Sexo, mentiras y video
Hace veinte años, unas pocas parejas atesoraban el "video íntimo". Era un documental que mostraba a los enamorados en acción. Filmado mediante la colocación de un trípode impersonal, o con la colaboración de un camarógrafo de confianza, marido y mujer mostraban sus cuerpos y sus habilidades combinadas. Era un alarde de costumbres liberales, un juguete adulto que se escondía bajo siete llaves, en un cajón del placard, para mostrar excepcionalmente a parejas amigas, o para no mostrar a nadie, sino sólo para ver en pareja mediante la casetera, en alguna ocasión especial. Cosa de recordar "cómo estábamos y qué hacíamos cuando éramos jóvenes".
Muy poca gente se atrevía a estas audacias: eran sólo un puñado de parejas muy avanzadas en la búsqueda del placer.
Obviamente, el tiempo pasó. ¡Pasó volando! Ya no hay videocaseteras. Son muy pocos los que poseen una cámara de video digital, cuyo auge fue breve. La pobre Super-8 fue a parar a la basura, junto con el proyector. Primero apareció la computadora, y no ya para procesar cifras (como dice el presidente uruguayo Mujica) sino para enviar mensajes, fotografías, videos, libros enteros. Y en seguida las variantes portátiles: laptop, netbook. mininet. Ahora todos sabemos lo que es el wi-fi, el blue tooth y Facebook, o creemos saberlo. Luego se difundieron por millones las camaritas digitales, que se complementan admirablemente con las PC y saltean el fastidioso trámite del revelado.
Pero la computadora sigue siendo un objeto caro, al menos en nuestro país. La gran revolución de masas está encabezada por el teléfono celular. Que además toma fotografías. Y filma videos. Con suficiente nitidez. Y envía mensajes de texto, el nuevo lenguaje planetario. Y permite... ¡Enviar videos de celular a celular!
Al mismo tiempo fueron cambiando las costumbres de la gente, en detrimento de antiguos valores que ya nadie reconoce: castidad, decoro, pudor, intimidad, privacidad, respeto, prudencia.
Vivimos en un mundo de videos. Que se cuelgan en Youtube o se pasan de un celular a otro. En un país de sexualidad libre como el nuestro (más que libre, desatada) sólo los periodistas y los políticos, que viven en otro mundo, se sorprenden ante lo que está sucediendo.
Cada persona tiene su video, o sus videos. Muchas modelos (o chicas mediáticas, o vedettongas, como dicen ahora) se han hecho famosas por su actuación en un video erótico tipo "hardcore". Al principio privado, luego visto y comentado por todo el país. Claro, nunca se sabe si la muchacha que sale en imagen es "verdaderamente" Wanda o Chachi, o Pepita o Martina. Imposible decirlo con seguridad. Pero, de todos modos, la chica en cuestión, al principio indignada por el ataque a su intimidad y amenazando con demandas y litigios, después de dos días confiesa con una sonrisa: "Sí, la del video era yo".
Los varones que aparecen en estas filmaciones son menos mentados, ya que frecuentemente la cámara se detiene en un reducido sector de su anatomía que no es la cara. En efecto, el video más frecuente lo registra el propio varón, con su celular: aparece en primer plano la cara de una mujer, realizando pulcramente uno de los lances clásicos del combate sexual. Y luego las imágenes viajan por el aire, de celular en celular, amenizando la vida de los particulares.
Esta nueva realidad, que en principio podría atribuirse a la ciudad de Buenos Aires y otras más liberales como Nueva York, Hamburgo, Amsterdam o Londres, es muy común -según estamos viendo- en localidades chicas como Las Heras o General Villegas. Y por lo tanto puede deducirse que lo mismo pasa, cada día, en General Pico, Oberá, Tres Arroyos, Quemú-Quemú o Arrecifes.
Sexo, mentiras y video son parte de la vida cotidiana del país entero. Incluyendo al interior, antes pudoroso y tranquilo. Sexo: porque las intimidades de parejas casadas, duplas de amantes, amigos circunstanciales y camaradas de toda edad se multiplican y se registran para la mirada de los otros. Por exhibicionismo, por el gusto de excitar a los demás, por lucir las propias habilidades, por jactarse de un atrevimiento o una conquista. Puesto que todos lo hacen y todos lo muestran... ¡Yo también!
Mentiras: porque nunca existe la certeza sobre la identidad de una protagonista. La cara puede estar deformada por cierto movimiento, el varón se ve sólo a medias, ella no es ella. ¿O sí? A veces un novio despechado publicita lo que en principio era un video secreto de la pareja (como aquellos de 1995) para vengarse de una novia que ahora está con otro. A veces ella da a conocer lo que hacía ayer mismo con él, para que se entere la maldita bruja que ahora posee al galán. Como en este terreno juegan las pasiones, se presta para la murmuración, el morbo, la zancadilla. Y la mentira.
Video: porque es el vehículo barato y universal de las pasiones. Permite "ver" lo prohibido, "mostrar" lo bello, "desear" lo apetecido. Juega como acicate erótico. Sirve de trofeo. Hasta puede esgrimirse para un chantaje, aunque ya nadie hará un drama por un simple video... ¡Finalmente, todos somos seres humanos!
Las costumbres han cambiado de una forma insólita. Una chica mata de un martillazo a su amiga porque esta última amenazaba con proyectar en pantalla panorámica el video sexual de la primera, durante su fiesta de bodas, con doscientos invitados. Naturalmente, el galán de la película porno no era el novio del caso, sino otro. Se sospecha que, tal vez, el marido de la occisa. Si nuestros padres leyeran los diarios con estas noticias se retorcerían en la tumba.
Tres hombres de 30 años celebran una "fiestita" (así se llaman ahora) con una muchacha de 14. El país entero los condena y los insulta por abusar de una menor, pero muchos habitantes de su ciudad natal (Villegas) los defienden de esta "injusticia", ya que la menor fue a los Tribunales y están imputados de violación.
Los límites se han borrado notoriamente, ya que según otras informaciones, en las puertas de bailantas y discotecas hay muchas chiquillas de 14 años que practican campeonatos de "pete" (fellatio) entre los muchachos (también jovencitos) que las harían entrar al boliche. Así pues, en la realidad de la vida, los adolescentes de ambos sexos llevan una existencia absolutamente adulta. Según cuando, quienes y con quien, por supuesto.
Ya no se sabe bien, hoy día, qué es un niño y qué es un adulto. Aparentemente, los tres "abusadores" de Villegas son -para su hinchada, que también la tienen- "los chicos". Y además, las verdaderas víctimas. La menor de 14 años, para el periodismo escandalizado "una nena", según las pancartas y mensajes telefónicos de gente de Villegas sería una joven "ligerita" o "rapidita", que ya a los 12 años salía con hombres casados. Lo dicen, se publicó, se escuchó por radio y TV.
La ley es inequívoca: todo adulto que mantenga contacto carnal con una menor de 18 años comete violación, ya que el consentimiento de la niña es inválido. La menor carece del equilibrio psíquico como para hacerse responsable de estos actos. Y además vienen luego los agravantes. La filmación de un video y su masiva difusión, la participación de tres hombres y no uno, etcétera.
Se deduce que estas diversiones, como todas las diversiones, a veces tienen un final trágico: homicidio, violación, cárcel.
Pero no nos engañemos: las costumbres ya cambiaron. Las leyes, en algún momento, también habrán de cambiar.
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