
Test de drogas a conductores: ¿qué pasa con las sustancias legales recetadas?
Según datos de la Universidad Maimónides, en el país al menos 19 millones de personas consumen medicamentos que contienen compuestos prohibidos por el nuevo Código de Tránsito porteño; la ciudad asegura que los controles sólo detectan altas dosis
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A una semana del inicio de los nuevos controles a conductores porteños para detectar si consumieron drogas, toma fuerza un debate sobre las sustancias legales prohibidas por el nuevo Código de Tránsito local: ¿Qué pasa con las personas que consumen fármacos por prescripción médica?
El grupo de medicamentos legales vedados incluye las benzodiacepinas, que integran muchos de los tranquilizantes recetados por psiquiatras (comercialmente vendidos como Rivotril y Alplax) y los opiáceos (narcóticos), que forman parte de las sustancias (como la morfina y la codeína) con las que se elaboran algunos jarabes.
Según un estudio elaborado por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi), la ingestión de dosis bajas de medicamentos con benzodiacepinas no provocan cambios en la conducta que afecta directamente al manejo, pero las dosis altas pueden generar somnolencia, confusión, mareos, sedación, dificultad en la coordinación, fatiga ocular y visión borrosa.
En medio de la polémica instalada, fuentes de la Dirección de Seguridad Vial indicaron que las pruebas, que incluyen tests rápidos de saliva y de dilatación de pupilas, sólo dan positivo ante la presencia de dosis elevadas de drogas legales.
"El nivel de corte del dispositivo es alto y roza con la intoxicación. Las personas que consuman psicofármacos habitualmente no van a tener ningún problema porque las pruebas se manejan con umbrales altísimos, no con el consumo de una unidad por día", señalaron a lanacion.com.
"Los controles registran entre 6 y 8 horas después de haber consumido el medicamento", añadieron.
El mapa del consumo legal. Las cifras sobre el uso actual de remedios recetados en la Argentina vuelve aun más vulnerable el escenario en el que se instrumentan los operativos que realizan los agentes de tránsito.
De acuerdo con un informe de 2010 publicado por la Escuela de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Maimónides, en el país ocho millones de personas consumen psicofármacos, seis millones toman antihipertensivos, tres millones ingieren antialérgicos y dos millones usan analgésicos narcóticos.
Al ser consultado sobre la magnitud de los efectos de los fármacos y su relación con la conducción, Marcelo Peretta, presidente del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos y director de la Escuela de Farmacia y Bioquímica de esa universidad aseguró que es necesario contar con un trabajo integral del lado de la prescripción.
"El farmacéutico debería alertar a los pacientes que si consumen psicofármacos, antialérgicos, antiepilépticos y antihipertensivos mayores está contraindicado conducir", advirtió a lanacion.com .
Los mismos médicos, según establece la Ley Nacional de Tránsito 24.449, tienen la obligación de informar cuándo un medicamento tiene incidencia negativa en la capacidad de conducción.

Sin embargo, el panorama se torna más complejo al comprobar que en la última década aumentó la automedicación. Las cifras que maneja la universidad revelaron que en el año 2000, 1 de cada 2 personas (dos millones) incurría en esta práctica, cuando hoy lo hacen 8 de cada 10 (ocho millones).
Los estudios precisaron, además, que entre el 8 y el 10 por ciento de las víctimas de accidentes viales se encuentra bajo los efectos de estas drogas.
Por eso, solicitaron a la Anmat que los envases de los remedios que afecten la capacidad de manejo lleven la leyenda de "Prohibido conducir".
Fuentes de ese organismo confirmaron a lanacion.com que evalúan por estos días la propuesta.
Sustancias ilegales
Los dos primeros casos positivos del operativo , uno de cocaína y otro de éxtasis, se registraron durante la madrugada del domingo pasado en Costanera Norte.
De acuerdo con el estudio del Cesvi, la cocaína y el éxtasis generan desinhibición, euforia y comportamientos impulsivos. Los que las consumen interpretan los riesgos con un nivel menor al real y sufren de ilusiones ópticas y visión borrosa.
La marihuana provoca relajación y desatención al conductor. La persona pierde la percepción del tiempo y espacio, no se concentra en su tarea, y disminuye su capacidad de precisión en las maniobras.





