
Reflexionar sobre la solidaridad
Se llevó a cabo la VII Jornada Intercolegial; las conclusiones
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Un día completo para reflexionar sobre la cultura de la paz, la inclusión, el compromiso, la tolerancia y la adversidad. Eso significó la jornada de ayer para cientos de chicos de todo el país que participaron de la VII Jornada Intercolegial de la Solidaridad.
"Al lado de lo que pasó en Carmen de Patagones hay una multitud silenciosa de chicos que no llevan armas, que construyen la paz. Si hay esperanza en la Argentina, estos chicos son un buen motivo para seguir confiando", dijo Gustavo Mangisch, el rector del Colegio Marín, de Beccar, donde se realizó la jornada.
Alumnos de 130 escuelas de todo el país, públicas y privadas, que desarrollan en sus aulas acciones solidarias y de servicio comunitario, se reunieron ayer para intercambiar experiencias y escucharse. "Queriendo o sin querer es una respuesta conmovedora a lo que les toca vivir a los jóvenes. Viven con mucha angustia lo que pasa y sin embargo esto es una manifestación profunda de esperanza", dijo Juan Carr, titular de la Red Solidaria, invitada del encuentro.
El objetivo era que las escuelas e instituciones participantes realicen una tarea de formación, información y concientización acerca del valor de la solidaridad como eje transversal en el proceso educativo; que los participantes tomen conciencia de la necesidad de un diálogo genuino y fraterno con diversas realidades del país y que se genere un espacio de reflexión profunda para asumir el compromiso de reconstruir el país entre todos.
El gran ejemplo de esta jornada, como ocurrió en las seis anteriores, fue la Madre Teresa de Calcuta. Detrás de Luis Heredia y Analía Caballero había un enorme cartel que decía: "Todo lo que no se da, se pierde". Los chicos estaban en el stand del Colegio Santo Domingo Savio, de la villa La Cava. En contraturno, durante dos horas, llevan adelante el Centro de Lectura para todos, donde leen a los alumnos más pequeños de la escuela.
Edgar Mansilla, de 13 años, llegó con un compañero y una maestra desde la escuela rural de Tres Lagos, a 160 kilómetros de El Calafate, en Santa Cruz, para dar a conocer su tarea. El pueblo donde viven tiene 200 habitantes y los alumnos desarrollan múltiples tareas: una huerta orgánica, una radio que los mantiene informados (a su pueblo no llegan diarios ni revistas) y un proyecto de lectura que busca sacar a los pequeños del sedentarismo. "Lo más importante no es lo que se ve sino lo que está detrás de cada iniciativa", destacó Mangisch.
Era cierto. Detrás de cada foto, de cada proyecto, de cada stand, había una decena de chicos que construyen en silencio un país mejor.





