
Sepultaron a las víctimas del accidente en el río Chubut
El barrio de Villa Magdalena en pleno acompañó a los familiares de los chicos
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Con más de mil personas presentes y en medio de escenas de profundo dolor, los cuerpos de siete de los chicos que murieron ahogados tras caer de un puente que cruzaba el río Chubut, en el dique Florentino Ameghino, fueron sepultados ayer en el cementerio Santa Mónica, de Merlo, después de una triste y larga jornada.
También el cadáver de Graciela Antinucci de Ramallo, la directora del colegio N° 39 Fragata Libertad, al que los chicos asistían, fue sepultado a la misma hora en otra necrópolis, situada a unas 20 cuadras de distancia.
Tras una breve misa en el cementerio, los restos de seis de los chicos fueron colocados en tumbas contiguas y sobre ellos un millar de personas los despidió con aplausos cerrados, lágrimas y gritos desgarradores.
Desmayados, descompuestos, los familiares dejaban los féretros y trataban de fabricarse un camino para poder salir. A pocos metros, alejado del tumulto, fue inhumada en un nicho la séptima víctima, Esteban Bernaccia.
Ayer, la comunidad de Merlo experimentó el dolor en su forma más cruda. Cerca del mediodía, el intendente de ese distrito, Raúl Othacehé (PJ), visitó a los padres y allegados de los chicos fallecidos para “brindarles todo el apoyo que necesiten”.
“Es una tragedia que no vamos a superar fácilmente. Fue obra de la fatalidad. No puedo abrir juicios sobre los responsables, sólo tenemos dolor y solidaridad con las familias”, dijo el intendente.
Además, Othacehé fue portador de la noticia que las personas reunidas en la escuela esperaban: había sido hallado el cuerpo de Valeria Moreno, que permanecía desaparecida. La pequeña fue encontrada a unos 300 metros de la pasarela peatonal que se desplomó con los alumnos (ver aparte).
Como el barrio Villa Magdalena es chico y todos se conocen, nadie pudo despegarse de la tragedia. Asomados a las puertas, cientos de personas acompañaron desde las 7 la llegada de los cuerpos de ocho de las víctimas del trágico accidente hasta que ingresaron en la escuela Fragata Libertad, situada en la esquina de Santo Domingo y Pantaleón Rivarola.
Los familiares de dos de los chicos muertos en el accidente, Matías Véliz y Gabriel Mendoza, quisieron realizar las ceremonias del velatorio en sus viviendas particulares y el cuerpo de la directora fue llevado a una casa de sepelios de San Antonio de Padua, donde vivía.
El centro del dolor fue el colegio. A la entrada de cada aula se podía leer el momento en que la tragedia los golpeó. Detrás de carteles coloridos y alfabetos de cartulina se veían los nombres de los chicos escrito con tiza. Miles de vecinos pasaron a ver los restos mortales de Diana Ontiveros, Jonathan Larosa, Walter Caballero, Esteban Bernaccia y Tomás Acosta.
Los pasillos del colegio estuvieron abarrotados de amigos y familiares durante todo el día y el silencio sólo era atravesado por gritos de dolor. “No lo puedo entender. Es un dolor inmenso. Cuando llegamos a Chubut ya lo habían sacado del río y nos lo entregaron”, dijo, profundamente afectado, el padre de Esteban Bernaccia, Miguel Angel.
Otro de los centros a los que peregrinaron los vecinos fue la casa de Gabriel Mendoza, situada a media cuadra. Sobre el pequeño jardín de la vivienda unas 200 personas permanecieron toda la jornada acompañando a sus padres. Fabián Wiederkehs, padre de Lucas, que sobrevivió al accidente y era el mejor amigo de Gabriel, estaba indignado: “Es inhumano lo que hicieron. Los cadáveres de los chicos tenían al bajar del avión la ropa todavía mojada”, dijo, entre lágrimas.
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