
Sacarían de circulación las monedas de 50 centavos
El Banco Central estudia rediseñarlas; quejas de los empresarios del transporte
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La escena de un pasajero que introduce una y otra vez la misma moneda de 50 centavos en la boletera del colectivo, sin terminar de aceptar que es falsa, dejó de ser una estampa ocasional para convertirse en una realidad cotidiana con la que los ciudadanos tienen que convivir.
Tan grande es la circulación de monedas "truchas" que el Banco Central estudia la posibilidad de cambiar el diseño de las piezas de 50 centavos, las más falsificadas, para poder retirar el modelo actual de la calle. Esta información fue confirmada por el subgerente de Emisión del Banco Central, José María Avilés, en diálogo con La Nación . La falsificación de monedas, que experimentó un "importante aumento en los últimos años", según aseguró Avilés, puede causar "desbarajustes" en el funcionamiento de la institución encargada de la emisión de dinero.
No se trata sólo de la falta de control sobre la cantidad de efectivo en circulación, sino también de que la existencia masiva de monedas falsas de 50 centavos puede desencadenar "que se consuman más las piezas de 10 y 25", obligando a un cambio en la política de emisión.
"Algunas empresas de transporte ya no aceptan en sus máquinas monedas de 50, y otras amenazan con no hacerlo en el futuro si no cambiamos sus características", afirmó Avilés.
Pero el problema también afecta a las monedas de 25 centavos, que del mismo modo podrían ser rediseñadas. La razón: el peso y la medida de las monedas válidas coinciden con los de monedas fuera de circulación o de algunos países extranjeros, y las inocentes máquinas monederas las aceptan. Ya no constituye una excepción que estos vendedores automáticos admitan, y por lo tanto devuelvan, australes, rublos rusos, pesos paraguayos, monedas chilenas o incluso fichas de metegol.
Jorge de Luca, encargado de recaudación de Transportes Plaza, reconoció que el problema de las falsificaciones causa "serios perjuicios" a las arcas de la empresa.
A pesar de que las máquinas recaudadoras fueron calibradas en numerosas ocasiones, según De Luca, algunas tiqueteras siguen sin reconocer las monedas falsas.
Algunos ciudadanos, carentes de los medios de los grandes falsificadores, encuentran fórmulas caseras para viajar sin pagar. "Hay gente que machaca las monedas de 25 centavos con un martillo para que tengan el diámetro de una de 50 -reveló De Luca-. Otros pegan una moneda de 10 centavos a un redondel de plomo, y las máquinas las aceptan igual."
De Luca reconoció que parte del problema se solucionaría con el retiro y el cambio de características de las monedas afectadas. "Ya se presentaron varias notas al Banco Central pidiendo que saquen esas monedas de la circulación."
El auge de las falsificaciones y la aparición de monedas ajenas al sistema monetario hicieron que la cantidad de monedas no válidas detectadas en los depósitos del Banco Central aumentara de 6522 en 1998 a 119.991, un año después, según informó Avilés. En el presente año la tendencia se mantiene.
"Por cada bolsa de mil monedas depositadas, cinco piezas son falsas", señaló el subgerente de Emisión.
Sin embargo, esta cantidad puede esconder un porcentaje mucho mayor: las falsificaciones son filtradas varias veces, en general por personal calificado, antes de llegar a las cajas de supermercados, empresas de transportes, etc., y antes de ser depositadas en el Banco Central.
En una recorrida de La Nación por quioscos y puestos de revistas del microcentro, los propietarios y empleados coincidieron en afirmar que la proporción de monedas falsas que manejan diariamente era otra muy diferente: entre el cinco y el diez por ciento del total de monedas de 50 centavos.
Las monedas de un peso, al estar compuestas de dos aleaciones distintas, son más difíciles de falsificar y se encuentran en menor cantidad.
Uso generalizado
Marta Velázquez, un ama de casa de 57 años, no es delincuente, no tiene antecedentes penales ni posiblemente los tenga. Sólo quiere comprar un paquete de cigarrillos.
La mujer extiende la mano hacia el quiosquero y le ofrece un billete de dos pesos y una moneda de 50 centavos. La particularidad del caso reside en que la moneda es falsa, y en que ella lo sabe.
El vendedor acepta el dinero, pero se detiene en el trozo de metal, le da la vuelta, y mira a la señora sin saber qué expresión adoptar. El también sabe que esa moneda es falsa.
Marta Velázquez no soporta más la presión y termina denunciándose. "A mí me la dieron", se disculpa avergonzada. El quiosquero la tranquiliza: "No se preocupe, es como si fueran de verdad." Y eso es lo que parece ocurrir. A pesar de que son identificables con facilidad, las monedas "truchas" son corrientemente aceptadas. Y no sólo por quiosqueros y por crédulos consumidores. Tampoco en las taquillas de subterráneo y de trenes, en distintos supermercados, y en los negocios más diversos, ponen objeciones a la plata fraudulenta.
En ocasiones, incluso reconociendo la falsedad del dinero, numerosos comerciantes admitieron a La Nación que aceptan este tipo de monedas.
"Así como entran, salen", resumió Lucas Rojas, un diariero de 21 años que trabaja en un puesto situado en Lavalle y San Martín. Luego intentó explicarse: "A una persona que compra todos los días el diario acá no podés decirle nada, puede tomárselo mal".
Adelina Ananía, de 60 años, con un quiosco en la calle Maipú al 500, reconoció "que las monedas truchas están por todas partes", incluso, aseguró, en los paquetes de monedas que obtiene en los bancos para disponer de cambio.
Si no fuera por las máquinas expendedoras automáticas y las tiqueteras de los colectivos, que son más estrictas en cuanto a la selección de las piezas, las monedas falsas, a efectos prácticos, podrían ser consideradas como dinero de curso legal.
"El único inconveniente es que no podés usarlas en los colectivos, pero tampoco los billetes sirven. Las monedas falsas son como billetes de 50 centavos", definió Jorge Auserón, diariero, de 33 años, en las inmediaciones del Congreso.
Para remediar esta falta, Santiago, un estudiante de 17 años que prefirió no revelar su apellido, encontró una solución: utilizar las monedas de australes. "Desde entonces ahorro un montón de plata. Todavía tengo una lata llena", dijo.
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