Seis testigos que ayudaron a Tula
Dijeron que volvió solo a su casa a la hora en que moría la joven; la acusación no pudo vincular el asesinato con las drogas
1 minuto de lectura'
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La de ayer fue una jornada favorable para Luis Tula, a quien varios testigos vieron dirigirse a su casa en la noche del crimen, y aciaga para el fiscal de Cámara, Gustavo Taranto, que buscó por todos los medios vincular el asesinato con las drogas, pero no lo consiguió.
Taranto se apresta a enfrentar una embestida combinada de las defensas de Guillermo Luque y de Tula, en tanto se le hace cuesta arriba sustentar la doble acusación.
Tula y su defensor, Carlos Avellaneda, vieron desfilar a seis testigos que aseguraron haber visto al novio de María Soledad a las 4 del sábado 8 de septiembre de 1990, cuando se iba a su casa de Valle Viejo, en las afueras de esta ciudad.
Este dato es clave por cuanto sitúa al imputado a la hora en que mataron a la víctima, de acuerdo con lo establecido por los peritos forenses de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Debe recordarse que anteriores testimonios establecieron que María Soledad fue vista con vida por última vez a las 3.30 de ese día en una parada de colectivos situada en pleno centro de la capital catamarqueña.
El grupo de testigos, cuyos relatos configuran una aceptable coartada para Tula, había salido esa madrugada de la discoteca Clivus y se dirigían al barrio Santa Rosa, donde eran vecinos de la familia Morales.
Cuando caminaban por la ruta 38, a la altura donde hoy está el monolito erigido en el sitio donde apareció el cadáver, vieron pasar a Tula a bordo de un Fiat 147 crema que venía de la ciudad.
Observaron también que el automóvil fue rebasado por una motocicleta donde viajaban dos hombres. Ambos vehículos se detuvieron 200 metros más adelante del grupo de caminantes, y uno de los ocupantes de la moto se pasó al auto de Tula; luego ambos siguieron su camino.
El juez no quiere mentiras
Con todo, el grupo de testigos no fue monolítico: a Marcela Toledo de Moya se la vio titubeante y contradictoria respecto de lo declarado durante la instrucción.
En efecto, en junio de 1993, a casi tres años del crimen, Toledo de Moya aseguró haber visto cómo Tula se bajó del Fiat y subió a la moto, mientras que el único ocupante de ésta se puso al volante del automóvil.
Pero ayer lo negó, dijo que no hubo tal intercambio de vehículos y repitió la versión de sus otros seis amigos. "ºNo!", exclamó la mujer cuando se le preguntó si el grupo se había puesto de acuerdo previamente para decir lo mismo.
El presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga, le recordó su juramento de decir la verdad, y le advirtió: "Con mentiras no podemos lograr que se haga justicia".
Muy nerviosa, la testigo salió del paso con el clásico "no me recuerdo".
Un testimonio escuchado ayer, y que corroboró los malos manejos de la policía catamarqueña de los años 90 fue el del peluquero de señoras Juan José Villarruel.
El estilista denunció que fue golpeado por los uniformados -que se burlaron de sus modos nada recios- para que acusara a Luque y a Tula, a lo que se negó.
También pasó por el estrado el taxista Jorge Perea, quien al exhibírsele una fotografía reconoció a María Soledad como la chica que vio subir a un Fiat 147 beige, parecido al de Tula, a las 3 del sábado 8 de septiembre en una esquina céntrica. El conductor, dijo, podría haber sido el propio Tula.
A lo largo de las cinco horas de audiencia, en tanto, el fiscal naufragó en su búsqueda de drogas. Todos los testigos dijeron no saber de qué hablaba.
Las defensas apuntan al fiscal Taranto y podrían alcanzar al tribunal
Unión: los abogados de Luque y de Tula parecen haber acordado una firme estrategia conjunta para frenar el embate del fiscal.
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La guerra parece estar declarada. Las defensas se unieron para frenar el embate de la fiscalía y hoy pasarán a la ofensiva para reclamar la inconstitucionalidad y la nulidad de la acusación alternativa, es decir, para impedir que los imputados sean juzgados por dos figuras delictivas a la vez.
Pero esto es sólo el inicio de la contienda, pues el tribunal no estará ajeno y puede ser alcanzado por la sombra de la recusación y el apartamiento del caso.
El riojano José Vega Aciar, abogado de Guillermo Luque, tal como lo anticipó La Nación , presentó un pedido de reconstrucción del crimen con las variantes introducidas por el fiscal Gustavo Taranto. Hoy hará otro tanto el patrocinante de Luis Tula, Carlos Avellaneda.
El lado flaco de la acusación
Es así que ambas defensas, que parecen hoy más unidas que nunca, dieron su primera estocada en el lado más flaco de la flamante calificación legal, que es la violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes.
Para avanzar y llegar a este cuadro delictivo, el representante del Ministerio Público se hizo fuerte en los testimonios ofrecidos por los cuatro peritos forenses de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. También rescató algunos peritajes y dichos de médicos legistas locales.
Esos elementos, según afirman los observadores, permitieron a Taranto sustentar discretamente las circunstancias de tiempo, modo y lugar que rodean a todo crimen.
