
Santuario improvisado en el medio del bosque
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MODESTO, California (De un enviado especial).- La huella de tierra está escondida en medio de un bosque de pinos gigantes. A unos 200 metros pasa la ruta 108, en plena Sierra Nevada. Al final del camino se ve una cruz de flores y decenas de ofrendas, apoyadas sobre un árbol quemado y mezcladas con restos de vidrios y acero derretido.
Así luce el escenario donde hace una semana fueron hallados dos cadáveres dentro del Pontiac Gran Prix que habían alquilado Carole Sund, su hija Julie y la joven cordobesa Silvina Pelosso. El lugar fue abierto al paso del público y se convirtió en los últimos días en una especie de santuario para los vecinos de los pueblos cercanos, que llevan flores o sólo se acercan a rezar.
"Esto es tan triste", exclama entre lágrimas Susan Briggs, de Columbia.
El camino donde apareció la carcaza ennegrecida del coche apenas se ve desde la ruta. Una vez en él hay que descender unos 500 metros hasta llegar al punto donde ahora se ven las flores.
Eso es lo que hizo Jerry Starr, un joven de Long Barn. "Esto tiene que haberlo hecho alguien que conociera bien la zona. Si no, no podría haber encontrado este camino", opina, mientras mira los restos de la cinta amarilla con la que el FBI selló la región durante seis días. Los investigadores avalan esa teoría y creen que los asesinos fueron al menos dos.
En menos de media hora, el coche de Gina Lee es el quinto que recorre ese camino, hasta hace una semana ignoto. "Es muy doloroso que esto pase tan cerca de nosotros. Es una tragedia", señala. Mira otra vez y se va, ya sin poder decir nada.
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