Surge otra vez la esperanza de conocer la verdad en Catamarca
El próximo viernes comenzará un nuevo proceso judicial, que no se televisará.
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Fue un lunes, temprano. Un obrero de Vialidad halló un cuerpo mutilado, casi desnudo, cerca de la ruta. Los catamarqueños nunca olvidarán la fecha: 10 de septiembre de 1990. Ese día comenzó a tejerse una leyenda. Ese día la provincia cambió para siempre.
María Soledad Morales tenía 17 años cuando la mataron. Vivía a 23 kilómetros del centro de la ciudad, en Valle Viejo; estudiaba en el colegio del Carmen y San José, soñaba con ser modelo y escribía poemas.
Sole -así la llamaban todos- estaba enamorada de Luis "El Bulín" Tula, un hombre mayor que ella, casado en secreto con Ruth Salazar, otra sospechosa del asesinato.
Entre ellas hubo insultos y golpes. María Soledad la odiaba. Decía que Ruth le había quitado al amor de su vida. Sostenía, sin muchos argumentos, que Tula la adoraba y, en nombre de ese romance, desafiaba a sus padres, que no querían que se vieran.
Ella tenía una vida difícil. Además del amor prohibido, solía frecuentar a algunos jóvenes ricos de la provincia que podían salir de noche con dinero en el bolsillo y pasear en autos importados. Una vida con la que ella soñaba y que nunca consiguió.
Todo comenzó en Le Feu Rouge
María Soledad Morales se levantó el último día de su vida muy temprano. La esperaba una jornada agitada: ella y otras amigas eran las encargadas de decorar el boliche Le Feu Rouge, donde esa noche se elegiría a la Reina de la Primavera.
Sole se despidió de sus padres cerca de las 21 del 8 de septiembre y les dijo que dormiría en la casa de una amiga, en el centro de la ciudad.
Los testigos que declararon hasta el cansancio dicen que la vieron por última vez cerca de las 2, junto con Tula, en la puerta del boliche. A partir de esa hora comienza el misterio.
¿Estuvo María Soledad Morales en Clivus, el boliche donde se habría llevado a cabo una fiesta con alcohol, droga y sexo? ¿La violaron allí? ¿Por qué la desfiguraron? ¿Por qué tiraron el cuerpo tan cerca de su casa?
Son misterios. Y hay más. Varios testigos dicen haber visto a Guillermo Luque, hijo del ex diputado Angel Luque, en Catamarca, los días previos y posteriores al crimen.
Para los catamarqueños, hartos de los abusos de poder que soportaron durante años y que Angel Luque encarnaba en su voluminosa figura, Guillermo es el culpable favorito.
También están los mellizos Jalil, Arnoldito Saadi y otros "ricos y famosos" catamarqueños que fueron señalados como los sospechosos.
En estos siete años, más de una docena de jueces estudiaron el caso. Muchos de ellos se hicieron famosos, y no justamente por agilizar el expediente.
José Labid Morcos, el primer magistrado que entendió en el expediente, se estresó, lloró en público y acusó al entonces gobernador, Ramón Saadi, de haberlo presionado.
Jorge Córdoba Ruiz de Huidobro, un hombre regordete que siempre mostró admiración por Vicente Saadi, se inclinaba por perseguir a Luis Tula y a Ruth Salazar como los autores del crimen.
Su renuncia la anunció en Buenos Aires. Fue el 9 de enero de 1991. Esa misma noche llamó a una conferencia de prensa y dijo que lo habían amenazado.
José Luis Ventimiglia, un marplatense que sabía poco de derecho penal, nunca descartó la hipótesis de que María Soledad se había suicidado.
Había llegado a Catamarca como el "juez del consenso". En los meses que estuvo al frente de la causa, asistido por el entonces subcomisario Luis Patti, detuvo al ex jefe de policía Ferreyra, a Guillermo Luque y a Yolanda Gómez, conocida en esa ciudad como "la tía Yoli". Se fue de la ciudad diez meses después, por padecer de un crónico cólico renal.
