
Quejas de vecinos por un improvisado canil en Recoleta
Hay mucha suciedad y olores nauseabundos
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Suciedad, poca iluminación, inseguridad y olores nauseabundos son algunos de los reclamos de los vecinos por un improvisado canil que curiosamente, desde hace años, funciona sobre la vía rápida Brigadier Juan Facundo Quiroga, detrás del parque Thays y en diagonal al Centro Nacional de Exposiciones.
"Es desagradable para los que corremos por acá a la mañana; no sólo por el olor, sino también porque no están dadas las condiciones de seguridad para que haya tantos animales", protestó Mauro Sabag, arquitecto, de 35 años.
El espacio en cuestión es una plazoleta que numerosos paseadores utilizan cada mañana para llevar hasta 400 canes.
"El único canil habilitado que hay en esa zona es el que funciona en el parque. La plazoleta que está enfrente no es un sitio que el gobierno haya habilitado para tal fin", dijo Ivanna Brunett, del área de Prensa del Ministerio de Espacio Público del gobierno de la ciudad.
Los paseadores reclaman porque, según dicen, el espacio fue creado como un canil durante la gestión de Aníbal Ibarra y durante el último año comenzaron a intimarlos las autoridades porteñas por usurpar ese predio.
"A fines del año pasado tuvimos problemas, lo que nos resulta bastante incomprensible, porque el mismo gobierno que creó esto para que funcionara como canil nos acusa ahora de estar usurpándolo. La verdad es que no hay caniles cerrados para estar con los perros. Obviamente, nosotros seguimos viniendo porque no tenemos otro lugar adonde llevarlos", dijo a LA NACION Camila Benaya, una paseadora.
Otros vecinos también se quejaron de la precariedad del ingreso en el canil, que está cerrado con una puerta de alambre, improvisada por los propios paseadores.
"A la mañana realmente hay numerosos perros y es muy común que alguno se escape. Esa especie de puerta que hicieron ahí no reúne ninguna condición de seguridad. Un día va a haber un accidente con una persona o con un auto. Entonces sí van a reaccionar", comentó Liliana Palacio, de 44 años, odontóloga.
Lejos de amilanarse, los paseadores retrucan que fue el propio gobierno de la ciudad el que rompió las rejas que circundan el perímetro de la plazoleta.
"A fin de 2008, vino un grupo de personas vestidas de civil, con una camioneta blanca y actitud patotera. Estaban acompañados de efectivos de la Policía Federal y dijeron que el canil estaba tomado. Ellos rompieron la reja que había ahí y que hacía de entrada", dijo Marcelo Alvarez, paseador.
La cantidad
Otro tema de conflicto entre los paseadores y las autoridades del gobierno porteño es el número de perros que puede llevar cada uno.
Mientras la legislación de la ciudad estipula claramente un máximo de ocho perros por paseador, éstos suelen trasladar a muchos más, pues aducen que con esa limitación les es imposible sostener su trabajo.
"El máximo de ocho perros es muy arbitrario y está mal pensado, porque nuestro trabajo no sería rentable", dijo Alvarez.
Es así como se puede advertir con frecuencia a paseadores que llevan de una sola vez hasta 20 animales.
Las multas previstas para quienes infrinjan la norma [los que lleven más perros de lo permitido y no recojan las defecciones] pueden llegar hasta 200 pesos. A pesar de que en 2009 ya se labraron más de 1000 infracciones de ese tipo, hasta julio pasado no se había cobrado ninguna.





