
Un amante de los coches viejos vive en Isla Verde
En el sur cordobés, Libero Biondi atesora joyas mecánicas
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ISLAVERDE, Córdoba.- El Rolls Royce circula por las calles del pueblo y aunque la gente lo conoce de memoria no puede evitar mirarlo. Su parrilla, tan característica, avanza como el mascarón de proa de una vieja goleta inglesa y, a su paso, el motor deja un sonido inconfundible para los que saben de bielas y de cilindros.
Es un modelo 1931, convertible, de un suave color claro. Es uno de los principales representantes de la lujosa historia del automovilismo. Esa que apasionó a los hombres.
Del lado derecho y timoneando el manubrio de madera va el orgulloso comandante. Un hombre de 75 años que tiene a su cargo una flota propia de autos antiguos difícil de igualar, deslumbrante e impensada en el galpón de un pueblo como éste, de sólo 3500 habitantes.
El piloto es Libero Biondi. Un aviador que fumigó campos durante más de 10.000 horas y que cada vez que bajó del cielo para dejar el aeroplano en el hangar corrió hasta la cochera y se subió a alguna de sus otras y queridas máquinas. Esos aparatos de cuatro ruedas que fueron la inversión de su vida y que no estuvo destinada a ganar plata, sino a llenar su corazón de pura satisfacción.
"Me pongo de novio"
Libero, quien llegó hace 72 años de Italia y que se define como un "isla- verdense" y argentino vive en un romance permanente con todos esos fierros :"Veo un auto viejo y me pongo de novio. El ruido de sus motores me hace palpitar. Encenderlos, ¡es como arrancar la vida!" Con esas palabras, Biondi demuestra lo que es su amor insuperable.
Todo comenzó con un Ford T y hoy, en el galpón, Biondi tiene 25 autos restaurados y diez más en camino de quedar listos si la plata se lo permite.
No vende ninguno. Es que los romances sólo están en venta en las novelas. Camina y habla de cada una de "las novias" que hay en su maravilloso harén.
Sin duda, el auto insignia es el Rolls, pero se puede ver mucho más. Por ejemplo, un Buick de 1926 con transportines que se caracterizó por su velocidad. Un Ford T de competición de 1914, otro de 1915 y una galera de la misma marca, de 1916.
Una docena de cilindros
Pasa por otros años de la historia de las máquinas y se detiene en 1941, frente a un Lincoln Continental empujado por una docena de cilindros que en su época resultó un lujo para los que tenían una buena suma de billetes para poder adquirirlo. Hoy lo sigue siendo. Todo un símbolo de una época glamorosa de automovilismo norteamericano.
Sus pasos lo vuelven en el tiempo y se detiene frente a un Fiat carrozado Bugatti. Se trata de una cupé convertible de 1910. "Sólo destaque el nombre -le dice al cronista-; con mencionar a Ettore Bugatti es suficiente."
Por allí aparece un Studebaker de competición, modelo Presidente (1924), y un Chevrolet del mismo período "que no le va en zaga".
En el fondo del galpón impresiona una carroza fúnebre, armada sobre un Cadillac de 1937, y de once años más atrás aparece un Chrysler Imperial de un espléndido color bordó que alguna vez, se cuenta, trasladó a don Hipólito Yrigoyen.
"Como en toda colección, cada uno tiene su historia. El gusto es simplemente poder usarlos, salir a dar una vuelta. Sacar estos autos de la chatarra y la destrucción para mí es un gran placer", dice Biondi, quien no se considera un restaurador, aunque para la gente sí que lo es.
Siguen los sueños
En el frente de la barraca hay un viejo surtidor mecánico de la YPF que es otro de los símbolos: "Quiero terminar de acondicionar todo esto para llamarlo El Galpón del Automotor Antiguo". Piensa en otras cosas que aún debe concretar y no resulta complejo adivinarle el sueño: en el galpón falta el Ferrari.
Es inevitable hablar del italiano Pininfarina, del automovilismo argentino, de su industria y de que hace diez días se cumplieron 30 años de la hazaña de los Torino en Nürburgring: "Tuve un Torino. Fue para mí otro sueño, un vehículo que me llenó de satisfacciones. pero bueno, ahora lo mío son los autos más antiguos".
Todavía, Libero, quien comenzó volando con un Luscombe, se sube a sus aviones para probarlos o por placer. Compara las cosas: "Son mis dos pasiones".
Enseguida pone en marcha su Rolls. La respuesta es inmediata. La maravilla que no tiene precio comienza a rodar con elegancia y así vuelve al galpón de Isla Verde, en donde, como si el tiempo no hubiera pasado, vive una parte del automovilismo antiguo.





