Sólo son tolerantes con las drogas blandas
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Virginia Himitian
Para LA NACION
Al caminar desde la estación Holland Spoor hacia el centro comercial de La Haya, al bajar por Stationstraat, uno descubre, a uno y otro lado de la calle, acomodados a la vera del canal, los famosos coffee shops, que comienzan a cobrar vida cuando la noche cae. La historia de estos negocios que, en sus barras, además de bebidas y distintas clases de café, comercializan drogas blandas tiene más de tres décadas en Holanda. El debate en torno de la legalización de la droga, también.
Mellow Yellow fue el primer establecimiento que vendió marihuana y hachís en Amsterdam, en 1972. Con el tiempo fueron surgiendo otras dependencias que se sumaron a este tipo de comercio. Al principio, las autoridades toleraron estos particulares cafés, pero en 1976 se promulgó una ley que estableció una distinción entre drogas blandas (marihuana y hachís) y duras (heroína y cocaína). Con la convicción del gobierno de que las primeras no producen adicción y tampoco conducen al consumo de drogas duras, se legalizó su venta en cantidades reducidas (a razón de cinco gramos por persona, por día) con el fin de sacar las drogas blandas del circuito criminal.
Rápidamente, los coffee shops se convirtieron en fuente de atracción para el turismo internacional, especialmente en ciudades fronterizas.
Para combatir este mal, que aqueja ya a varios municipios, existe un plan piloto que entrará en vigor el año próximo en la ciudad de Limburg y que luego se extenderá a todo el país. El plan estipula que la persona que quiera adquirir droga tendrá que hacerse miembro de un establecimiento que cuente con un permiso específico para expender drogas blandas; luego deberá pagar una inscripción y mostrar su documento de identidad, tras lo cual quedará registrado en un sistema de computación único para todos los locales. Así, obtendrá una cédula que le permitirá comprar tres gramos de droga por día.
En lo que respecta al consumo de drogas duras, para la cosmovisión holandesa, un adicto es una víctima, alguien que padece una enfermedad. Y la administración del Reino de los Países Bajos presta ayuda a los que no pueden o no quieren rehabilitarse.
Lo primero que hace es dirigir su atención a estabilizar la dependencia. Para ello existen colectivos estacionados en lugares fijos en ciudades grandes, como Amsterdam o Rotterdam, que suministran de modo gratuito metadona, un opiáceo sintético que se usa como sustituto de la heroína, pero que no acarrea tantos riesgos ni peligro de muerte por sobredosis como esta última.
También allí se proporcionan jeringas descartables para evitar la propagación de enfermedades como el Sida.





