
Refugiados, recuperando su identidad
Muchos de los judíos que llegaron a la Argentina después de la guerra se vieron obligados a adquirir otro nombre para poder permanecer; se derogó la circular que prohibía su entrada al país y ahora podrán hacer un trámite para recuperar su identidad
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La guerra deja marcas imborrables en quienes fueron sus lamentables testigos. Quienes pudieron escapar a aquel horror debieron asumir nuevas identidades para sus nuevas vidas.
Tuvieron, para empezar, que cambiar su nombre por uno que no develara su identidad porque no solían cambiar el nombre ni el apellido sino sólo la condición de identidad, no decían que eran judíos, decían católicos y en algunos casos protestantes. La circular 11 –secreta y emitida en julio de 1938- prohibía la entrada de judíos a la Argentina durante la guerra.
La normativa fue derogada el 8 de junio último, en un acto inédito de reconocimiento del Gobierno por una falta del pasado.
Esa decisión 67 años atrás tuvo un punto final y un efecto: a partir del 7 de julio, quienes ingresaron en el país con otro nombre tienen el derecho de restituir su identidad en los registros migratorios sin el abono del arancel correspondiente.
La Circular 11. Fue la orden secreta emitida en 1938 por el canciller José María Cantilo para evitar que perseguidos políticos y judíos recibieran visas de entrada a la Argentina. El funcionario dejaba explícito que no había circunstancias atenuantes: no quería que las víctimas del nazismo en Alemania y de la guerra encontraran refugio por aquí.
"Secreta, vergonzosa, era sin embargo vox populi entre todos los refugiados que buscaban asilo en la Argentina. Se sabía que si algún funcionario consular preguntaba la religión, lo que no había que decir era «judía»", explica Diana Wang, presidenta de Generaciones del Holocausto, nacida en Polonia y llegada al país con su madre el 4 de julio de 1947.
"Con el Presidente de la Nación, Néstor Kirchner, y el Ministro del Interior, Aníbal Fernández, como testigos presenciales, escuchamos de boca del ministro de Relaciones Exteriores el reconocimiento de aquella complicidad del pasado con una de las causas más abyectas de la humanidad, el nazismo. Parecía natural que la condición de judío nos ubicara en una categoría de secundariedad sin opción a ciertos barrios, posiciones, clubes, organizaciones, y que ello sucediera sin que se le moviera un pelo a los retóricos de la libertad y la igualdad de derechos y oportunidades. Este reconocimiento del gobierno argentino de la limitación al ingreso de los judíos, las disculpas y la derogación de la infamante directiva, ha sido un paso trascendental en nuestra vida de argentinos judíos", expresó Wang.
"Los hechos del pasado no se pueden cambiar, pero estos gestos simbólicos, son pasos trascendentales en el camino de recuperación de valores que nos sustentan como sociedad y de nuestra dignidad humana".
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