Se largó a correr de Ushuaia a Alaska por una buena causa, pero no todo salió como esperaba

Juan Pablo espera llegar a Alaska en tres años
Juan Pablo espera llegar a Alaska en tres años
Laura Blanco
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23 de septiembre de 2019  • 16:32

"¡Buenos días a todos! Estoy frente a la estación de servicio haciendo dedo. Necesito llegar al cruce con la nueva ruta 40. Los que vayan para San Rafael o Mendoza Capital y vean esta cosa por la ruta acérquenme por favor. Soy chiquito y ocupo poco espacio". El mensaje de ayuda lo escribe Juan Pablo Savonitti en su cuenta de Instagram.

Hace nueve meses -el 1° de enero, para ser más exactos- empezó su travesía: recorrer todo el continente americano, de punta a punta. Pero no lo hace en auto, ni en moto, ni siquiera a dedo. Él se propuso unir Ushuaia con Alaska, a pie, corriendo.

"Un día decidí cambiar de vida. Trabajaba en una empresa de informática en Sofía, Bulgaria, y dejé todo atrás para emprender esta travesía que combina mis dos pasiones, viajar y correr, con una causa solidaria. Como hijo de padres sordos, busco contribuir a la inclusión y a la difusión de la lengua de señas", cuenta Juan Pablo.

Así, por cada pueblo o ciudad por la que pasa, organiza charlas y encuentros en los que busca concientizar sobre la importancia de conocer la lengua de señas para favorecer la inclusión de las personas sordas.

De yuppie a hippie trotamundos

"Me dicen que estoy completamente loco. Cuando comencé a planear esta aventura, mis amigos y familiares eran un poco incrédulos. Pero cuando se dieron cuenta que la cosa iba en serio, me super apoyaron", asegura.

Juan Pablo va en busca de la hazaña
Juan Pablo va en busca de la hazaña

El traje, la oficina y la rutina quedaron atrás. "No extraño nada de mi vida anterior. Nunca fui tan pobre (y esto lo digo entre comillas, porque es mi decisión, mi elección) y tan feliz en la vida. Nada me ata, no tengo recursos, pero tampoco preocupaciones", confiesa.

Sin más pertenencias que un par de zapatillas y un GPS con el que transmite en vivo su recorrido en su sitio web, Savonitti tampoco cuenta con sponsors. "El único apoyo económico que tengo son las donaciones que recibo a través de mi página web . El 40% de lo recaudado va a la Fundación Internacional de Sordos; el 60% restante lo uso para comida y otros gastos que puedan surgir", explica.

Expectativa vs. realidad

Savonitti cuenta que planeó su viaje en cada detalle, armó cuidadosamente el itinerario, planificó distancias y tiempos. Pero las cosas no salieron como se imaginó. "La idea era salir con un equipo de apoyo, un motorhome que me siguiera, kinesiólogo, y otros corredores que me acompañaran. La realidad es que estoy totalmente solo, no tengo ningún apoyo logístico, ni vehículo ni nada", dice.

"Esta realidad hizo que todo fuera más lento. Hace ocho meses estoy corriendo y, a esta altura, tenía planificado estar en Ecuador. Recién estoy pasando por Mendoza", comenta este hombre de 37 años que tiene pensado llegar a Alaska cuando cumpla 40.

Superó este obstáculo replanteando todo su viaje. Su rutina consiste en correr 50 kilómetros hacia el norte y hacer dedo hasta que algún conductor solidario lo regrese al punto donde hace base, que es la ciudad o pueblo más cercano. Al día siguiente, retoma a dedo hasta el punto exacto donde dejó de correr el día anterior y sigue otros 50 kilómetros al norte.

Savonitti se enfrenta al frío y al viento
Savonitti se enfrenta al frío y al viento

Savonitti corre cinco días consecutivos y descansa dos o tres. Ya sufrió frío, lluvia, nieve y, sobre todo, mucho viento patagónico. "Hay días en los que no me levanta nadie con el auto, tengo que esperar tres o cuatro horas en medio de la nada, paso frío y hambre. Soy yo solo para todo. Soy mi community manager, mi agente de prensa, contacto sponsors, hablo con la secretaría de turismo, organizo las charlas... Pero no me quejo, es la vida que estoy eligiendo", afirma.

