
Sospechan que la detenida por el cuádruple crimen drogó a los chicos
Stella Maris Cáceres, esposa del principal acusado, fue indagada ayer y negó las imputaciones
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LA PLATA.- Stella Maris Cáceres, la esposa de Angel Fernández, el principal sospechoso del cuádruple crimen de Los Cardales, aseguró que no tuvo vinculación con la masacre. Pero, para los investigadores, la mujer se habría encargado de retener a los niños y de drogarlos, antes de que fueran asesinados a golpes con una maza o con un hacha, del lado opuesto al filo, igual que sus padres.
La mujer, que había sido detenida anteayer en El Trébol, un pueblo santafecino de 20.000 habitantes, fue indagada ayer por el fiscal de la causa, Marcelo Pernici.
Los investigadores sospechan que Angel Fernández y su hijo Cristian serían los autores del cuádruple crimen; pero aún no están seguros de si la mujer del primero estaba presente cuando fueron asesinados Marcelo Mansilla, de 41 años; su esposa, Sandra Rabago, de 37, y sus hijos Milagros, de 8, y Agustín, de 11.
Sospechan que Cáceres habría cumplido un papel importante en el hecho: como se dijo, habría custodiado y narcotizado a los dos hermanos.
Darío Vera, alias "El Sordo", otro de los detenidos, habría sido el encargado de conducir el Volkswagen Polo azul de la familia Mansilla, tanto cuando los delincuentes saquearon, el viernes 25 de julio, la casa de las víctimas como cuando las condujeron hacia Los Cardales, en Exaltación de la Cruz, donde fueron encontrados los cuatro cadáveres.
Algo más que odio
El fiscal Pernici trabaja para establecer cuál fue el móvil del homicidio múltiple, dijeron voceros del caso. El funcionario judicial y los detectives de la policía bonaerense presumen que hay algo más que odio entre las familias, que mantenían una relación desde hacía varios años.
Una de las hipótesis es que se trataría de una venganza relacionada con negocios turbios.
Concretamente, según vecinos del barrio Frino, Sandra Rabago habría tenido una relación sentimental con Angel Fernández. No sólo sentimental: la mujer habría participado en algunos robos como entregadora.
Un investigador dijo que antes de los asesinatos, Cristian Fernández habría intentado que el matrimonio Mansilla le firmara un boleto de compraventa de la casa de Barrio Frino, en José C. Paz. Frente a esta vivienda había vivido Angel Fernández, antes de ir a prisión por violación seguida de muerte.
La familia Mansilla fue secuestrada en su casa el jueves 24 de julio. Al parecer, de allí fueron llevados, en su auto, hasta la vivienda de la familia Fernández, en Los Polvorines. Ese día, según fuentes policiales, un grupo de uniformados llegó hasta es el inmueble, después de una llamada al 911: alguien había denunciado que había movimientos extraños.
En la puerta estaba el auto de los Mansilla. Los policías, según fuentes del gobierno bonaerense, tomaron la patente: comprobaron que el auto no tenía pedido de secuestro. No advirtieron movimientos extraños en la casa de los Fernández y se fueron. Sin embargo, tal vez en esa casa ya estaban las víctimas, aún vivas.
Con la detención de Fernández, que había podido eludir los controles de su pulsera magnética, se abrió un debate sobre la eficacia de este sistema de prisión morigerada.
Ayer, vecinos de Florencio Varela denunciaron al 911 que un presidiario, que portaba una tobillera magnética, salía a robar por el barrio y se juntaba con amigo a tomar cerveza y a drogarse en la puerta de su casa.
Tras la denuncia, un patrullero llegó a Finlandia 1523, en el barrio Pico de Oro. Allí, encontraron a Héctor Ojeda, de 27 años, tomando cerveza con sus amigos.
Los agentes policiales dieron intervención al juez de turno de Quilmes, Martín Nolfi, que a su vez remitió la causa al Tribunal Oral N° 2, a cargo de la jueza Margarita Alliza de Iturburu; esta magistrada había sido quien le había otorgado la morigeración de la prisión preventiva, y a cuya disposición se encuentra Ojeda.
En diálogo con LA NACION, el ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, aseguró que Ojeda era uno de los 299 detenidos cuyos legajos estaban siendo revisados, para rever el beneficio de prisión domiciliaria.
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