
Se denuncian entre 15 y 20 robos diarios en Barrio Norte
La mayor parte son arrebatos y hurtos; los ladrones no siempre están armados
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"Me robaron la cartera", gritó Paloma Gil Estrada cuando advirtió que el bolso que había colgado detrás de su silla ya no estaba. Mientras conversaba con amigos, sentada en una de las mesas de la pizzería Romario, en la calle Juncal entre Sánchez de Bustamante y Austria, alguien se había llevado disimuladamente su cartera.
Pasada la medianoche, cuando fue a hacer la denuncia a la comisaría 53a., de República Arabe Siria y Las Heras, una señora estaba relatando la misma experiencia, que había tenido en el restaurante Cosentina, en Seguí al 3700, a dos cuadras de esa comisaría.
Los hurtos de carteras en los restaurantes y locales en los que se debe tocar timbre para que abran la puerta cerrada con llave son escenarios frecuentes en la zona de Barrio Norte, que se nutre de sectores de los barrios Palermo y Recoleta, donde actualmente se hacen entre 15 y 20 denuncias diarias por delitos menores, según informaron a LA NACION fuentes policiales.
Los comerciantes y los vecinos consultados coinciden en que los hurtos que ocurren en la zona son cometidos, en su mayoría, por jóvenes delincuentes. Sin agredir físicamente, y a veces sin portar armas, los ladrones entran sorpresivamente en los locales y, en cuestión de segundos, se llevan dinero, mercadería y carteras.
Cinthia Zarapura, empleada de una librería en Austria y Juncal, cuenta que se sorprendió cuando se percató de que los ladrones parecían ser menores de edad. Este comercio sufrió diez robos en los últimos tiempos. Cuando LA NACION llegó al lugar, al mediodía, la librería parecía cerrada: una vez más, habían entrado a robar. "Fueron de nuevo dos chicos armados, de unos 17 años. En menos de 20 minutos vaciaron la caja y se fueron", comentó el encargado, que no quiso identificarse.
Anteayer, incluso, se registró un nuevo robo en la zona. Los asaltantes eligieron entrar por el balcón de un departamento y escaparse con la ayuda de una soga hecha con sábanas (sobre lo que se informa por separado).
Según señalan algunos vecinos, los jóvenes delincuentes llevan siempre una mochila con una remera adentro. "Se van cambiando de cuadra en cuadra. Mientras la policía busca a uno vestido de azul, ése está robando en otro lugar, pero con una remera roja", explica un comerciante.
Al lado de la librería está la pastelería Michelo. Vicente Anguita, el chef, también destaca la edad de los delincuentes. "Entraron nueve veces en cuatro meses. Siempre son rateritos, de entre 15 y 22 años, y vienen por lo menos de a dos", explica.
El conventillo
Los vecinos señalan a los habitantes de una vivienda usurpada. Usabel Claro, de 73 años, comenta que allí se esconden los descuidistas, y cuando ven una señora que pasa salen y le arrebatan la cartera.
Se trata de una especie de conventillo donde funcionó el Hogar San Vicente de Paul, una vieja casona de dos pisos en Sánchez de Bustamante 2351. Los siete amplios ventanales del primer piso y la puerta principal están siempre abiertos.
Según Estela Maris Rizzo, supervisora de Buenos Aires Presente (BAP), el programa de atención a personas de la calle del Ministerio de Desarrollo Social porteño, en el conventillo viven unas 25 familias. En febrero del año pasado hubo un pedido de desalojo de la Oficina Nº 3 de Subsidios Habitacionales, que finalmente no fue ejecutado.
El comisario Jorge Daniel Toma está al mando de la comisaría 53a. desde hace poco menos de un mes. "Hace 20 años era un hogar para madres solteras. En su momento hubo una usurpación y puede ser que los descuidistas vengan de ahí", comenta Toma.
El subcomisario Raymundo Francisco Benavides, que hasta hace dos meses tenía el cargo de principal en la comisaría 53a., explica que el conventillo es un edificio municipal que ha sido usurpado y que actualmente existe un juzgado correccional que trabaja en el tema, aunque prefiere no dar más detalles.
"En este país no hay respaldo judicial cuando se trata de menores. Si un menor te ataca y lo detenemos, enseguida aparecen de todos lados para criticar", cuenta.
La mayoría de los vecinos se queja de la falta de policías. Anguita asegura que en la zona delimitada por Santa Fe, Las Heras, Pueyrredón y Coronel Díaz no hay uniformados y que en la comisaría 53a. informan que no tienen personal suficiente. "Pero cuando fui, después del tercer robo, me propusieron que nos juntáramos entre varios locales y que contratáramos un oficial, por 50 pesos diarios sin arma o 90 pesos si están armados", cuenta resignado.
El subcomisario Benavides dice que la falta de personal es un problema. En la comisaría cuentan con unos 180 policías "distribuidos entre móviles, oficinas, mantenimiento y patrulleros, entre otros". El comisario Toma recomienda a todos los vecinos hacer la denuncia cuando son víctimas de algún delito. "Es la única manera de que podamos armar un mapa del delito", explica.
En la hora y media en que LA NACION estuvo en la comisaría 53a., cinco personas entraron por denuncias de hurtos. Entre ellas, Dolores, una joven de 20 años que llegó agitada y explicó que le habían robado mercadería de su local de ropa, a una cuadra de la comisaría.
"Ya es la segunda vez. La primera fue la semana pasada, y fueron las mismas cuatro chicas", comentó. El cadete Cristian Fernández Urquiza le preguntó: "¿Por qué no nos llamaste no bien te percataste del hecho, actuando que llamabas a cualquier otro lado?". Dolores intentó justificarse: "Tenía miedo".
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