Pero el fiscal dejó su retaguardia al descubierto al no poder vincular en forma directa a los imputados, como tampoco individualizar a sus supuestos cómplices.
Justamente allí es por donde cargan ahora las defensas, pues resulta difícil, por no decir imposible, que el tribunal ordene la reconstrucción de un rompecabezas al que le faltan varias piezas.
Pero esto no será todo. Hoy, bien temprano, la defensa de Luque planteará al presidente de la Cámara, Santiago Olmedo de Arzuaga, la inconstitucionalidad del hecho diverso por el cual el fiscal emprendió la doble acusación.
José Vega Aciar, según confió anoche a La Nación , fundará su planteo en jurisprudencias y en consultas hechas a constitucionalistas durante el último fin de semana en Buenos Aires, de las que no dio detalles.
Su colega y ocasional aliado, Carlos Avellaneda, arremeterá hoy con su infantería sobre el controvertido hecho diverso: intentará aniquilarlo al plantear su nulidad absoluta.
Para contrarrestar la ofensiva de las defensas, Taranto cuestionó a la Editorial Atlántida que no quiso revelar la identidad de una entrevistada por la revista Gente, quien supuestamente fue víctima de las famosas "fiestas" organizadas por los llamados hijos del poder y que involucraba a Guillermo Luque.
El fiscal pidió a la Cámara que, pese al secreto profesional que ampara al periodista que hizo la nota, Javier Avena, "debe prevalecer la verdad real", por lo que deben ser citados para colaborar con el proceso.
La sombra de la recusación
"Vivimos una indefensión jurídica ante estas acusaciones sin fundamentos que lanzó Taranto, que demuestra que es un fiscal de la condena más que un fiscal de la Justicia", disparó sin titubeos un Vega Aciar decidido a todo.
-¿Qué ocurrirá si el tribunal rechaza estos reclamos?
-En nuestro caso, creo que no nos quedará otra opción que recusar por prejuzgamiento al tribunal y pedir que se aparte del proceso, contestó.
La amenaza del abogado de Luque pareció no ser en vano ni solitaria. Días atrás, Avellaneda confió a La Nacion que la recusación sería la última arma que utilizaría si es que seguía en marcha la doble acusación.
De llegarse a la recusación de la Cámara, que es el peldaño más alto de la escalera de los reclamos procesales, cabe la opción que, de ser rechazado, el debate continúe mientras que la Corte de Catamarca, por cuerda separada, resuelva el incidente sin que se generen más demoras de las que, por cierto, ya tuvo el caso Morales.
Declarante intespestivo
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- En Catamarca, dicen, todo es posible. Ayer, un hecho confuso terminó con un testigo y varios periodistas acusándose mutuamente en un juzgado local.
Todo comenzó cuando se supo que un testigo, Jorge "Chano" Martínez, rectificaría su testimonio en esta nueva edición del proceso. Entonces, los cronistas José Hernández, de Crónica TV, y Juan Carlos Morbiducci, de ATC, lo rodearon mientras permanecía montado en su flamante moto.
Sin decir palabra, Martínez puso primera y embistió contra Morbiducci y los camarógrafos Roberto Flores (ATC), Erico Schmidt (Canal 13) y José Parejo (Canal 9), para luego escapar a gran velocidad y refugiarse en una sede judicial, a unos 70 metros de allí.
Ya en el edificio, y perseguido por los damnificados, el ex boxeador buscó refugio en el juzgado de instrucción Nº 4, a cargo del doctor Porfirio Acuña, donde denunció haber sido acosado por los periodistas porteños, que a su vez lo acusaron por agresión y lesiones leves. Martínez fue demorado, se le secuestró la moto y fue trasladado con custodia policial a la Brigada de Investigaciones catamarqueña.
Conocido aquí por sus ansias de figuración, algunos creen que esto lo llevó a testificar contra Guillermo Luque en el juicio anterior, aunque ahora declararía exactamente lo contrario. Hay quienes dicen que el incidente de ayer fue preparado por él mismo: lo que quiere es que lo declaren loco y así desvirtuar un testimonio que incrimina a los "hijos del poder".
Promoción
Telecom Personal, la compañía de telefonía celular que opera en Catamarca, provee desde ayer equipos de comunicación a los periodistas que cubren el juicio por el crimen de María Soledad.
La promoción, que incluye la atención personalizada de niñas con mínima vestimenta, supone el uso del celular durante la audiencia para devolverlo a su término.
Los promotores atienden en una camioneta estacionada junto a la sede judicial. La división, que duplicó en un año su clientela hasta los 200.000 usuarios, es la única que alcanza a las más inaccesibles localidades serranas de Catamarca .
- 1
- 2
Logro en Luján: trasladan a un santuario a los dos osos que quedaron a la deriva en el exzoo junto con otros 60 animales
3Hay alerta amarilla por tormentas y vientos para este lunes 23 de febrero: las provincias afectadas
4La enigmática visita de “MBZ”: el exclusivo complejo a una hora de Bariloche donde se alojaría el emir de Abu Dhabi


