
Se impone el mercado de lo usado
Por moda o como una salida a la crisis económica, reciclar es la tendencia de los porteños
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Sombreros, lentes, libros, discos, muebles, un juego de comedor completo del siglo XIX y hasta prendas íntimas; el mercado de las cosas usadas es, desde hace mucho tiempo, un circuito en todas las grandes ciudades del mundo, y Buenos Aires también tiene el suyo.
Para quienes, por diversas razones, encuentran en objetos y prendas usados un sabor distinto, la ciudad ofrece un itinerario donde todo puede encontrarse: desde un artículo de colección hasta un inodoro que alguien quiso vender y, según cuentan los vendedores, muchos están dispuestos a comprar.
El Mercado de las Pulgas, situado en Dorrego y Niceto Vega, en el barrio de Villa Crespo, es el lugar para los que disfrutan revolviendo y encontrando algo para rescatar debajo de un montaña de cosas viejas. "Yo compro para reciclar. Para encontrar hay que saber ver cómo una cosa destruida puede recuperarse y ser una reliquia", explicó Natalia, una argentina que vive en Italia y que, de paso por Buenos Aires, fue directo a este mercado. "Me vuelvo loca porque me quiero llevar todo y no puedo", confesó Natalia, mientras observaba con una sonrisa un viejo toallero de madera, rajado y tapado de tierra.
El gusto por comprar objetos usados es, en algunos casos y en especial en los últimos tiempos, una manera de enfrentar la crisis, pero desde siempre fue un mercado que atrajo a coleccionistas, artistas y a cualquiera que buscara algo distinto.
"Nada de lo que hay acá lo puedo encontrar en la mejor mueblería del país. Esto es distinto", expresó Susana Villar, una decoradora de interiores que, a fuerza de recorrer y regatear, encontró todo lo que buscaba para su departamento.
Los vestidos, pantalones y accesorios de padres y abuelos que muchas veces terminaron en un baúl, ahora se venden con tanto éxito como las prendas de la temporada. Aunque los compradores no poseen un gran número, son artículos codiciados y que, por lo tanto, no suelen ser baratos.
En varias galerías de la avenida Santa Fe, donde se dedican a este comercio, no les va mal. Allí se pueden conseguir pantalones con bocamanga oxford -de los originales-, zapatos y sombreros con casi dos décadas de historia. También en el barrio de San Telmo -un circuito un poco más turístico- pueden encontrarse prendas clásicas de modas de hace ya muchos años.
El mercado de lo usado ofrece de todo y es muy difícil definir el perfil de quienes suelen dar vueltas por estos lugares. "Acá viene un tipo en camiseta tomando mate y uno con un Mercedes-Benz último modelo", evaluó Aldo, propietario de uno de los puestos más grandes del mercado de pulgas de Villa Crespo.
Viejo y usado no es barato
Lo usado no siempre es sinónimo de barato. Los negocios de artículos y prendas usados tienen buenos precios, pero no todo son ofertas.
Una primera mirada al galpón en el que funciona el Mercado de las Pulgas da la sensación de ser un desarmadero. Pero basta empezar a caminar por los pasillos angostos y oscuros y descubrir, entre las montañas de objetos, piezas imposibles de conseguir en el shopping más grande.
El secreto allí es revolver y regatear. Pero no cualquiera está en condiciones de negociar por un juego de comedor belga de 1890, de estilo art nouveau, que cuesta 16.000 pesos. O una cruz de plata del siglo XIX que ronda los 2000 pesos.
Cuidar el bolsillo es parte de la nueva filosofía de vida de gran parte de los argentinos ante una situación económica crítica. Por esto, el mercado de lo usado se hace cada vez más amplio.
La proliferación de las ferias americanas es un fenómeno de los últimos años. Y en estos casos ya no se trata de una pasión por el reciclaje o de viejos diseños de moda.
Así, en el barrio de Nueva Pompeya están el Ejército de Salvación, en la avenida Sáenz 580, y el Cottolengo Don Orione, en Cachi 566. En el caso del Ejército de Salvación, desde que el mercado de lo usado tiene más éxito que muchos tradicionales, hay nuevas sucursales en otros puntos de la ciudad.
También las ferias en las plazas y parques dejaron de ser lugares exclusivos para los artesanos. Y lo usado se ganó su puesto. Por varias razones, parece que ya no se discute que nada se tira y que lo usado puede volver a ser útil. Lo usado se compra, se vende y se canjea.
Apareció el plan canje y lo invadió todo: automóviles, electrodomésticos, ropa, zapatillas. Así lo entendieron las empresas y son pocas las marcas que todavía no lanzaron el suyo. Llegó la era del reciclaje. El mercado de lo usado dejó de ser el marginado del circuito comercial para imponerse como una nueva forma de comprar y, claro está, de sobrevivir.
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