
Sobrevivirán los que se adapten al cambio
No sobreviven los más fuertes ni los más inteligentes, sino aquellos que mejor se adaptan al cambio. Aquella frase de Darwin para explicar la evolución de las especies biológicas podría aplicarse también a los míticos periódicos occidentales, centenarios o no, creados por intelectuales o figuras fundacionales de sus respectivas sociedades.
De Estados Unidos y de Europa llegan casi a diario noticias sobre las crisis terminales que viven muchas cabeceras, incluso a pesar de los esfuerzos para sostener las antiguas ediciones en papel mientras se conquista una lectoría digital aparentemente poco dispuesta a pagar por el contenido.
En Francia, donde Libération aparece al borde del precipicio, el ex presidente derechista Nicolás Sarkozy destinó en 2009 unos 600 millones de euros para subsidiar a la prensa. Entre otras cosas, durante algún tiempo, el Estado le regaló a cada joven que cumpliera 18 años, una suscripción anual al diario de su preferencia. En Estados Unidos se analiza la eliminación de la prohibición de la propiedad cruzada entre medios audiovisuales e impresos aún vigente en los principales mercados para derivar recursos de la TV paga hacia los diarios. Esos esfuerzos son apenas un respirador artificial para aquellos que pretenden seguir haciendo lo mismo mientras todo el contexto cambia: la tecnología y la audiencia.
Por eso, a contramano de Libération, asoman fórmulas de periódicos segmentados como Financial Times o Wall Street Journal, o del mítico The New York Times que han logrado resultados exitosos apostando por la innovación tanto en el periodismo (sosteniendo la calidad, sumando nuevos formatos y herramientas) como también en sus modelos de negocios porque no hay periodismo de calidad sin viabilidad económica de las empresas editoriales.
No existen recetas mágicas ni pueden trasplantarse directamente de un territorio a otro modelos exitosos. Lo único claro es que las audiencias valoran (y hasta podrían pagar bien) a aquellos que, en papel o en digital, más allá del lenguaje y de las herramientas, las ayuden a comprender un mundo crecientemente complejo.






