
Televisión: la escuela más poderosa de hoy
Los expertos dicen que la TV ejerce una gran influencia sobre la educación; al completar 12 años en las aulas, los jóvenes argentinos han pasado 16.000 horas frente a la pantalla.
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No hay dudas de que la televisión es un poderoso instrumento de socialización, una "ventana al mundo" que pone en contacto a las personas con información, noticias, espectáculos y estilos de vida de los lugares más alejados.
"Es preciso reconocer que la más influyente escuela actual no tiene su sede en las aulas, sino en la intimidad del hogar, frente a la pantalla", dice Guillermo Jaim Etcheverry, ex decano de la Facultad de Medicina de la UBA. A su entender, la introducción masiva de la televisión ha ejercido una gran influencia sobre la forma en que nos educamos, y ha sido tan trascendente, que representa la tercera gran revolución de la educación occidental, después de las producidas en la Atenas del siglo V a. C., cuando se pasó de la cultura oral a la escrita, y en la Europa del siglo XVI, cuando se inventó la imprenta.
En la Argentina, las estadísticas revelan que el 97 por ciento de los hogares posee, cuanto menos, un aparato de tevé y, según un estudio realizado por la filial local de Total Research en 1998, los chicos le dedican por día 4 horas 20 minutos, según mediciones realizadas en Capital, Gran Buenos Aires y cuatro provincias argentinas.
Y aunque las propuestas de programas musicales, de entretenimientos, de viajes, culturales y científicos, están ampliamente distribuidos en la programación local -sobre todo a través de las 125 señales de cable que llegan a la Argentina- el rating favorece ampliamente a la llamada "televisión basura", donde la procacidad, el doble sentido, los engaños, los insultos, los lagrimones y las tramas retorcidas, hacen añorar los tiempos en que se puso de moda decir que el cuento de Caperucita era dañino para las mentes infantiles.
Así como la vemos hoy, parece difícil contar con la influyente y todopoderosa televisión a la hora de intentar cambiar nuestros defectos de convivencia social.
En esto coincide Sara Shaw de Critto, presidenta de la Fundación Televisión Educativa (FundTV), para quien la tevé refuerza los problemas existentes en la sociedad, desprecia ciertos valores y potencia elementos disfuncionales como el atropello, la burla y la discriminación.
"Si exaltamos la violencia, el maltrato, el desprecio por el otro, la avivada, como valor, como motivación y como entretenimiento, estamos invitando al público inconscientemente a adoptarlos. Si un acto violento es observado por una persona, una sola vez, quizá no sea imitado. Pero si es exhibido ante millones de personas repetidamente, las probabilidades de que muchos adopten esas actitudes y conductas, aumentan. Se va creando así un ambiente, un clima en la sociedad, que las hace aparecer como naturales, deseables, legítimas e, incluso, inevitables", dice.
En este sentido, la televisión actual está bastante lejos del ideal expresado por Critto. Por el contrario, lo que se ve todos los días en la pantalla es que, para ganar el favor del espectador, los programas buscan complicidad a través de la vulgaridad.
Las investigaciones más recientes dicen que, al completar 12 años de educación, los jóvenes argentinos han mirado 16.000 horas de televisión, con una alta cuota de mensajes que apuntan al facilismo, al exitismo y al perpetuo entretenimiento.
Jaim Etcheverry dice que el espectáculo televisivo constituye un verdadero currículo, es decir, un sistema de información diseñado con el propósito de influir, enseñar, entrenar la mente y el carácter de la juventud. "Como la televisión actúa de modo permanente, ha competido tan exitosamente con el ámbito escolar que, prácticamente ha terminado por anularlo", dice.
Según una encuesta realizada en 1998 por el Instituto de Investigación Observatorio Urbano, el 97 % de los docentes de la ciudad de Buenos Aires está de acuerdo con que existe una crisis de autoridad en la sociedad. Un 75 % opina que esta crisis se debe a la existencia de padres demasiado permisivos; un 65 % ubica como causa la existencia de modelos equivocados, y un 62 % menciona la influencia de los medios.
