
Sólo sus padres y unos pocos testigos siguen sosteniendo a Guillermo Luque
Legión: aunque la defensa propuso muchos testigos en favor del principal imputado, se cuentan con los dedos de una mano los que atestiguaron haber visto en Buenos Aires a Guillermo.
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La semana última debió haberle dado a Guillermo Luque un poco de oxígeno. Pero las cosas no resultaron como estaba previsto.
Con el fracaso de la esperada legión de testigos que avalarían su coartada de que estuvo en Buenos Aires el fin de semana del crimen de María Soledad Morales, el peso principal de su defensa no recayó en su abogado, Víctor Pintos, sino en sus padres, Angel y Edith Pretti de Luque.
Pero, en rigor de verdad, tampoco resultó un momento propicio para la reaparición pública del alicaído ex diputado nacional justicialista. A tal punto que debió trocar su declaración (como testigo en defensa de su hijo) por una indagatoria, acusado de haber intentado asesinar en prisión al compañero de penurias de Guillermo Luque en el juicio oral, Luis Tula.
De aquellos que debían avalar la coartada de Luque, sólo depusieron el ex diputado nacional Carlos Rosales (PJ), Federico Fedelli (colaborador del ex legislador Luis Saadi) y la madre del imputado, Edith Pretti, que apeló para la defensa más a su dolor de madre herida que a la fría objetividad del expediente.
En cambio, no fueron pocos los testimonios que no sólo hicieron tambalear la coartada de Guillermo Luque, sino que corrieron el velo que enmascaró durante años las intimidades del poder saadista, en el que los Luque eran un engranaje importante.
Padre e hijo
Lejos de sus mejores épocas, y golpeados por un proceso judicial que los expuso al escarnio público, Angel Luque y Edith Pretti levantaron, con sus últimas fuerzas, el estandarte de la defensa de su hijo.
Aún en el ojo de la tormenta, el otrora hombre de confianza del míticoVicente Saadi aprovechó su obligada aparición pública en el juzgado de instrucción, que lo investiga por la presunta tentativa de asesinato contra Luis Tula, para hacer de escudero de su vástago.
Tan explícito resultó en esa tarea protectora que hasta se envalentonó, olvidándose por un momento de la diabetes que lo tiene en jaque y, exhibiendo su espalda, advirtió: "Con esto aguanto todo lo que nos tiren".
Así, fue el vocero de un Guillermo Luque que optó por mantener el silencio como forma de expresión.
"Guillermo no quiere hablar. Siempre me dice: ¿Para qué, para que un día me alaben y los otros treinta me lapiden?", explicó el lunes último don Angel, como muchos lo siguen llamando aquí, privilegiando la defensa de su hijo a la suya propia.
A la luz de los testimonios que siguieron a esta desesperada defensa, la impresión que subyace es que los Luque volverán a encerrarse en el ostracismo, a la espera del desenlace.
Las dos audiencias finales de esta última semana resultaron reveladoras y, a la vez, sepultaron en el olvido los testimonios en favor de Guillermo Luque.
El primero que golpeó contra la estrategia de defensa fue José Gallo Melo, que se sobrepuso a los cuestionamientos que pesan sobre él, a raíz de su reconocida afición a los fenómenos extraterrestres, y ratificó de modo convincente y sin fisuras que Luque estuvo en Catamarca el fin de semana del crimen.
La caída de los mitos
El "testigo clave", como gusta definirse a sí mismo, aseguró además que fue un íntimo amigo de Angel Luque, Elías Safe, quien le confesó que Guillermo Luque estaba vinculado con el asesinato e intentaba construir una coartada para demostrar que estuvo a 1200 kilómetros del lugar donde comenzó su calvario.
Ese mismo día, una testigo de la fiscalía, Patricia Gazal, reveló claramente las intimidades del poder saadista y reconoció la existencia de escandalosos episodios de índole sexual en los que involucró al ex gobernador provincial Ramón Saadi y al entorno íntimo de Guillermo Luque, con Hugo "Hueso" Ibáñez a la cabeza.
Un día después, otro ex amigo de Angel Luque, el diputado por el Frente Cívico y Social Juan Carlos Balverdi, le asestó un golpe demoledor, al reconocer que, el día del hallazgo del cadáver de María Soledad, el 10 de septiembre de 1990, Guillermo Luque ya "sabía" que se hablaba de él como el asesino "de una chica", cuando en realidad no había ningún nombre vinculado formalmente con el brutal suceso y que un día después lo vio en Buenos Aires con su cara arañada.
Por si eso fuera poco, Balverdi incriminó a Ramón Saadi en el asesinato, cuando dijo que el ex gobernador provincial "sabe todo acerca del crimen de María Soledad".
Una nueva semana del juicio ha terminado. La etapa de descanso de Guillermo Luque pasó como un viento de verano y, ahora, el camino se ha convertido en una cuesta difícil de remontar.
En tanto, el otro imputado en el crimen, Luis Tula, parece continuar de vacaciones.
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