"Soy muy consciente que lo que hago no es sano a nivel fisiológico ni articular, hay mucho impacto en tobillos, rodillas y cadera. Ya bajé 5 kilos, pero hay una motivación personal que es más fuerte", asegura.

Ser sordo en Argentina

Según el Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad realizado por el INDEC en 2018, en la Argentina viven cerca de 400.000 personas con dificultades auditivas.

La mayoría de ellos, tienen estas dificultades al nacer: 5 de cada 1000 recién nacidos tiene algún grado de hipoacusia y 1 de cada 1000 la padece de grado severo, de acuerdo a datos de la Sociedad Argentina de Pediatría. Esto es a entre 700 y 2.100 niños al año.

La discapacidad auditiva constituye el 18% de las discapacidades en el país, la cual se reparte en un 86,6% de dificultad auditiva y un 13, 4% en sordera, según el Programa Nacional de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusi, del Ministerio de Salud Pública.

Sin embargo, "en la Argentina estamos super atrasados en comparación con otros países en cuanto a inclusión de personas sordas. Muchas veces, no por mala voluntad, sino por falta de información", afirma Juan Pablo.

"Las prácticas discriminatorias se dan en forma cotidiana, en mayor o menor medida, pero no siempre de manera intencional. La mayoría de las veces ocurre porque la persona sorda no tiene una discapacidad que pueda distinguirse a simple vista y no es tarea fácil discernir esta condición", coincide Julia Valmarrosa, secretaria general de la Confederación Argentina de Sordos. "Otro factor es la ignorancia, es importante saber cómo interactuar con una persona sorda en ciertos casos", añade.

Comenzar a usar los términos correctos es un primer gran paso: "Un problema recurrente es que se habla de sordomudos. Se trata de un término peyorativo, se refiere a una persona que tiene dificultades para escuchar y también para hablar. La comunidad sorda rechaza este término ya que no somos "mudos", tenemos la posibilidad de hablar, de expresarnos, de comunicarnos, utilizando una lengua de señas, una lengua oral y/o una lengua escrita", explica Valmarrosa.

Hacia una mayor integración y accesibilidad

Si bien en el país existen cerca de 80 escuelas para sordos (entre estatales y privadas) y casi todas la provincias tienen al menos una institución, al pasar a una educación superior la situación es más complicada. "En las universidades, por ejemplo, no hay intérpretes", dice Juan Pablo.

Un capítulo aparte merece la inclusión laboral. En su estudio "Los derechos de la población sorda: trabajo y ciudadanía plena", Viviana Burad -investigadora y educadora de jóvenes sordos- da detalles de la realidad laboral de los sordos en Argentina: son pocos los sordos que trabajan en tareas intelectuales, pese a que no existen impedimentos reales para hacerlo. La mayoría trabaja en puestos manuales (ej.: imprentas, talleres de carpintería, etc.) y todos dicen sentirse discriminados al momento de buscar trabajo.

En sus charlas, Savonitti busca concientizar sobre la importancia de la Lengua de Señas y ofrece ideas y herramientas de inclusión. "Con pequeñas acciones se puede facilitar la vida de la gente sorda. Un ejemplo podría ser en un centro sanitario, tener a disposición una hoja A4 plastificada con diferentes frases "quiero reservar un turno con…", las especialidades que hay y días y horarios. De esta manera, la persona puede sacar el turno señalando con el dedo. -explica Savonitti-. Estas son cosas que no existen y que no requieren una gran inversión. Son pequeñas acciones que ayudan un montón".

Desde la CAS coinciden en que el mayor obstáculo es la falta de accesibilidad. "En este panorama juega un rol fundamental la figura del intérprete. Su presencia es requerida en aquellos ámbitos en donde se desenvuelven las personas sordas, como en hospitales, en instituciones de estudios formales y no formales, servicios culturales y de esparcimiento, servicios administrativos, entre otros", dice Valmarrosa.

"La accesibilidad es la gran ausente en las políticas de estado. Necesitamos que el Estado se haga eco de nuestro reclamo para que la lengua de señas sea tenida en cuenta en diversos aspectos de la vida, a través de su reconocimiento legal como idioma natural y que se le otorgue status lingüístico, además de permitirles a los sordos participar en toda decisión a nivel político que las involucre", finaliza.

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