Topadora o Uber: ¿Qué tipo de padre o madre sos?

Waldorf
Waldorf Crédito: Ilustración Javier Joaquín
El avance de la tecnología y las exigencias diarias desafían a los adultos al momento de formar a los hijos; además, según los expertos, los enfrentan a otros modos de educar alejados de los estereotipos de paternidad tradicionales
Evangelina Himitian
Soledad Vallejos
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8 de diciembre de 2019  

"Activame ya la localización. ¿Por qué apagaste el GPS? ¿Dónde estás?". Sofía Amarante perdió completamente la compostura, en la oficina y de espaldas a una reunión con clientes. Cuando su hijo Santiago, de 15 años, apareció en línea en WhatsApp, Sofía pidió disculpas, se dio vuelta y lo llamó. Empezó hablando en susurros, pero a los pocos segundos estaba hecha una fiera y todos sabían lo que estaba sucediendo: desde la mañana, Santiago no daba señales de vida. Había quebrado el acuerdo familiar de compartir la ubicación cuando salía de casa.

El acceso a la tecnología; las más modernas teorías de apego y crianza; la vida de los adultos tomada por la agenda de los hijos, al extremo de no tener una vida propia más allá de la familiar; la sobrecarga de actividades y talleres -"que haga un deporte en equipo, algo artístico, que aprenda chino"- y el mandato de ser exitosos en lo que hacen están cambiando las reglas entre padres e hijos.

La forma de paternar de la nueva generación, esto es, de ejercer la función parental, dio a luz nuevos modelos de crianza. Ni buenos ni malos. Lejos de los estereotipos del pater familias, de las madres permisivas y culpógenas o de papás y mamás compinches, los modelos actuales entran en pugna con otras formas de crianza, y se desata una batalla semántica sobre el verdadero sentido de los vínculos. De lo genuino, de lo exitoso, de lo fallido... En definitiva, ¿para qué deberíamos prepararlos? ¿Para la felicidad? ¿Para tener éxito? ¿Para la autonomía?

"Muchos padres tienen la ilusión de que sus hijos no sufran. De ahorrarles penurias. Guardan el recuerdo de sus propias dificultades y eso los impulsa a allanarles la vida", dice Pedro Horvat, médico psiquiatra y especialista en vínculos, que sin catalogarlos hace una breve descripción de los hiperpadres. Ese tipo de modelo que, para Adriana Ceballos, orientadora familiar y coach ontológica, impide que el hijo se desarrolle de manera autónoma. "Lejos de buscar la felicidad o de generar autonomía, apuntan al rendimiento, a las metas y a los logros", señala.

"Hay padres que generan dependencia en sus hijos y les cuesta afrontar los desafíos que la vida demanda. Desdibujan la función parental. Se exigen mucho en su función y también al hijo. ¡Hay mucha ansiedad para que los hijos triunfen! La crianza, en lugar de ser un hecho natural y artesanal se ha convertido en muchos casos en un trabajo de management, en la que el hijo se gestiona y la paternidad se administra", dice la especialista española Eva Millet, autora de los libros Hiperpaternidad e Hiperniños. "Este es un fenómeno de clases medias y altas y que, como está sucediendo en la sociedad, cada vez hay una mayor polarización: por un lado, más niños pobres, desamparados y sin recursos. Por otro, más niños hiperestimulados, hipervigilados, hipersupervisados, hiperconsentidos e hiperprotegidos", agrega.

Mónica Cruppi, miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), introduce un concepto que entre colegas denominan como el de los padres suficientemente buenos. "Es decir, aquellos que pueden brindar amor, contención, poner límites y que permiten a sus hijos desarrollarse. También le ofrecen seguridad, cuidado y disposición emocional. Sobre todo, diálogo y, algo más fundamental, tienen en cuenta el tiempo interno del niño con relación a la adquisición y desarrollo de sus capacidades", dice.

Cada modelo de maternidad y paternidad, coinciden los expertos, nace como forma de dar respuesta a un paradigma de época. A su vez, entrañan en sí mismos nuevos dilemas, futuros interrogantes que luego deberán enfrentarán las siguientes generaciones.

LA NACION, junto a los especialistas consultados, elaboró una lista de padres y madres que, sin el objetivo de ser taxativa, busca reflejar características comunes.

Una tipología para identificarse

Helicóptero

Helicóptero
Helicóptero

Los hiperpadres tienen un rasgo universal que los define: sobrevuelan como helicópteros por encima de sus hijos para protegerlos todo el tiempo. No los dejan tomar decisiones solos y tienen muy alta la expectativa sobre los logros de sus pequeños, que se renuevan en cada etapa de la vida.

"Son padres que se exigen mucho en su función y que también le exigen al niño, lo que provoca a largo plazo inhibiciones en el pequeño -señala Cruppi-. También son padres bastante invasivos, que no permiten el espacio suficiente para que el chico desarrolle su potencial".

