
Tragos y drogas, dentro y fuera del boliche, para animar la salida
Los jóvenes se juntan antes de ir a bailar para tomar cerveza o bebidas blancas
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Aún es temprano: el reloj marca la 1.45. Las chicas se "producen". Poco maquillaje, un jean o una pollera corta. Una remera confeccionada para exhibir alguna parte del cuerpo: panzas planas, hombros angulosos. Los varones parecen más preocupados por el peinado que por la indumentaria. Bueno, no todos. Están los que se visten con indiferencia programada.
Todos salen en grupos y se acuestan cuando el sol ya está alto. Algunos prefieren ir a tomar algo a un bar antes de entrar en el boliche; otros se juntan en una casa para empezar a tomar alcohol por menos plata, o compran cerveza en los quioscos y se sientan en las plazas y veredas, cerca de los locales.
Un grupo de jóvenes, de entre 17 y 20 años, llega en bicicleta a una plazoleta, en el cruce de las calles 8 y 43 de la ciudad de La Plata. Uno saca una bolsita del bolsillo, hace un hueco con la mano y vuelca el contenido adentro. Le alcanzan un pequeño rectángulo de papel de arroz y allí coloca la marihuana recién picada.
A pocos metros, Luis y Jorge, de 16 años, y Agustín, de 19, se sentaron cerca de un quiosco que vende cerveza. "No queda otra opción -dice Jorge-. En Capital todavía hay muchos locales cerrados y acá hubo varias clausuras; así que no queda otra que estar en la calle."
Aunque existen varias leyes que prohíben la venta de alcohol a menores y después de las 23, muy pocos son los que cumplen con las normas.
Hay quioscos que venden alcohol y son los más concurridos.
Paliar la resaca
En uno de los boliches más concurridos de Quilmes, Gisel, de 18 años está dispuesta a bailar y tomar toda la noche, aunque a las seis de la mañana tiene que entrar a trabajar en una estación de servicio de Florencio Varela. Lleva una remera blanca con los hombros al aire y un jean bien ajustado.
Como en el boliche nunca se priva de tomar alcohol, por las mañanas no le queda otra posibilidad que ingerir litros de café para eliminar la resaca. "Si no me la banco ahora, ¿cuándo voy a vivir? Apenas tengo 18", dice.
En 1996, Gisel y muchos de los que están cerca de ella tenían 10 años, por lo que no sabe lo que es ir a bailar sólo hasta las 3 de la madrugada.
Es que ese año, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, limitó el horario para eliminar la "cultura de la noche".
No pudo. Dos años después, nadie cumplía la norma.
Los que van al boliche llegan en auto propio o en remís. La entrada tiene distintos costos. Hay promociones y los valores van desde los 4 pesos hasta los 12 pesos.
Las bebidas que ingieren son variadas: cerveza, fernet o vermut. También se inclinan por los cócteles, como el daiquiri, o cualquier mezcla inverosímil preparada por los barman.
Se inventan tragos gigantes que son colocados dentro de una galera de plástico, con mucho hielo y tres o cuatro pajitas para tomar en grupo.
Nadie sabe cuál es el contenido de los tragos, pero lo toman igual. Uno parece haberse convertido en la vedette del momento y es una mezcla de bebidas energizantes con alcohol.
La noche avanza bajo luces iridiscentes y estroboscópicas, que encandilan las miradas perdidas por el alcohol.
Un humo denso impregna la ropa y seca las gargantas. "La música electrónica no me gusta, pero me fumo un par de «fasos» antes de entrar y después me aguanto cualquier cosa", dice Martín, de 22 años, y agita un vaso que tiene una bebida energizante con vodka. Por algún motivo, el vaso no se le cae.
El gerente del boliche dice que una de las primeras cosas que trataron de erradicar del boliche fueron las drogas: "Hay fuertes controles. Si encontramos a alguien con drogas, no entra más". Pero Martín entra siempre y Axel, también. Axel mide 1,90 metro y cuando se le pregunta la edad, responde: "Si te digo cuántos años tengo, me tienen que sacar del boliche".
Finalmente, reconoce que sólo tiene 16, aunque no lo parezca. "Lo que más me gusta de la noche es escabiar y fumar porros", cuenta. Y dice que en algunos bares o boliches hay lugares habilitados para fumar marihuana. "Los patovicas ni se acercan. Por ejemplo, en la costanera de Quilmes, vamos a uno que tiene una carpa afuera y ahí está todo bien."
En esos lugares está habilitada la venta de alcohol, pero según la ley provincial 11.825 deberían dejar de vender una hora antes del cierre del local. La reglamentación no se cumple.
La noche va llegando a su fin cuando el sol comienza a asomarse por los ventanales. Pero todavía no es hora de ir a dormir. Sólo son las 6 y los cuerpos, después de tanto desgaste, piden comida. Afuera, la mañana huele a choripán. De esos que tienen mucha grasa.




