
Quieren que el Museo Guggenheim instale una sede en Puerto Madero
La famosa institución tiene cinco centros en todo el mundo; invertirían US$ 150 millones
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NUEVA YORK.- Caminando por el Central Park, en un día de invierno con sol casi porteño, las curvas blancas del fantástico Museo Guggenheim diseñado por Frank Lloyd Wright se asoman detrás de los árboles como una de las figuras más representativas de la ciudad.
Lo mismo ocurre en las sedes que el prestigioso museo neoyorquino tiene desde hace dos años, en Bilbao. ¿Será Buenos Aires la próxima en la lista?
El "sí" más valioso del mundo del arte -el de Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim y responsable de los movimientos más audaces de la institución- está cada vez más cerca, según adelantó a La Nación la secretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad, Teresa Anchorena.
"Dispondremos para su construcción un terreno grande muy bien situado en Puerto Madero y será un esfuerzo conjunto con el gobierno nacional", agregó, ilusionada después de la reunión que ella y el secretario de Turismo de la Nación, Hernán Lombardi, mantuvieron con el pope del célebre museo, que se mostró "muy interesado" en la reunión del martes último.
El Museo Guggenheim comenzó a funcionar en Nueva York hace seis décadas. Aquí tiene dos sedes, el célebre edificio emplazado en la Quinta Avenida, diseñado por Frank Lloyd Wright, y otro ubicado en el barrio Soho, sobre la calle Broadway. En Venecia se constituyó la colección Peggy Guggenheim, cuyo patrimonio fue donado en 1979 al Museo Salomon R. Guggenheim.
En 1997 abrieron las sedes de Bilbao, cuyo edificio fue construido por el gobierno Vasco, y de Berlín, en asociación con el Deutsche Bank. El museo tiene, además, una sede virtual(http://www.guggenheim.org).
Un paso más
Mañana, el jefe del gobierno porteño, Enrique Olivera, volverá especialmente a Nueva York para encontrarse con Krens.
Anchorena adelantó a La Nación que podría haber grandes anuncios entonces. "Pero quiero asegurarme de que esto no termine en una distribución masiva de franquicias Guggenheim", aclaró.
Por su parte, Anchorena recordó que "fueron los políticos vascos los que convencieron a Krens de construir en Bilbao".
"El había pensado en cientos de ciudades, salvo ésa, para instalar el siguiente museo", comentó la funcionaria en un alto en el multitudinario recital de Susana Rinaldi realizado anteanoche en el World Financial Center, uno de los primeros del festival Celebrate Buenos Aires!, que durará hasta el 26 de marzo.
-¿Ocurrirá lo mismo con Buenos Aires?
-Krens conoce perfectamente la intensidad de la actividad cultural que hay en la capital argentina, lo cual la convierte en una candidata natural. Y sabe que no la tiene Chile y ni siquiera Brasil en ciudades como San Pablo o Río de Janeiro.
-¿Quién financiaría la inversión?
-El costo está calculado en 150 millones de dólares, repartidos a lo largo de tres años. En Bilbao, el sector público fue un gran contribuyente, cosa que -por el presupuesto que tiene Cultura- en Buenos Aires sería imposible, por lo que se buscará un mayor apoyo de las empresas. De cualquier manera, ya convinimos con Krens en hacer un estudio de factibilidad cuyos resultados estarán en seis meses, porque habría que hacer adaptaciones a nuestro presupuesto.
El peso cultural
La ofensiva porteña por lograr que Buenos Aires sea finalmente la ciudad elegida coincide con la futura inauguración de dos nuevos museos de arte en la capital argentina: los que llevarán los nombres de Fortabat y de Costantini, además de las obras de remodelación del Museo de Arte Moderno, en San Telmo.
-¿Por qué es tan importante traer el Guggenheim a Buenos Aires?
-Buenos Aires tiene una oferta cultural enorme que Bilbao no tenía. No podemos esperar que cambie la vida de la ciudad de una manera tan radical. Pero Guggenheim hoy es una gran marca y una manera de insertar a Buenos Aires en el mundo de la cultura de manera directa.
-¿Por qué se reunió con especialistas norteamericanos en conservación, lírica y arquitectura?
-Creo que es importantísimo incorporar los ejemplos del exterior a los proyectos locales. Es montarse sobre los hombros de un gigante, no copiarse. No se puede estar descubriendo la pólvora todos los días, así que hay que aprovechar lo que otros ya saben, y después adaptar.
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