
Regresan a su tierra los restos del cacique
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La ceremonia indígena del Naguillatúm, realizada ayer a la salida del sol, selló el regreso de los restos del cacique ranquel Mariano Rosas a la tierra donde había nacido y vivido, la capital de sus dominios, Leuvucó.
Después de 123 años de la profanación de su tumba, durante la Campaña del Desierto, y luego de que sus restos permanecieran expuestos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata desde 1889, descansa finalmente dentro de una pirámide alargada de madera de caldén el cráneo de Panquitruz Gner en medio del monte de Leuvucó, a 25 kilómetros de Victorica, al norte de la provincia de La Pampa, casi en el límite con San Luis.
El viernes último los restos del cacique -cuya restitución fue establecida por ley en agosto de 2000, después de casi diez años de gestiones- fueron entregados por las autoridades del museo a una delegación del Consejo de Lonkos -palabra que significa cabezas- de comunidades indígenas de La Pampa y descendientes del cacique.
Desde el Aeroparque volaron hacia La Pampa en el Tango 03. A las 17.10 fueron recibidos por sus descendientes directos y por representantes de comunidades indígenas en el aeropuerto de Santa Rosa, donde entre rogativas y ofrendas los caciques y sus familias le dieron la bienvenida a su tierra.
Una caravana lo llevó hasta Victorica, a 170 kilómetros de Santa Rosa. Allí fue velado en el salón municipal por una guardia de honor montada por el Consejo de Lonkos.
El sábado, a las 10.30, volvió a partir la caravana rumbo a Leuvucó. Allí se realizó el acto oficial del que participaron el gobernador de La Pampa, Rubén Marín, y el secretario de Desarrollo Social y presidente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, Gerardo Morales.
De vuelta a casa
Cuando en el palco ya estaban las autoridades nacionales y provinciales, la urna con el cráneo de Mariano Rosas llegó portada a caballo por Marcos Carra, un joven descendiente de Mariano Rosas, escoltado por lonkos y conas -segundos de los lonkos- también montados.
"Marí, Marí, peñí", saludó Adolfo Rosas, descendiente directo de Mariano Rosas. "No pensé nunca en tenerlo en casa", dijo, sencillamente, emocionado.
Al son de trutrucas y cultrunes, típicos instrumentos musicales indígenas, los ranqueles acompañados por representantes de las comunidades mapuche, colla, huarpe y tehuelche, terminaron su ceremonia sagrada con el Choique Purrún o baile del avestruz.
Hace sólo un año que Carra sabe que es descendiente del recordado cacique, que retrató Mansilla en su libro "Una excursión a los indios ranqueles". Su tatarabuelo fue el jefe de la confederación ranquel desde 1848 hasta su muerte, en 1877.




