
Tres madres
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En mi madre vi un ejemplo a seguir. Vinimos a la Argentina, mi madre, mi padre y yo, una nena, en 1948, desde detrás de la fatídica Cortina de Hierro, sin saber el idioma ni las costumbres de esta tierra que era, en el convulsionado resto del mundo, una promesa de todo lo bueno.
Por supuesto nos nacionalizamos los tres. De mi madre y mi padre aprendí el tesón, la férrea voluntad de sortear dificultades y vivir una vida digna.
Cuando yo fui madre aprendí lo que es la experiencia de amar con toda el alma a dos niños, luego adultos, que son parte de mí, pero también otras personas distintas que hay que respetar.
Y en mi hija veo a una mamá pujante, pero solícita, con nuevos y mejores estilos de comunicación con sus hijos, mis queridos nietos. Y sé que para mi madre, para mi hija y para mí, ser madre fue y es lo más grande que hay.
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