Los expertos sostienen, por ejemplo, que la televisión refuerza la conducta de aquellos que tienen una propensión a los comportamientos agresivos, al uso de drogas y otras adicciones, la iniciación precoz en la sexualidad, la tendencia al aislamiento, a la inseguridad y a la ansiedad.
Alejandro Grimson, antropólogo de la comunicación, alerta en el sentido de que la TV sea utilizada como chivo expiatorio de problemas que tienen un origen social que la trasciende. "Es más el producto de una cultura que auténticamente productora de transformaciones ella misma", dice.
"Actualmente -agrega- la televisión y otros medios de comunicación están sujetos exclusivamente a las leyes del mercado y éste no se caracteriza por establecer políticas culturales o por alentar ejemplos de civilidad, de urbanidad, sino, en todo caso, lo que intenta es y obtener ganancias."
Grimson advierte contra el peligro de caer en estereotipos antitelevisión y le reclama al Estado una programación creativa, capaz de competir con los canales privados desde una posición diferente.
"Y frente al riesgo de que el Estado no lo haga, o lo haga mal, hay que fortalecer la educación pública y formar audiencias críticas como una salida a largo plazo."
Sara Critto no excusa de ninguna manera a los canales privados. "La televisión es una industria que no se rige como propiedad privada, ya que los empresarios son sólo licenciatarios que dependen de una licencia estatal para operar y, además, atraviesan espacios públicos como son las calles y el aire. Por lo tanto, tienen que cuidar los contenidos de sus programas con mayor responsabilidad por la calidad", concluye.
El impacto de Internet, el nuevo enigma
¿Cómo afectará el uso de Internet a las generaciones actuales y futuras? ¿Cuántas horas se conectan los navegantes locales? En la Argentina, según la consultora Prince & Cooke, el usuario típico de la Red se conecta 5 horas y 30 minutos por semana y el 15 % del total, más de 15 horas.
Adictos a la Red: en los Estados Unidos, un estudio que se realizó en 1999 (a partir de una investigación on line de ABCNews) reveló que hay 11 millones de personas adictas a la Web. Los resultados, desataron un debate: ¿es esa adicción un desorden psicológico en sí mismo o un síntoma de otro tipo de problemas?
Web v. TV: una investigación de la firma norteamericana Roper Starch indicó que el 63 % de los chicos de entre 9 y 17 años prefiere navegar en la Web a mirar televisión; y el 55 % prefiere usar Internet como medio de comunicación en lugar del teléfono.
Impacto educativo: una investigación de la consultora Dun & Bradstreet, señaló que el número de universidades que ofrecen carreras on line se duplicó el año último. En los Estados Unidos, el 70 % de los establecimientos ofrece algún tipo de educación a distancia, desde grupos de estudio a lecturas on line.
Alta exposición
- Peligro: para los especialistas de la Fundación Televisión Educativa (FundTV), los espectadores están expuestos a situaciones de violencia, a un lenguaje objetable, a una visión irreal del mundo y a imágenes confusas y contradictorias.
- Los más chicos: la propaganda comercial -continúa FundTV- fomenta el consumismo indiscriminado, especialmente en los niños que no están maduros para distinguir las bondades de los productos.
- Consecuencias: la televisión invade a las personas con sus imágenes y mensajes, imponiendo formas de pensar, valores y actitudes en forma imperceptible y gradual; también refuerza los problemas de la sociedad.
- Costumbre: ante la falta de reacción de las audiencias frente al mal gusto y la procacidad -agregan los especialistas de FundTV-, los responsables de los programas suelen subestimar la capacidad de los televidentes, suponiendo que se les puede ofrecer cualquier programa, aunque sea de pésima calidad.
Muchas horas
En la Argentina, el 97 por ciento de los hogares posee al menos un aparato de televisión, según un estudio que realizó la filial local de Total Research, hace dos años. Por día, los chicos pasan 4 horas y 20 minutos frente a las pantallas.
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