admite Albertina Schmidt, que asiste al último año del Instituto Nuestra Señora de Luján, de Villa Pueyrredón.

Cambios abruptos

Para Quattrocchi, el incremento de las preocupaciones está vinculado con los cambios abruptos en sus rutinas. La suspensión de las actividades educativas en todos sus niveles los afecta dado que la escuela es un organizador de la vida cotidiana y un espacio de encuentro y de intercambios necesarios para formularse preguntas y entender el mundo.

Coincide Hugo Alegre, jefe del departamento de ingreso de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), en que, claramente, el escenario de pandemia acentuó la inquietud. "La camada 2020 ha vivido un cambio muy abrupto, lo que profundizó sus miedos y su ansiedad, pero a su vez creo que les otorgó una mayor capacidad de adaptación", sostiene. Según Alegre, entre los problemas que tienen los chicos se destaca la falta de proyección. "Muchos de ellos se sienten abrumados, consternados y con mucha ansiedad por saber cuándo finalizarán el secundario, si se extenderá o no el período de clases y cómo se adaptarán al primer año en la universidad", explica.

Para María Felicitas Orezzio, licenciada en Psicopedagogía y coordinadora del área Universidades del St. George´s College de Quilmes, lo importante es estar atentos a lo que los chicos expresan acerca de su futuro. "Si se observa una duda persistente, resistencia a hablar del tema o una indecisión perdurable más allá del acompañamiento que ofrece la escuela, es recomendable recurrir a profesionales de la orientación vocacional para discernir dónde está el problema y diseñar un abordaje de acompañamiento del proceso de elegir", advierte.

Mayor disponibilidad

Sin embargo, María Florencia Báez, directora del Departamento de Orientación Universitaria Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad Católica Argentina (UCA), observa que, por otro lado, los jóvenes han tenido mayor tiempo y disponibilidad para indagar en las diferentes alternativas que ofrece el mundo universitario. "También se los observa muy involucrados, esto se tradujo en un crecimiento a lo largo del año de consultas y participación en talleres de reflexión, proceso de orientación vocacional y charlas", dice.

Pablo Hernández Molteni, secretario de Promoción e Ingreso de la USAL, admite que toda crisis trae una oportunidad. "Los jóvenes han comenzado a conectarse con su elección desde una vertiente diferente. Aprovechan toda oportunidad de capacitación y recursos que les brinden herramientas necesarias para enfrentar la incertidumbre con una mayor solidez", sostiene. Además, para Hernández, otro aspecto positivo en este contexto es que la construcción de un proyecto personal se ha convertido en un interés familiar. "Este nuevo escenario hace que participen activamente todos los integrantes de la familia, los adolescentes le dedican tiempo, lo toman con seriedad, reflexionan, investigan y comparten sus emociones con otros", finaliza.

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