
San Isidro: nuevos aires en el museo
Con un guión renovado, a partir del relevamiento y la restauración de su patrimonio, mañana reabre sus puertas el Museo Juan Martín de Pueyrredón
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Los trabajos de puesta en valor del Museo Brigadier Juan Martín de Pueyrredón pueden verse a simple vista, con sólo echar un vistazo a su fachada y a los muros exteriores. Pero desde mañana, los visitantes podrán encontrarse, tras más de un año de cierre por obras, con un nuevo museo, si cabe el término.
Es que las novedades serán varias: desde un nuevo guión (español-inglés) del reconocido curador Roberto Amigo, que trabajó codo a codo con el montajista Patricio López Méndez, hasta modificaciones en la ubicación y presentación de las piezas; salas blancas que dejaron paso al colorado para proponer no sólo un encuentro más fresco con el visitante, sino también para indicar la presencia de los fantásticos retratos de Prilidiano Pueyrredón, hijo del director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Claro que los cambios se advierten desde el ingreso a esta típica construcción de campaña de fines del siglo XVIII, declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Las tres primeras salas, que durante años fueron ocupadas por muestras temporarias, son ahora de orientación y contarán la historia de San Isidro; de la casa y sus habitantes, desde Anton, los Aguirre, Roque Sáenz Peña y otros. En ellas se exhibe un vestido de María Calixta Tellechea, esposa del dueño de casa, flamante donación realizada por la activa Asociación Amigos del Museo Pueyrredón.
En estos primeros ambientes también se hablará de esta chacra, que abasteció a la ciudad de Buenos Aires, y de sus especies botánicas. Allí, un mapa resume el relevamiento realizado por el paisajista Jorge Bayá Casal. Una minuciosa labor en la que no faltan, claro, el aguaribay plantado por Domingo F. Sarmiento y el algarrobo bajo cuya sombra Pueyrredón y San Martín organizaron parte de la campaña libertadora.
Digitalización y restauración total
Eleonora Jaureguiberry, directora de Cultura de San Isidro, está exultante por la tarea realizada en la casona de Rivera Indarte 48, Acassuso (4512-3131), que se puede visitar martes y jueves, de 10 a 18, y los fines de semana, de 14 a 18.
"Se hizo un inventario con restauración y digitalización de cada una de las piezas, que permitió saber con certeza cuál era el patrimonio del museo y repensarlo. Roberto Amigo me dijo el primer día de trabajo: La colección determinará el guión, no vamos a contar la historia que queremos, sino la historia que las piezas nos permitan narrar. Y así lo hicimos."
Y la historia es muy interesante, a partir de una colección que comenzó a crearse en 1944, de la mano de donaciones. Se trata de textiles, pinturas y valiosos documentos en papel que fueron restaurados en detalle por expertos, digitalizados y exhibidos hoy en óptimas condiciones. Al mismo tiempo, desde fines de 2007, la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, tomando un proyecto de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos, inició la demorada restauración del edificio para dejar atrás serios problemas de humedades y filtraciones.
Una historia que sigue, si se respeta el folleto que recibe el visitante [hay otro exclusivamente para el parque], en las salas dedicadas al mundo del trabajo, con sus piezas de labranza, y en la cocina, ambientada según la época, que antes sólo podía observarse, casi como espiando, desde una ventana.
Otra novedad es la creación de una sala dedicada exclusivamente a Juan Martín de Pueyrredón, que lleva su nombre. "Antes contábamos la historia del prócer fragmentada en distintos salones. Aquí hay elementos de su vida personal y política, como una patente de corso; otro documento de puño y letra que habla de Artigas; tres armas de fuego; su caja fuerte; el escudo de armas de la familia, así como una cruz de plata, curiosa para este tiempo, que en la base tiene una calavera –cuenta la directora–. También exhibimos una pluma de escribir y su aguayo, de fantástica factura."
Nueva iluminación, cámaras, alarmas y sensores de humo ponen ahora el museo sanisidrense a tono con los adelantos tecnológicas y de seguridad. También se organizó un sector de guarda, tres salas de exposiciones temporarias y un ambiente para merchandising, administrado por la Asociación de Amigos del Museo, presidida por Gabriela Giurlani.
Imágenes religiosas y visitas guiadas
Las visitas guiadas, a cargo de cuatro personas, pueden continuar por las imágenes religiosas, protegidas por un blíndex, lo que permitirá conocer cómo era el comercio del arte sacro en el Río de la Plata de los siglos XVIII y XIX. Más allá, un ambiente dedicado a la música, donde se exhibe un piano de época, junto a una carta de Mariquita Sánchez de Thompson de Mendeville a Alberdi. "Es un texto que habla de la relación de las mujeres con la música. Es muy interesante y picante", adelanta Jaureguiberry.
Del salón que refleja la evolución del mueble se pasa a otros en los que las pinturas de Prilidiano Pueyrredón se hacen protagonistas, pero con una particularidad: los atributos de los retratados se exhiben a pocos metros de las pinturas. "No necesariamente son los objetos originales. Junto al retrato de Enrique Lezica, que era un positivista, decidimos colocar un barómetro de época, sinónimo de ciencia y progreso, y junto a Mujer joven, por ejemplo, ubicamos varios abanicos."
Para el retrato de José Gerónimo Iraola, tal vez la pintura más importante del museo, se buscó una variante interesante, el público descubre frente a la pintura un juego de sillas igual al del cuadro. "Posiblemente sea el mismo conjunto, pero no podemos afirmarlo", afirma.
La última escala, antes de disfrutar del parque, es la escalera de madera que lleva al atelier de Prilidiano Pueyrredón, cuyo acceso, salvo contadas excepciones, estuvo prohibido para el público en general. Su paleta y varios retratos, como el de Magdalena Acosta, que quedó inconcluso cuando los padres de la joven le negaron el casamiento con el artista, nos introducen en el mundo de Prilidiano Pueyrredón.
Ya cerca de los ventanales y de la terraza, vedada al paso, hay reproducciones de algunos de sus paisajes, cuyos originales pertenecen al Museo Nacional de Bellas Artes. Más allá, sólo basta con levantar un poco la vista para deslumbrarse con la ribera que tanto cautivó al artista.
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