
Se revaloriza el pasado histórico
Como reflejo de una tendencia que no reconoce fronteras, en Buenos Aires crece significativamente la revalorización del pasado y de los testimonios históricos.
La construcción de nuevos museos, el claro aumento de la concurrencia en los ya existentes y el auge de la historia novelada son algunos indicadores de que, en la Argentina, la memoria histórica es un valor francamente en alza.
Reconocidos especialistas consultados por La Nación confirmaron este fenómeno y explicaron que no sólo se trata de una obsesión cultural, sino también de una opción económica: el pasado es decididamente más rentable que el futuro.
En concreto, cinco nuevos museos van a ser inaugurados en esta ciudad en los próximos años; en el de Bellas Artes, la cantidad de visitantes anuales pasó de 50.000 a 960.000 en los últimos cuatro años, y por el Centro Cultural Recoleta pasaron durante 1997 más de un millón y medio de visitantes.
Las listas de best sellers también son un termómetro del creciente interés por el pasado, ya que frecuentemente son encabezadas por novelas históricas como las de María Esther de Miguel, Félix Luna y Tomás Eloy Martínez.
Y hasta los negocios de ropa femenina son muestra de esta tendencia: una popular marca de ropa cubre sus vidrieras en todos los shoppings con fotos del nuevo museo Guggenheim, de Bilbao.
Para el especialista alemán Andreas Huyssen, profesor de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, en el mundo occidental la memoria parece haberse convertido en "una obsesión cultural de proporciones monumentales".
"Claro que el fenómeno también tiene un costado económico -aseguró el especialista alemán, en diálogo con La Nación -. El pasado vende más que el futuro, y el marketing de la memoria se está convirtiendo en uno de los productos clave de la industria cultural."
Según el pensamiento de Huyssen, uno podría ser muy crítico y asegurar, por ejemplo, que las novelas no cuentan la verdadera historia. "Pero eso no es lo importante, sino que hay que preguntarse qué es lo que permite el auge de la historia", afirmó.
En busca del tiempo perdido
Cofundador de la prestigiosa revista académica New German Critique, Huyssen cree que la revalorización de la memoria tiene que ver con la pérdida del sentimiento de temporalidad, en virtud de los cambios tecnológicos.
"La moda del pasado es una forma de resistir el ataque del presente sobre el resto del tiempo", aseguró en referencia a los medios de comunicación electrónicos, que "con sólo pulsar un botón muestran todo en el momento".
"La memoria representa el intento de volver más lento el procesamiento de la información, de recuperar un modo de contemplación fuera de la aceleración informativa de los medios; representa un reclamo de un espacio de amparo en un mundo heterogéneo que desconcierta y amenaza", sostuvo Huyssen durante su visita a la Argentina, adonde llegó invitado por el Instituto Goethe.
Incluso, el especialista especuló con que la moda del pasado también se expresa en el nivel subconsciente: "Si uno le pregunta a alguien por qué visita el museo, va a decir que para ver cuadros o encontrarse con amigos. Pero en el fondo busca, en la cultura, nuevos espacios públicos para los que, como él, están cansados de ver televisión", reflexionó.
Un buen ejemplo lo dio el propio Huyssen, después de un fin de semana en Buenos Aires. Quedó asombrado por la cantidad de gente que encontró el domingo en el Centro Cultural Recoleta, no sólo en las muestras, sino también en los espectáculos de artistas y malabaristas al aire libre.
El investigador recordó que hace unos años también se vio sorprendido al comprobar que el total de visitantes en los museos de su país superaba la cantidad de espectadores que concurrían a los partidos de fútbol.
En cambio, para uno de los máximos referentes de la historia cultural, el francés Roger Chartier, que es profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, la revalorización de la memoria revela una perspectiva más trágica.
"Cada país tiene una fuerte relación con un momento histórico que no ha superado, con temas con los que no está en paz, y no puede dar espacio al olvido sin regresar a ese pasado y descubrir nuevas fuentes e interpretaciones", explicó Chartier a La Nación .
Para sustentar su posición, el pensador francés puso como ejemplo el régimen de Vichy, en Francia, y la dictadura militar, en la Argentina. El pasado nazi es el ejemplo en Alemania. Precisamente, en Berlín se construye hoy un museo que recuerda el trágico Holocausto.
Chartier llegó al país invitado por la Universidad de Buenos Aires. La semana próxima ofrecerá un seminario sobre "Crítica textual e historia cultural", en el que se referirá a la literatura de los siglos XVI a XVIII en Francia, Inglaterra y España.
Historia de novela
Sin duda, uno de los ejemplos más resonantes de la resonante moda del pasado es el éxito de la novela histórica.
En la Argentina, "El general, el pintor y la dama", de María Esther de Miguel, ya lleva 17 ediciones y 75.000 ejemplares vendidos; "Soy Roca" de Félix Luna, y "Santa Evita", de Tomás Eloy Martínez, superaron con creces la barrera de los 100.000 ejemplares.
Huyssen, que es profesor de literatura comparada, afirmó que, en la era posmoderna, los principales géneros son la novela histórica y la autobiografía. "La relación con la memoria opera en distintos niveles, y la novela histórica, sin ser institucional, es el equivalente del museo", aseguró.
Por su parte, Chartier, autor de clásicos de la historia del libro como "La cultura de la imprenta: poder y usos de la imprenta en la Europa moderna", afirmó que el éxito del nuevo género en todo el mundo se debe a que satisface el deseo de verdad del lector de fin del milenio, pero dando respuesta también a su necesidad de ficción y fantasía.
"La historia de los historiadores puede establecer algo más verdadero, pero no satisface al imaginario colectivo; la novela tradicional puede despertar placer o interés, pero es un mundo de ficción -comentó-. Creo que es el carácter ambiguo de este tipo de literatura lo que explica su popularidad."
Temor al futuro
Los dos pensadores estuvieron de acuerdo en que este fenómeno responde a la pérdida de la idea de un futuro mejor.
"Hay un creciente sentimiento de inseguridad y de temor al futuro, que han aumentado en los últimos años porque no se cumplió el nuevo orden mundial que prometía George Bush después de 1989 o el fin de la historia que preconizaba Francis Fukuyama", afirmó Huyssen.
Para Chartier, además de la revalorización trágica de la heridas del pasado que se mantienen abiertas, el renovado interés por la memoria también tiene una función didáctica.
"Desde que se dejó de lado la idea de la Ilustración de progreso indefinido, el pasado pasó a ser un recurso para pensar el presente e ir armando el futuro", aseguró.
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