
Un almacén de aromas y colores exóticos
Julio Celiz LA NACION
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Transitar por sus calles provoca la fantasía de estar en un suburbio de Pekín, pero estamos en el Barrio Chino de Belgrano, elegido por cientos de visitantes cada fin de semana. La inmensa mayoría lo hacen empujados por la gastronomía o para abastecerse en alguno de los cuatro supermercados con productos únicos que hay en la zona.
Es que, a la hora de comer, la propuesta es muy variada: hay pequeñas cantinas de comida al paso, con pocas mesas y en general con clientela oriental, donde conejos y patos laqueados en salsa de soja se exhiben en vidrieras como un manjar. También se vende chorizo chino de cerdo, tempura de pescado y verdura, calamar crocante y garras de pollo o gallina. Los olores penetrantes se hacen sentir, pero es cuestión de acostumbrarse.
En los restaurantes, los chop suey , chaw fan y chaw mien , carnes y mariscos salteados, arrolladitos primavera, buñuelos de camarones y fideos de arroz son moneda corriente. No faltan el aceite de sésamo, el vino de arroz y mucho más. El listado de locales gastronómicos incluye, entre otros, a Todos Contentos, Palitos, Dragón Porteño, Hsiang Ting Tang y China Rose. Con todo el toque oriental, BuddhaBA es otro clásico. Sus habitués destacan la gama de tés, el espacio al aire libre del segundo piso y un plus: la galería de arte, amenizada siempre con música instrumental que seda el espíritu.
Las góndolas de los supermercados, colmadas de productos chinos son un paseo en sí mismas, aunque sea para curiosear. Desde los ultraconocidos rolls de sushi (con atún, salmón ahumado, kanikama y otros) hasta pulpo disecado, arroz de varias clases, leche de soja, algas, latas de postre de maní, vino chino para cocinar, cervezas chinas, botellas de sake, dulces...
Lo natural es un imán para muchos. Se consiguen pimientos de todos los colores, frutas secas, harinas varias, hongos, hierbas aromáticas y sushi preparado para comer en casa. Uno de los mejores y pionero en el barrio es Casa China, instalado a mediados de los 80.
Para los que buscan un contacto más espiritual, el templo budista Chong Kuan -Montañeses 2175- es el lugar indicado. Tiene una imagen dorada de Buda que impacta. Para ingresar es obligación dejar el calzado a un costado. Los domingos, a las 14, se oficia una ceremonia con acceso libre. En el mismo edificio se organizan clases de meditación, cursos de caligrafía, kung-fu e idiomas.
Pero en nuestro China Town, que en los últimos años también empezó a recibir el nombre de Barrio Oriental por la llegada creciente de comerciantes de otras nacionalidades asiáticas, hay que animarse a revisar. En la galería de Arribeños al 2100 un local tiene las paredes forradas de revistas de cómics orientales y novelas. En otro se consiguen DVD de películas chinas. En los bazares cuelgan las tradicionales lámparas de papel rojo y los gatitos de la abundancia no dejan de saludar, junto a dragones y tortugas. Farmacias, salones de belleza, masajes y acupuntura completan un panorama en el que el chino, tanto en la cartelería como en la forma oral, le gana la pulseada al castellano.