Son hiperpresentes. "El control y cuidado excesivo no solo asfixia, también empobrece -explica Haydée Giqueaux, psicopedagoga y asesora del proyecto Había una Vez, una aplicación de audiocuentos-, y sugiere que en el origen de este modelo hay varias causas a tener en cuenta, como experiencias abandónicas, descuidos y temores.

Uber

Uber
Uber

Llevan y traen a sus hijos, y muchas veces a los amigos de sus hijos también, a todos lados. La hoja de ruta arranca bien temprano, para acercarlos a la escuela. Pero sigue por la tarde, cuando hay que coordinar horarios entre hermanos según las actividades de cada uno para llegar a tiempo a todas partes.

Suelen quejarse de que casi no tienen vida propia, pero siguen al volante. Acorde con la oferta actual, ya no se teje ni se charla con otros en los tiempos muertos de espera. Se mandan mails o se aprovecha para avanzar en la pantalla del celular con la serie del momento.

El problema de estos padres y madres, según Cruppi, es que están pendientes cien por ciento de la vida de sus hijos en detrimento de la propia. "Hay una necesidad de generarse más obligaciones de las que la crianza tiene. Viven agotados, y producen en sus hijos comportamientos egoístas y demandantes", señala.

"Coacheado"

"Coacheado"
"Coacheado" Crédito: Ilustración Javier Joaquín

No son esos padres o madres que pretenden evitar el fracaso de sus hijos ni los golpes de la vida. Pero la idea es que "fracasen bien", que sean resilientes, que no se tomen las presiones de la sociedad de manera tan estricta.

Desde la mirada de Ceballos, sin embargo, el coaching es una disciplina que se está imponiendo en todos los ámbitos. "Desde la introspección, a lo familiar y laboral, donde la escucha es clave". Ceballos observa una mayor cantidad de padres y madres "coacheados", que focalizan en las emociones de sus hijos, "en el ser". Se trata de un modelo basado en la palabra, en conversaciones. "En preguntas que apuntan a que el hijo encuentre dentro de sí mismo la respuesta", dice la especialista en familia. El padre coach, agrega, "se siente poderoso frente a su hijo, con lo que se minimiza o desaparece lo que llamamos control, algo que colabora para que los chicos puedan tomar decisiones propias".

Comando a distancia

Comando a distancia
Comando a distancia Crédito: Ilustración Javier Joaquín

El ojo tecnológico reemplaza en ciertas ocasiones la mirada. Madres y padres que dependen de cámaras, la ubicación del celular, los relojes con geolocalización para saber de sus hijos y hasta compartir tiempo con ellos. A la larga, opinan los expertos, se corre el riesgo de reemplazar la función parental por un control parental.

"El recurso tecnológico permite cierto grado de seguimiento dentro y fuera de la casa, incluyendo lo que los chicos ven y buscan en internet y en las redes sociales -señala Horvat-. Intenta ser una suerte de vigilancia en aras de la seguridad, pero bordea siempre una zona de intromisión voyerista en la intimidad del hijo". Y agrega que cualquier adolescente sabe cómo burlar esos controles: "Se olvida en estos casos que la tecnología puede decir cuándo, dónde y con quién. Pero no contesta la pregunta central: por qué. Algo que solo se descubre con el diálogo".

Topadora

Topadora
Topadora Crédito: Ilustración Javier Joaquín

Van por la vida delante de sus hijos para allanarles el camino, quitando cualquier obstáculo para facilitarles las cosas, para que no se frustren. "Cuando los chicos conviven con padres topadora, crecen sin tomar sus propias decisiones, y se establece una autoestima fallida", dice Ileana Berman, especialista en crianza y familia.

Estos adultos suele arrancar su carrera desde temprano, en la primera infancia, y sostienen su esfuerzo hasta la universidad. Como el escándalo que retrató The New York Times, que tuvo como protagonista a un grupo de hombres y mujeres poderosos, estrellas de Hollywood, abogados exitosos y ejecutivos de grandes empresas, que habían hecho trampas burdas para que sus hijos entraran a universidades de prestigio, como Yale y Stanford. En algunos casos, se pagaron coimas; o conseguían que otra persona diera los exámenes en reemplazo de sus hijos.

Waldorf

Les preocupa la educación emocional de sus hijos tanto o más que la formal. Les importa que coman sano, que amen la palta, que disfruten comer con la mano y andar descalzos. Que no aplaudan cuando ven una gaseosa, que prefieran la zanahoria a los snacks, que no amen al celular más que a sus padres. Que el apego los haga llegar como por un tubo con éxito hacia la vida adulta.

"Representan una forma alternativa de hiperpaternidad", compara Millet. Y completa: "En el fondo, esta crianza alternativa, natural, lo que hace es transmitir determinados inputs para que el niño sea más sensible, más ecológico, virgen de pantallas y que solamente ingiera alimentos orgánicos".

Para los especialistas, es uno de los modelos que está cada día más vigente. Una tendencia que convierte a la crianza en un trabajo de management, en el que el hijo se gestiona, prácticamente como si fuera un producto.

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