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Luego de la emergencia causada por el terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, todo el país volcó sus ojos hacia los afectados, muchos perdieron a sus familias, su hogar y hasta su fuente de empleo. En medio de la situación, también se habló sobre la salud mental, no solo de quienes lo perdieron todo, sino también de quienes los acompañaron en la tragedia, se solidarizaron, decidieron informarse o se quedaron con la preocupación de que un nuevo temblor se fuera a sentir. Por eso, el doctor Santiago Rojas, médico, conferencista y autor experto en bienestar y crecimiento personal, brindó herramientas para gestionar el miedo y la ansiedad tras este tipo de situaciones adversas.

“En el año 1985, el 13 de noviembre, una avalancha de lodo y piedras de un volcán destruyó mi pueblo, Palmero, en Tolima. 25.000 personas murieron. Perdí todo lo que tenía físicamente, perdí muchas personas conocidas y eso me marcó para entender lo que significan este tipo de condiciones. A través de la vida me fui formando, investigando, acompañando el proceso de miles de personas y por eso lo aprendí de una manera dual: con la academia y la naturaleza”, explicó el médico. ¿Cómo enfrentar este tipo de dificultades que se nos presentan? El experto dio tres ejercicios clave que tienen que ver con la postura corporal, la respiración y el diálogo interno.
A partir de esta experiencia de vida, el doctor Rojas habló sobre la importancia del diálogo interno, que no solo tiene que ver con las palabras que nos decimos a nosotros mismos, sino con nuestra postura física.
A partir de la importancia del diálogo con uno mismo, el doctor compartió un primer ejercicio que resulta fundamental, en especial cuando se están enfrentando dificultades. “Esta es la raíz del diálogo interior, mi postura corporal. Todo lo que mi cuerpo le dice al cerebro es un diálogo interior. Entonces, si yo estoy mal, lo primero que hay que preguntarse es: ¿cómo estoy colocado?”
“La postura corporal es lo esencial para enfrentar una dificultad en la vida”, recalcó. “Al cuerpo, después de una experiencia traumática, no le sirven las palabras de consuelo, sino las acciones corporales”.

“Si ya pasaron semanas de la emergencia y aún tenemos miedo, ya ese miedo traspasó la barrera psicológica de la anticipación y se volvió a la barrera de la hipervigilancia. Y es un acto biológico. Entonces, si no trabajamos el cuerpo, no nos vamos a sentir bien”, explicó el experto, quien recomendó hacer conciencia de la postura, ponerse erguido y evitar agachar la cabeza.
“La segunda fundamental es cómo me hablo a mí mismo y la mejor forma de hablarse para tranquilizarse es hablarse en susurro. ¿Quién nos habló en susurro? El papá, la mamá, la abuelita, el abuelito. Cuando alguien me habla en susurro, yo no tengo cómo defenderme”, continuó explicando. El experto enfatizó la importancia de tener un diálogo interno amable con uno mismo: “Cuando a ti te hablan de manera positiva, tu respuesta se da sin ningún esfuerzo”.
El ejercicio consiste en tranquilizarse con palabras amables y suavemente, con un susurro, diciéndose a sí mismo que todo va a estar bien, por dura que sea la situación.
Y, finalmente, el tercer elemento importante es la respiración. “Si yo pienso de una manera, respiro de una manera. Como respiro, pienso y como pienso, respiro. Entonces, como no podemos cambiar el pensamiento porque nos agobia, podemos cambiar la respiración”.
“Cuando se respira por la boca, el cerebro va a interpretar que está en modo supervivencia. Si se respira por la nariz, lo interpreta distinto. La respiración debe ser nasal y lo segundo es que debe ser diafragmática”, agregó.

“Si yo respiro menos de seis veces o seis veces por minuto, mi sistema interpreta que estoy tranquilo. Porque cuando estamos ansiosos y agitados, respiramos 20 o 30 veces”.
Para este ejercicio, lo ideal es respirar menos de seis veces por minuto y luego exhalar más lento. Se pueden hacer varias técnicas de respiración, pero el médico recomendó hacer el suspiro fisiológico, que consiste en una doble inspiración y luego una exhalación larga por la boca, que termine con una sonrisa en el rostro y colocando la punta de la lengua contra el paladar. “Cambia totalmente la sensación corporal. Si lo hacemos tres veces, esto rompe un momento de ansiedad. Y vean lo que siente su cuerpo cuando lo hace, 30 segundos después aparece una respuesta natural de calma”, explicó.
“Lo que más le importa al cerebro es el diálogo interior, que es: ¿cómo me hablo? ¿cómo respiro? y ¿qué postura tengo?”, resumió el experto.
“A uno le sirve hacer algo práctico, postura corporal, respiración diafragmática, nasal, exhalación larga, menos de seis veces por minuto, y hablar cuando tenga las dificultades de manera como mi madre o mi padre me hablaría si fuera yo un niño, en tercera persona y en susurro. Y eso mi cuerpo lo va a entender muchísimo más que si me insulto o si me grito”, concluyó.