Desfile de personajes
En rigor, los personajes importantes del caso María Soledad tuvieron un final que no habían esperado.
Martha Pelloni, la monja que inventó las marchas de silencio que tanto dolor de cabeza le dieron a Saadi y a Carlos Menem, fue trasladada a la diócesis de Goya.
Ramón Saadi tuvo que irse del gobierno por las presiones de una sociedad que no soportó más los abusos del poder. Desde entonces no volvió a ganar una elección. Ahora pretende un escaño en el Congreso, sea como sea.
Guillermo Luque se casó, sigue viviendo en Buenos Aires y trabaja en la biblioteca del Congreso. Hace pocos meses, despidió a su abogado, Luis Darritchon, por considerar que la opinión que su letrado tenía de él no lo favorecía en lo más mínimo.
Luis Tula y Ruth Salazar se separaron. El amante de María Soledad es el otro imputado (junto a Luque) de haber matado a la adolescente.
Lila Zafe, la legendaria abogada de los Morales, sigue en Catamarca y guarda un extraño silencio después de haber protagonizado los hechos más escandalosos que se recuerden en la causa. Recusó a todos los jueces, denunció amenazas y juró que aportaría pruebas contundentes que incriminarían definitivamente a Guillermo Luque. Nada sucedió.
Ahora, todo vuelve a empezar. El nuevo tribunal volverá a tomar testimonio a cientos de personas. Lo único cierto en esta historia de pasiones, amenazas, internas políticas y magistrados sospechosos es que María Soledad está muerta y nadie dice quién la mató.
Hay pocas expectativas por el inicio del proceso
Escepticismo: Catamarca mira de soslayo el juicio por el crimen de María Soledad y la discusión pasa por su televisación.
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- A sólo 5 días del nuevo juicio oral y público por el crimen de María Soledad Morales, no se advierte en la gente de esta ciudad demasiada preocupación por prepararse para seguir los detalles del proceso.
Es posible que ese muy relativo interés esté ligado al hecho de que el debate no será difundido en directo por televisión y que sus alternativas quedarán en la sala ocupada casi exclusivamente por los protagonistas -el tribunal, los dos imputados, los defensores, el fiscal y los representantes de la acción civil-, con muy pocos lugares destinados al público que se integrará, casi seguro, con familiares y allegados.
Sin embargo, el desinterés hoy reinante habrá que buscarlo también en los casi siete años transcurridos desde el condenable suceso hasta que por fin, Dios así lo quiera, una Cámara Penal se apresta a lograr su esclarecimiento y, consecuentemente, condenar al o a los culpables.
Ese desinterés actual tiene que ver también con una eventual reconciliación, porque es una realidad que las distintas posiciones adoptadas en los años recientes en torno del horrendo crimen han provocado una notoria división en la sociedad catamarqueña.
La incredulidad es otro factor que tiene peso. No son pocos los que creen que al final no se llegará a nada positivo, porque consideran que en el voluminoso expediente de 38 cuerpos (de 200 fojas cada uno), por lo conocido en el frustrado juicio del año último, no surgieron evidencias firmes para esclarecer el hecho, ni mucho menos para condenar a sus responsables.
El debate hoy instalado en la ciudad está relacionado exclusivamente con la televisación del juicio que tiene como imputados por el delito de homicidio preterintencional a Guillermo Luque y Luis Tula.
Desde todos los sectores, llámese Gobierno, Legislatura e instituciones diversas, se demanda la difusión de las alternativas en forma directa por TV. Pero el presidente de la Cámara Penal Nº 2, David Olmedo de Arzuaga, fue terminante: "La resolución adoptada en torno de la no televisación del juicio es irrevocable". Además, la Corte de Justicia advirtió que no intervendrá en este tema.
Se calcula que la declaración de más de 280 testigos llevará a que el juicio se prolongue por unos cuatro meses. Los testimonios comenzarán recién el martes 19 del actual, pues si bien la apertura del proceso está anunciada para el viernes 15, a las 8.30, esa jornada estará destinada a las formalidades propias del inicio del debate.
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