
Recolectan y venden latas para vivir
Cerca de 4000 personas las comercializan con particulares o en depósitos; les pagan hasta $ 1,20 por kg
1 minuto de lectura'
Alrededor de cuatro mil personas viven de la recolección de latas en la ciudad de Buenos Aires. Cobran 1,20 peso por kilo, con lo que llegan a reunir, en algunos casos, hasta 600 pesos mensuales.
Teniendo en cuenta que cada recolector informal logra juntar por día un promedio de ocho kilos, el comercio de esos envases, mayoritariamente de gaseosas, moviliza alrededor de 38.400 pesos diarios. Eso sin tener en cuenta las ciudades del interior del país, donde se refleja una tendencia en el mismo sentido.
Sin embargo, la cadena no termina allí. Una vez adquiridas por los depósitos, las latas son revendidas a empresas de fundición que llegan a pagar cerca de 2 pesos por kilo.
Sergio Meza es propietario, en la calle Garay al 2200, de uno de esos locales que cumplen la función de intermediarios entre los recolectores y las empresas fundidoras. "Hace un mes que estoy acá y no me puedo quejar. Por ahora, me va bien. En las mejores épocas vendía alrededor de tres toneladas de latas por semana", afirma.
Pasado en limpio, el negocio de Meza parece ser redondo. Solamente por revender las latas embolsa alrededor de 24.000 pesos al mes.
"Cada persona trae entre cinco y ocho kilos. Por día vienen 60 personas. Nosotros sólo somos intermediarios, acá no fundimos las latas. Para fundirlas podés ir a Metales del Talar y ahí te compran por camión. No hay un máximo. Llevás lo que querés", explica Meza.
El comercio de las latas se realiza en Buenos Aires desde hace seis años y se intensificó en los últimos tiempos debido a la crisis económica. En la actualidad, las zonas de mayor afluencia de recolectores informales son las de las estaciones porteñas de Retiro, Constitución y Once.
Sin embargo, si un ciruja decide juntar latas en otros lugares de la ciudad, debe pagar un "peaje" de alrededor de 20 pesos. "Yo quise ir a Palermo y no me dejaron entrar (los cirujas establecidos previamente en el lugar). Me dijeron que tenía que pagar entre 15 y 30 pesos", cuenta José Paz, un tucumano que llegó a Buenos Aires hace 30 años y, según dice, recoge latas para poder subsistir.
Según el artículo sexto de la ordenanza 33.581, que se sancionó el 15 de junio de 1977, se prohíbe la "remoción y selección" de la basura en el distrito. La práctica indica que la norma es constantemente vulnerada, especialmente merced a que no hay sanciones para quienes la transgredan.
Desde muy temprano
La recolección comienza desde muy temprano, como si se tratara de una rutina de trabajo. A las 6, el hombre vestido con un jogging, una camisa y un par de zapatos embarrados se acerca a un tacho de basura, examina los residuos, saca una lata de gaseosas y la guarda en su changuito.
El protagonista de esta costumbre es Roberto Rodríguez, que recolecta latas desde hace dos años, tiempo después de quedarse sin trabajo como albañil.
"Es la única manera que tengo para poder juntar unos pesos y vivir dignamente. Más o menos levanto cinco o seis kilos por día y después los vendo a 60 centavos cada uno y saco 4 pesos. Se las vendo a un chico, acá en Constitución. Ahora no sé a cuánto las venderá él", comenta Rodríguez, mientras acomoda una de las mantas que lleva colgando. "Esto lo uso cuando me voy a dormir", dice.
Por lo general, en una bolsa de consorcio entran 3 kilos de latas. Esto significa 186 envases que los cirujas aplastan para ganar lugar.
De todas maneras, existen recolectores más organizados que logran reunir una mayor cantidad de latas y así consiguen, por ejemplo, pagar sus impuestos.
"Con lo que junto de los tachos me alcanza para mantener mi casa, pagar la luz, el gas, el teléfono y comer. Llego a juntar 800 pesos al mes", sostiene Raúl Lezcano, que vive junto con su mujer y uno de sus hijos en Loma Hermosa.
Antes, Lezcano trabajaba de albañil, pero ahora se sonríe con su nueva tarea.
"Mi zona es la que rodea las calles Azopardo y Chile. Uno tiene que saber por dónde juntar las latas. Tengo que estar organizado, porque si no no me alcanza", explica mientras se apresura para llegar al próximo volquete y levantar la mayor cantidad de latas posible.
Un proyecto para captar desocupados
Con el objetivo de crear fuentes de trabajo, la Cooperativa El Ceibo de Provisión y Servicios lanzó el Proyecto Promoción Socioambiental, un programa que contratará desocupados y recolectores informales de basura para la recuperación de residuos inorgánicos y su venta posterior.
"El propósito es generar empleo y mejorar la calidad de vida", sostuvo Cristina Lescano, presidenta de la cooperativa, que cuenta con el apoyo de una decena de empresas y que se apresta a suscribir un convenio con el gobierno porteño.
Los trabajadores recibirán un sueldo de 200 pesos, obra social y libreta sanitaria. El proyecto está dividido en tres etapas. La primera comenzó en febrero último con el reconocimiento de la zona para definir un recorrido de recolección.
La segunda etapa se basará en que los vecinos tomen conciencia de la importancia de la clasificación de los residuos en orgánicos e inorgánicos, en bolsas bien diferenciadas, para facilitar la tarea de los recolectores.
Puerta a puerta
Finalmente, a partir del mes próximo los recuperadores pasarán a retirar por las casas la basura inorgánica -plásticos y aluminio- en el día y horario acordado con los comerciantes y las familias.
Los recolectores estarán identificados con credencial y uniforme, y recibirán guantes. En total, cerca de 62 personas participarán del proyecto.
La iniciativa para la integración del cirujeo, que se viene gestando desde el 1987, fue presentado ante distintos organismos nacionales e internacionales. Y, en enero de este año, fue finalista en Washington entre las propuestas presentadas por más de cien países ante el Banco Mundial.
1
2Revelador hallazgo: un fósil patagónico cambia la perspectiva sobre un enigmático grupo de pequeños dinosaurios carnívoros
3Cómo viajo en CABA: así se usa el mapa interactivo para saber cómo llegar a una dirección en subte, colectivo o caminando
4“¿Está dentro del espectro?”: cómo se llega al diagnóstico de autismo y cuáles son los desafíos


